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viernes, 14 de marzo de 2014

COMO QUIEN DESPIERTA FANTASMAS

                                                                              I
Anochecía en Manvatará.
En el barrio del alto los mosquitos parecían interminables.

- Nosotros, sus compañeros de la promoción de suboficiales lo buscamos, adentrándonos en la selva, aún cuando sabíamos del peligro, pero nunca nos dimos por vencidos, necesitábamos ver el cuerpo de Cipriano -me dijo el suboficial mayor retirado Eugenio Quiroz, una tarde ventosa en la que lavaba su auto, luego de un día de pesca en el lago Imbuté-. Nunca lo encontramos, nunca vimos ni un pedazo de ropa de su uniforme, nada. Es mentira de ése oficial que dijo que ellos pusieron el máximo esfuerzo por tratar de localizarlo, es mentira. 
También anduvieron los compañeros de Jensen, es verdad.
Y también algunos familiares y amigos del cabo primero estuvieron en la búsqueda, pero lo hicieron en otra dirección, río arriba.  Ellos fueron los que trajeron parte del equipo de Jensen, algunos pedazos de prenda militar, o sea, del uniforme que llevaba manchadas con sangre. Fue así que ellos aceptaron que Jensen murió en la explosión y que fueron despedazados y que gran parte de los cuerpos, supusieron, fue arrastrado por el río o que fueron comidos por las fieras salvajes o buitres. En cambio, nosotros sabíamos de qué madera estaba hecho el negro Tavares, y pensamos que de alguna forma habría sobrevivido. Nunca obtuvimos datos reales de su muerte en aquel combate. Había un oficial, un tal Castro, que hizo cagadas tras cagadas, hasta metió todos los cadáveres de Naranjillos en una fosa común. Mire, había cada uno. 
- El Ejército los dio por desaparecidos en combate.
- En el Ejército lo dieron por desaparecido en acción, si señor. Para mis jefes murió allá. Para mí, anda por ahí, matando a los que se les escaparon, aunque nunca supimos porqué razón todos aquellos que vivieron en Naranjillos, fueron muriendo atravesados por un cúter, .
- ¿Qué hicieron cuando se enteraron del muerto en Altos Moncadas?
- ¿Qué hicimos cuando nos enteramos de que ese tal cúter el acribillado, y si era nuestro ex compañero? Mire, le cuento que formamos una comisión que pidió acceso a las investigaciones que se realizaban, pero encontramos un montón de obstáculos, nos denegaron todos los pedidos y viajamos por nuestra cuenta a esa ciudad de mierda. Las fotos del cadáver eran de una persona irreconocible, no tenía rostro visible, no tenía nada que lo identifique, solo el peinado parecido -hace una seña sobre su cabeza el suboficial retirado Quiroz- Cipriano se peinaba con una raya al costado y usaba bigotes finos. A simple vista parecía él, pero en las fotos se ve un cuerpo despedazado, sin rostro daba la sensación que era él, excepto por un detalle, la cicatriz de la pierna, en las fotografías no sale. 
- Varias personas me hablan de esa cicatriz.
- Así es señor periodista, Tenía una larga cicatriz en la pierna izquierda, no sabemos cómo fue que se la produjo pero siempre la vimos y creemos que por algo, él nunca habló de eso, pero era visible. Debe haberse lastimado en la época en que vivió con los niños expósitos, al morir sus padres, antes de ingresar al ejército, supongo que fue allí que él se lastimó, tal vez con un cuchillo. Para nosotros no era Cipriano aquel cadáver, pero las conclusiones de la Justicia y de quienes lo mataron, los hermanos Barragán, así lo aseveran -decía con un cierto tono de duda-. Es triste saber que haya desaparecido así una persona, muerta con treinta y seis tiros por la espalda. Fuese quien fuese.
- ¿Me puede hablar de la familia de Cipriano Tavares?
No, de sus familiares sabíamos poco, sus padres habían fallecido mientras él no se encontraba en el país, era soltero, mujeriego, bebía, fumaba, jugaba a las cartas, llegaba tarde siempre, contestatario, rebelde, pero buen amigo, gran compañero -hace cuentas con los dedos, mientras pasa el trapo mojado sobre la carrocería del auto- tenía treinta y dos años cuando desapareció en la selva, al cadáver acribillado las autoridades le calculaban unos cincuenta. Sólo los asesinos lo reconocieron. Festejaban haberlo matado, eso es lo que consta en las actas.
- ¿Y qué averiguaron sobre la tal Beatriz Pereda?
- ¿La señora Beatriz Pereda? Así se llamaba, es cierto. Ni idea tenemos de quién podía ser ésa mujer, la dueña de la casa acribillada. Ella fue la que dijo que era un ladrón al principio, pero que ese ladrón tenía una carta para ella, y varios dimes y diretes sobre ella, pero fíjese una cosa, nosotros le conocimos varias de sus amistades mujeres y si es como dicen, que eran amantes, realmente Cipriano había perdido el juicio. No era su estilo de dama. No, no joven, para nada -toma agua y me alcanza un poco, el agua está helada-. Veo que está bien informado, de todos modos ya la historia de Cipriano se contó una vez, hasta dicen que andaba una revistita, pero es cierto, su domicilio fue siempre la unidad militar donde él revistaba. 
- Lograron cobrar el seguro de vida, me dijo Benavídez.
- Es verdad. Cuando logramos que se nos pague a nosotros, que éramos sus albaceas, todos los seguros correspondientes, éstos fueron depositados directamente en la cuenta de una señorita que creo que era la hermana de uno de sus soldados un tal, no me acuerdo el nombre y de apellido Vizgarra. 
- Leopoldo -le recuerdo- 
- Si, ése mismo. Creo que esa es una larga historia, Cipriano era así con su gente. Pero lo que usted no sabe, es cómo se manejaba la burocracia militar. Era terrible en aquel tiempo, pero finalmente y de repente alguien firmó de conformidad y empezaron a efectuarle los pagos a esa chica, pero yo no estaba en eso, yo ya revistaba en otra unidad, en el sur, y me perdí la parte cruel de las gestiones que hicieron mis pocos compañeros que andaban por los escritorios del Comando.
- ¿Les llevó mucho tiempo?
- Así es, después de casi ocho años de lucha, de repente salió todo. Todo lo que solicitábamos, y fíjese usted que casualidad, fue justamente cuando aparecieron los dos cadáveres de los funcionarios de segunda línea acuchillados en la vía pública de la capital. Esos que tenían un cúter clavado en la garganta y los números veintitrés y veinticuatro escritos en los cuerpos. Eran dos maricas comunistas, ¿usted se acuerda, no?
- En realidad, no. ¿Pero él era tan bueno lanzando cuchillos?
- Nunca tuvimos en claro dónde fue que adquirió esa cualidad de cuchillero excepcional, ¿sabe una cosa? pelaba una sandía como si fuese una naranja, a una velocidad increíble. 

