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miércoles, 15 de junio de 2011

IBARRECHEA: ADIOSES

Antes, te conté que mi corazoncito latía así: Taca taca clic clic.
Un poco por mis escritos en mi vieja Olivetti. (taca taca)
Otro poco por esas fotos guardadas. (clic clic)

A ver ahora si recuerdo algunos nombres que jugaban en el equipo de Sesenta Palabras por Minuto.
Olivetti, Olympia, Lexicom, Remington, Hammond, Hermes, Sholes & Gidden, Oliver, Royal, Adler, Smith y Godrey & Boyce.

A los hinchas y barra bravas de este equipo, se los llamaba Mecanógrafos.

La mujer más linda del mundo también escribía sesenta palabras por minuto.

Yo, para escribir, ponía el papel por las guías que estaban dispuestas a tal fin por el carretel de caucho, giraba las perillas y el papel aparecía con cara de yo no fuí.

Yo, lo alineaba, apretaba la tecla espaciadora y empezaba así.


      Muy señora mía.
      Hace usted muy mal, señora de los ojos color setiembre, en disfrutar del martirio inmenso en que
      somete a mi almita enamorada.
      La sabia naturaleza, no la adornó a usted, como la mujer más linda del mundo, para que se convierta
      en un instrumento que me cause extraños e incomprensibles suplicios.
      No me tiene usted en cuenta, a pesar que la admiro y además con sus ingratos y crueles desdenes, ni
      siquiera le interesa mi dolor.
      No sabe usted, señora de los ojos color setiembre, de sus triunfos por predilecta y hermosa y por ser
      la reina absoluta de mis afectos, que ellos se rinden como vasallos sumisos ante su belleza.
      No sabe usted, señora de los ojos color setiembre, que en cada uno de sus triunfos con su cetro de
      reina, deshace los sueños que germinan al calor de su mirada en mi alma, que, en silencio, le da a usted,
      todo, pero todo mi cariño.
      Señora de los ojos color setiembre, si quiere alfombrar su paso con estas letras que ahora le regalo.
      Si quiere por corona en su cabeza esta prosa, si le halagan los aromas de la eterna adoración de este
      esclavo suyo, no olvide, que debe despejarse de esa crueldad soberana conque usted me trata.
                                                                                   suyo, J.A. Ibarrechea

Yo, usaba el Liquid Paper por algunos errores en la escritura y jabón blanco para lavarme las manos después de cambiar las cintas del carretel.
Que a veces eran de color negro, a veces de colores rojo y negro.

Las máquinas de escribir tenían un armazón, carro. cinta, carretel, espaciador, fijador, palancas, teclas y sueños, muchos sueños.

Han cerrado la última fábrica  que quedaba en el mundo.

Se me escapa una lágrima, se me moja el multimedia KB-2200 y se va a caer el sistema.
Mi corazoncito sigue latiendo así: taca taca, clic clic.

Gracias por todo.

Ibarrechea

2 comentarios:

  1. La mejor imágen que tengo de usted, señor Ibarrechea. Una prosa maravillosa... Eso tan suyo de escribir con encanto, sin ataduras, sin lineamientos, pero con toda su alma. Puedo escribirle a su e-mail? quizás en la redes sociales. (me identificaré a su esperada respuerta) Laura A. B.

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