TRADUCTOR

domingo, 3 de junio de 2012

VACACIONES

Hubo momentos en que me desesperaba.
Me daban ganas de ir hasta la máquina del tren y pegarle una patada en el trasero al maquinista para que apure la marcha.

Papá me contenía, me decía que esa era la velocidad correcta y que, de acuerdo a los diagramas establecidos, el tren se desplazaba a horario.

- ¡Pamplinas!

Mientras tanto mamá, en su regazo, desenvolvía un sandwich de milanesa y me lo alcanzaba.
Con eso, pensaba en calmar mi ansiedad.
Mientras tanto, de un termo, servía un rico café con leche caliente que yo tomaba mientras miraba a las vacas tristes apretujadas contra los alambrados, para ver de cerca nuestro ruidosos andar.

En algunos pueblos el maquinista hacía sonar el silbato y a grandes bocinazos pasaba de largo por la estación.
La gente en los andenes, la gente parada en los cruces a niveles y otros vecinos, saludaban nuestro paso.

En otros pueblos más importantes, el tipo paraba.
Algunos pasajeros se demoraban en bajar, aumentando mis ganas de empujarlos hacia afuera.
Otros estiraban sus saludos de despedida y remoloneaban a la hora de subir.

Hasta he visto, recuerdo, algunos imbéciles llegar tarde y hacer señas para que los esperen, mientras el guarda, con paciencia infinita, hacía señas al maquinista desde la puerta de algún vagón.

- ¡Canallas!

Yo consideraba que si avanzábamos hacia el primer vagón, llegaríamos antes.
Mis padres acordaron en decirme que me quede quieto.

Les cuento que las manzanas saben deliciosas mientras uno mira por las ventanillas.
De acá para allá se veían los campos sembrados.
Algunas arboledas.
Más campos sembrados.
Varias casas que parecían pequeñas por la distancia.
Otras arboledas más.

Me dormité un poco gracias al ruidito monótono de de los boogies del tren sobre las vías y me desperté.
Completamente feliz, al ver las primeras casas de Santa Fe.

Repasé el lustre de mis zapatos en el pantalón.
Controlé que cada botón de la camisa estuviese ocupando su ojal.
Que mi peinado luciese para la ocasión.

En aquel entonces, mis primas me quitaban el sueño.
Yo no veía las horas de correr hacia ellas y estrecharlas en un gran abrazo.












Ibarrechea

2 comentarios:

  1. Qué chico inquieto!!!! Que hombre adorable!!!! Cuándo vuelve a Córdoba?????????

    ResponderEliminar
  2. Perdón, la señora escritora se lleva este párrafo aparte. Siga así a mi me gusta como escribe... pero y si escribe de Córdoba? Escriben juntos o cómo hacen? A el lo conozco de mucho tiempo. La felicito. Stella Maris.

    ResponderEliminar

El comentario estará sujeto a la aprobación del equipo y su administrador. Gracias.