   Quiróz me dice además que tiene otras cosas que hacer, que tanto él como sus compañeros de la Promoción de Suboficiales habían decidido redactar y mandar a imprimir cientos de copias sobre una biografía de Cipriano Tavares
- La larga historia de la que hicimos referencia siempre, es ésta. 
Deja de repasar el auto, se seca las manos y me dice que espere, que ya viene. Entra a la casa y sale con unos papeles. 
- Tome guarde -me dice algo cansado, pero sigue hablando-. Cipriano era soltero vivía en las unidades militares donde revistaba y se hacía cargo de los hombres a su mando como si pfuese un padre, vea. En eso nos hacía quedar mal al resto pues nosotros le decíamos que él, al no tener familia, niños que atender, no se apuraba por volver a su casa, se quedaba en la unidad y por la noche visitaba y controlaba a los soldados y a sus subalternos. Hacía un mes que había llegado a la Compañía del Norte. Con los oficiales no tenía buen trato y ellos buscaban tener razones para sancionarlo, por su soberbia, más que nada. Si Usted quiere seguir escuchando la larga historia, se lleva este historial que tenemos cientos de copias para que todos nosotros digamos lo mismo, siempre -me alcanza las hojas blancas, tipeadas y abrochadas-. Guárdelas para que nadie lo confunda con pavadas -toma más agua y sigue con el relato-. Sepa usted que Cipriano Tavares llevaba un control total sobre su gente, hasta era capaz de leerles la correspondencia, antes que el destinatario. Le aclaro -carraspea Quirós-que nosotros le objetábamos todo, pero él solamente nos miraba, sonreía y parecía que nada le importaba, y nos respondía con una frase corta. Nos saludaba siempre asi; "Buena suerte, camarada."  Pero sepa usted que él, haciendo eso, es que se entera que uno de sus soldados iba a ser tío. Parece ser que al soldado Vizgarra, le habían embarazado la hermana. Y era uno de sus soldados seleccionados por la habilidad que tenía con los cuchillos y con las armas de fuego. Cipriano no quería que se enterase, pues decía que "el negro se iba a desconcentrar," eso nos decía, y que ya era tarde para seleccionar otro soldado. Así nos dijo una vez antes de partir y nos dejó algunas instrucciones, en sobre cerrado, por las dudas.
   En realidad no se a ciencia cierta si era un tipo previsor, o un adivino, pero quería a esos dos soldados como si fuesen sus hermanitos menores.
   Así es que dos días antes, él les contestó la carta a los padres del soldado Leopoldo Vizgarra -señala en uno de los papeles- que si el novio de la niña no aparecía más, él se haría cargo. Aún sin conocerla y que su hijo, el soldado, volvería a su pueblo como un gran héroe.

