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viernes, 16 de febrero de 2018

IBARRECHEA: "CÚTER"

CÚTER
Libro Primero

TESTIMONIOS

Uno


- Cuando asesinaron a Don Cipriano Tavares, alias "Cúter" El día se presentaba esplendoroso, Había un sol tenue escondido entre unas nubes remolonas.

- Él era de estatura mediana, bien constituido, parecía de esos tipos que nunca acusan cansancio alguno.

- Si, es cierto, el día estaba cálido, pero había una brisa suave que venía desde las sierras y abanicaba las hojas de los árboles.

- Su tez era de color trigueño, de cabello oscuro, con ondulaciones pronunciadas, tenía ojos marrones, penetrantes y duros que revelaban su temperamento ardiente.

- A esa hora había mucha gente en la calle, como a él le gustaba ver en éste pueblo.

- El tipo tenía expresiones enérgicas, frías. Pero asimismo le daban un carácter simpático y hasta agradable, si se quiere.

- Nadie lo había visto llegar. Ni siquiera fue reconocido mientras caminó las catorce cuadras desde las parada del ómnibus hasta llegar al umbral de la casa de Doña Beatriz.

- Caminaba algo encorvado, con su cabeza inclinada hacia el piso, pero mostraba en sus ademanes, las voluntades que tienen los hombres de acción. Tenía el aplomo de los que saben mandar.

- Tampoco había cambiado tanto su aspecto en estos años de ausencia, en los que le adjudicaron los crímenes simultáneos y semejantes que conmocionaron a toda la región.

- El parecía, cómo decirle, un vigilante perspicaz de las pertenencias ajenas. Era muy bondadoso con las suyas y era dueño de una gran imaginación.

- En la autopsia, le contaron dieciséis orificios de perdigonadas de escopeta, cuatro de una cuarenta y cinco y once de una ametralladora nueve milímetros. Disparados a corta distancia y todos por la espalda.

- El tenía un muy buen talante, era bastante arreglado en sus costumbres, sin inquietudes ni preocupaciones, demostraba que parecía encontrarse en una situación económica arreglada. Bien acomodada.

- El tiro de gracia fue benevolente. Se lo dieron con la cuarenta y cinco. La bala le perforó la mano derecha con la que intentó cubrirse el rostro después de ver a su asesino.

- Acá nunca lo vimos en cosas raras, ni metidos en enredos ni en trampas, menos aun, en cambalaches de mal género.

- El tiro final ingresó por la frente, se estrelló en los mosaicos de la vereda y arrastró en su furia, astillas de huesos, masa encefálica y esa mancha espesa se mezcló con la sangre que había en el lugar.

- Mire señor, él se comportaba sin ceremonias ni formulismos, ¿Entiende? Siempre se mostraba afable y sencillo, dispuesto para cualquier broma, porque créame, él era también un tipo divertido.

- Excepto el tiro final, todos los orificios de entrada de las balas fueron por la espalda, glúteos y piernas. Había uno en el hueco poplíteo que le reventó la rótula y eso fue lo que lo hizo caer de rodillas.

- Él andaba sin engañar a nadie, respondía de todo sin evasivas, amigo.

- Cayó contra la puerta agujereada, totalmente destrozada y ensangrentada de la casa de la Doñita Beatriz. Giró su cuerpo lastimoso vea, y alcanzó a ver quienes lo mataban tan cobardemente.

- Tenía un estilo muy peculiar, muy privativo, se hacía apreciar y se distinguía por lo esmerado y elegante.

- Todo porque afirmaban que él había matado a los cuatro ex guerrilleros, clavándoles un cúter en la garganta, mientras dormían cada uno en su cama y en sus casas y con los fantasmas del pasado puesto por pijama.

- Él tenía una honradez y una integridad admirable. Casi le diría que tenía por cualidad... La pureza de su alma.

- Si, algunas balas traspasaron la puerta de madera, se incrustaron en algunos muebles y otras en las mamposterías. Las paredes parecían picaduras de viruela.

- No, no llevaba armas. Ni de fuego ni blancas a la hora de morir. Pero le cuento, entre sus cosas se le encontró una carta para Doña Beatriz, intacta, sin manchas de sangre ni de haber sido rozada en la balacera.

- Mire, dada su arrogancia, su estirpe y su belleza subliminal. Doña Beatriz, era la menos pensada.

- Ella no estaba en la casa.

- Yo creo que Cúter era de aquellas personas que sabían ponerse a resguardo en las tempestades. Sabía lo que hacía. Acertaba en lo que buscaba.

- En cambio yo opino, señor escribidor, que por sobre todas las cosas, Cúter estaba totalmente subordinado a su  misión. La de vengar. La de matar.


Dos

Consta en el Juzgado: fojas 188,  Tomo 1.
La carta.

Estimada Beatriz:

                          Aquí estoy, con el consuelo de saber que he descansado en tu cama, entre tus brazos. Con el consuelo de saber que supe ser el dueño de tus momentos emocionantes y fiel compañero de tus obstinaciones. Con el consuelo de saber que he caminado el camino más largo para amarte como te amé, para darte aquellos besos de las buenas noches como te los dí, y para despertarte como tu ya sabes.
                      
Aquí estoy, para que resguardemos en nuestra memoria, la historia de nuestra vida juntos.
Hasta que Dios diga, en su reparto de suertes.

                                                                                                 Siempre tuyo:
                                                                                                                      Cipriano 


Ibarrechea
Deán Funes, Córdoba, Argentina Noviembre de 1955
Escritor, Locutor, presentador en radio.
Colaboró en diversas antologías nacionales y extranjeras. 

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