    Llévese una copia de todo esto, hable con quién hable, todos mis compañeros le dirán lo mismo que yo -se vuelve a secar las manos, esta vez en su pantalón-. Hágame un favor -me dice cuando trato de salir apurado, por la hora de la noche, y porque ya estoy pensando en cenar en el hotel-. Hable bien de él. Hable bien de él. Y averigüe este otro dato: Porqué hay dos tumbas con su nombre.
- Eso si que no lo sabía.
-Si -dice y agrega- ¿usted no sabía que hay dos tumbas con su nombre? Están en distintas ciudades. Supimos que adentro hay piedras, solo piedras. Una de ellas está en San Vicente. La otra en el cementerio de la Capital. Buenas noches señor periodista, y en esto de andar despertando fantasmas, le deseo buena suerte.

                                                                              II

El mejor plato que sirven en este hotel se llama ceviche, amigo Facundo Arenas -me dice el señor Yosnar Quispe- Usted que es periodista debiera dedicarse a la gastronomía internacional, ésa será la profesión del futuro. Anote los ingredientes de  este plato exquisito que hice preparar para esta ocasión. Lleva un kilo de filetes de pescado fresco, dos o tres choclos, dos o tres ajíes, mejor no tan picantes los ajíes, veinte limones del tipo sutil, dos camotes grandes, o sea, la batata que le dicen ustedes allá, una cebolla roja grande o métale dos medianas, dos cucharaditas de sal, una de pimienta negra, otra de ají, algunas ramitas de cilantro, dos cucharaditas de ajo molido y ponga algunas hojas de lechuga. Un manjar. 
-¿Cómo se prepara? 
- Mira hombre, tu picas todos los ingredientes y lo pones en el jugo de los limones, lo acompañas con lo que tu quieras.

Cenamos ceviche

En realidad -me dice sin dejar de comer y de tomar cerveza el amigo Yosnar Quispe- aquellos Peremerimbinos eran todos unos fabuladores, mira hombre, no hay mujer que vuele, ni siquiera las brujas -se ríe de su comentario-  yo estoy casado hace treinta años con una de ellas -ambos reimos-.
    Mire -me dice- Peremerimbé existió y el coronel Juan Penerguido también, lo demás es todo cuento, ellos eran de esa clase de gente que tenía mucha fantasía, mucha imaginación, decían que los magos de un circo los había alucinado, y que a través de los años esperaban siempre con ansiedad a esos italianos y turcos locos  para maravillarse con esas tonterías de ver a los chimpancés emborracharse con cerveza y diabluras inimaginables que se les ocurría.
Creo que unos árabes mataron al enano pervertido llamado Didú -llama al mesero, haciendo un chasquido con los dedos- Porfirio, nunca se te ocurra dejar esta mesa sin cerveza, anda trae el segundo plato ahora mismo -se seca la transpiración de la cara y se limpia la boca con la misma servilleta el señor Quispe-.
    Los del ejército dieron por desparecido a ése tal sargento "cúter" Tavares. Le explico amigo, aparentemente ése sargento Tavares murió en la explosión del puente sobre el río Naranjillos, hace cuarenta años atrás. El tal Cipriano Tavares que mataron en Altos Moncadas hace veinte años, era un atrevido buscavidas y mujeriego que seguramente andaba en deudas por cuestiones ajenas a mis principios y atodo aquel que profese el orgullo de ser conservador y nacionalista, hey Porfirio, alcánzame el directorio telefónico -Porfirio el mesero le alcanza un libro bastante gastado de la Compañía de Teléfonos- mire, mire hay en estas provincias decenas de Ciprianos Tavares. Olvídese del asunto, no despierte fantasmas.

Porfirio nos sirve el segundo plato.

-Esto se llama guiso de alcauciles, amigo. La preparación consiste en limpiarlos bien, luego tú le sacas las hojas duras y le vas cortando hasta llegar a los corazones, le blanqueas en agua hirviendo y dejar escurrir y guardas, tú sabes. esto va acompañado con batatas como tú le dices, ajo, aceitunas, cubos de papas y zanahorias.
- Es ceviche de alcauciles.
Lanza una fuerte risotada que altera el salón, se ahoga, tose, Porfirio acude en auxilio de su patrón, le palmea la espalda y me dice luego del susto. 
- Qué ocurrente y gracioso eres pendejo, "ceviche de alcauciles" vuelve a reír y todos los presentes ríen.
- Amigo, esto se llama guisado, te dije. 
Su rostro pareció cambiar, se puso serio y se sirvió cerveza. 
- No pierda tiempo en esta historia, y no se olvide. Dedíquese al periodismo especializado en la gastronomía. Buena suerte.

  
                                                                             III
Porfirio el mesero, me sugirió conocer y escribir esta otra historia, mientras los dos orinábamos en el baño.  
    Teresita Zurita Copertuno fue la primera femenina en suicidarse arrojándose al paso del tren en el valle de Imbuté, según consta en los libros de guardia de la Policía Local, Libro de actas número cinco, folios treinta y uno, treinta y dos y treinta y tres, de aquel año siniestro. 

    La recordaba así su tía doña Ernestina Chacón viuda de De León, mujer que supo guardar durante todo el tiempo de requisa del gobierno Conservador, papeles relacionados a la historia de la zona de Peremerimbé y de los integrantes de la "Turma Sem Bandeiras" de don Teófilo Cabanillas, donde militaban casi todos sus parientes. 

   Ella me contó algo parecido a lo que ya me había relatado el ex policía detective, don Ricardo Muñoz, que dijo haber tenido en la mira de su arma al auténtico Cipriano Tavares alias "Cúter" pero que no lo pudo matar porque justo ladró un perro y él se dio vuelta y le mostró un estilete y que como dijo más adelante alguien más estaba en el lugar, que se le acercó lentamente y le apoyó el cañón de una pistola en la nuca, y que por eso se las tuvo que entregar y caer de rodillas implorando por su vida hasta que le arrebataron el arma reglamentaria y que pudo ver que le quitaban la munición, que la vaciaban totalmente y que se la devolvían desarmada en todas sus partes. Diez años de seguimiento de pistas falsas y verdaderas a lo largo y ancho de toda sud américa perdidos por el ladrido de un perro vagabundo y callejero, y un puntapié certero de la mestiza Teresa Paniagua. Y también dijo que "Por las sombras que alcanzaba a ver en el piso aseguraba que eran dos los hombres más la mujer de huesos duros que le había pegado en los testículos, los que estaban  en el lugar" -repitió eso todas las veces que pudo, hasta su retiro obligatorio-. 
     Pero siguiendo el relato de doña Ernestina, me voy a detener en sus palabras y copiarlas textualmente, ya que explica a través de este drama, cómo era aquella gente, de costumbres exóticas, y siempre sosteniéndose en su memoria prodigiosa.

    Ella empezó contando la historia de la siguiente manera: 
Teresita de muy niña, se paraba en un cajón de frutas y miraba como su padre se afeitaba, le veía enjabonarse la cara y con asombro miraba como la navaja guiada por una mano experta, se deslizaba de abajo hacia arriba en el cuello y de arriba hacia abajo por la cara, con cierto cuidado y delicadeza entre la nariz y el labio. Ella reía y aplaudía cuando se rasuraba su padre.
Teresita desde el cajón de frutas saltaba y decía que quería volar como las mujeres de Peremerimbé y que a su padre, eso le causaba gracia, mientras la hacía girar a su alrededor tomándola de las manos, y hasta le decía que trepe a los fresnos y que se arroje a sus brazos, cosa que la niña hacía con cierta destreza, bajo la mirada comprensiva de Leonor, que le enseñaba a bailar y cantar las canciones de moda.
Teresita era siempre bañada y vestida como una princesa por su madre, Leonor Chacón, que murió días después de la tragedia de su hija y que a partir de allí, fue que algunos cobardes se fueron entregando a las autoridades, y a dar nombres de otros revoltosos escondidos, pues "Cúter" había vuelto por ellos, y estos traidores del Movimiento, se señalaban entre ellos como los posibles matadores de los soldados Colque y Lizarraga en mutuas acusaciones.

    Pero volviendo a Teresita, le cuento que ella había quedado muda la noche que entraron a su casa Cúter y Jensen. Ese tal Tavares era un hombre común, sin rasgos particulares más que su sonrisa y su habilidad para el uso del cuchillo y Jensen era un rubio, de cabello largo que sacó a  mi cuñado, don Jaime Zurita Copertuno de los pelos hacia afuera sin dejar de apuntar a mi afligida hermana,  Teresita quiso gritar como gritaba su madre  -se pone a tejer con dos agujas mientras habla- pero no le salió más que el aire de sus pulmones, me dijo Leonor.

    Me cuenta que Teresita hizo varios dibujos de lo que ella había visto esa noche, desde la puerta de su habitación, pues a partir del asesinato de su padre, nunca más volvió a hablar. 

    Le quité la navaja de rasurar que usaba su padre, y que tenía en sus manos quietecitas, dormidas y la desperté a la mañana siguiente del funeral. 
Ella abrió los ojos, le dije que se levante, pero no quiso.
Te entiendo Teresita  -le hablé despacio, pasandole mi mano por su largos cabellos negros- y la dejé sola para que suelte el llanto guardado. Mientras que mi pobre hermana Leonor, pensativa, miraba la mariposa negra posada en la luminaria del techo.

    En los dibujos de Teresita, que deben estar por ahí guardados  -dice señalando la casa- aparece un hombre delgado y rubio apuntando con un arma a su madre. 
En otro, dibuja a Cúter agachado sobre su padre, ella hace una gran mancha color rojiza sobre el piso, y en el siguiente dibuja al mismo hombre de sombrero, con una enorme mariposa nocturna en las manos y que hace como que se la entrega a ella, que resalta la sonrisa de éste como una enorme y grotesca medialuna. 
Tiempo después, Teresita dibuja el vuelo de aquella mariposa negra como una gran ave, negra y misteriosa y ella desde la puerta parece observarla, vestida con su ropita de día domingo y un hermoso sombrero de alas anchas y cintas.

    Y en el último dibujo, que le hace a las autoridades que la interrogaron, muestra muchas manchas que fueron analizadas por el equipo de médicos que mandó el gobierno.
Una mancha roja alargada, es su padre. Una mancha verde adentro de un cuadro, es su madre mirando y gritando por la ventana, una mancha rosa adentro de un rectángulo que simula una puerta es ella, parada observando todo. Y dibuja cuatro manchas negras, tres alargadas y una casi redonda, las que se entendieron que eran tres las personas que vinieron a matar a Zurita Copertuno, mientras que la otra, era el policía Ricardo Muñoz, que así lo admitió en el estudio médico posterior que le hicieron, cuando ya estaba instalada esa disciplina de interpretar las cosas que uno dice y piensa. Algunas pequeñas manchas más, como si fuesen estrellas había, lo que señalaba que el crimen fue de noche y arriba de todo, dibuja una extraña estrella negra. La mariposa, dijimos. Allí coincidimos todos.

- ¿Es la mariposa que le regala Cúter antes de irse?
- Así es jovencito, eso mismo les dije a las autoridades cuando me llamaron como intérprete de mi sobrina, ya que mi hermana continuaba con su estado emocional alterado.

    También asegura que Teresita empezó a ir a la escuela y se entendía con los maestros y compañeros a través de pequeños dibujos, hasta que empezó a escribir.

    Recuerda doña Ernestina que su hermana, la madre de Teresita, sufrió un ataque que la dejó postrada en cama hasta su muerte, fue un día en que viajaban ellas dos, en tren y que, entre las estaciones de Altos Moncadas y Manvatará, vieron entre el pasaje a Cúter, al gringo de pelo largo y a la Paniagua  y que por eso Leonor pegó un grito y cayó desmayada y dicen que fue atendida por la presión alta y que dijo antes de morir que el agente detective Ricardo Muñoz tenía razón. Ella los había visto, todavía estaban vivos y persiguiendo a los Peremerimbinos que como su marido, Jaime Zurita Copertuno, habían emboscado y matado a los soldados del sargento Tavares en las cercanías de Naranjillos.

    Mi hermana murió un sábado, preocupada porque su hija no la había visitado el último jueves. No sabía nada de lo ocurrido a su hija, nadie quiso contarle.

    Teresita estaba por cumplir quince años de edad, estábamos listos para prepararle una hermosa fiesta todo el vecindario unido. Ella estudiaba por la mañana y los jueves a la tarde visitaba a su madre enferma en el hospital a la salida de la academia de piano de la señorita Beatriz Pereda, la misma de la casa acribillada, que venía desde la ciudad de Altos Moncadas. Si señor, la misma Beatriz Pereda que dijo que ella no sabía quién era Cipriano Tavares, que nunca había oído hablar de él.

    En el último dibujo de Teresita, que encontraron al lado de las vías del ferrocarril, se ve claramente a una niña vestida de rosa, caminando pensativa, mientras que a su alrededor, parece que vuelan varias mariposas negras, y allá al fondo, perfectamente delineada, ella había dibujado la silueta oscura y amenazante, de la máquina de un tren.  

     La misma máquina que la arrastró cien metros, dicen.
En el lugar del accidente hay una cruz de hierro y un cartel donde, apartando la maleza, se lee claramente "Buena suerte."







Tiene derecho de autor
Copyright 2013
Capítulo correspondiente al libro "CÚTER"
Autor: José Antonio Ibarrechea 
http://diceelwalter.blogspot.com
"PASEN Y VEAN"
diceelwalter@gmail.com
Walter Ricardo Quinteros

3 comentarios:

  1. No me parece bien , entregar capítulos de un libro inédito...para que lo compraríamos despues de haberlo leído gratis? Al ser desordenado leemos cada capítulo como un cuento.Repetitivo, confuso, hilarante. Pero el libro debe tener un final. =)

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    1. No es mi intención que lo compre si lo puede leer aquí, de todos modos ya leyó el final, solo busco que se entretengan con el modo de la escritura. Gracias.

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    2. "Le quité la navaja de rasurar que usaba su padre, y que tenía en sus manos quietecitas, dormidas y la desperté a la mañana siguiente del funeral." Impactante Ibarrechea,

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