TRADUCTOR

viernes, 29 de agosto de 2014

(Humor) AL IBARGUREN: MANUELITA...¿DONDE ESTÁS?


Usted señor, que caminó por las callecitas de mi barrio, y encontró una telita blanca, chiquitita, y notó que estaba sujeta a un broche de plástico color verde. No sonría, es mía.
Si, mi telita la dejé olvidada en la soga, y el pícaro viento se la llevó, y  cuando usted la vio por ahí, seguro que estaba limpita porque pasó por mucho jabón.
¿Podría enviarme por favor, un mensaje  para devolvérmela, por la paloma más flaca que encuentre? Ella  sabrá llegar a mi casa. 
¿Por qué digo la más flaca? 
Dicen que por esta zona hay un señor que las quiere tanto, que se pasa el día dándole miguitas de pan, y ellas quedan regordetas.
Dicen que los días domingos almuerza “Polenta con pajaritos.”

Pero volvamos a la telita blanca, motivo de mi aflicción y que ya a ésta altura tal vez  está irremediablemente perdida.

Usted señor, que mientras caminaba por la vereda del sol mirando el cielo, notó que allí arriba había algo verde, que se dio cuenta que no era una hoja del añoso árbol que da sombra en la esquina, y que luego de sumar, restar, y estudiar como subiría, se trepó como cuando tenía de verdad estado para hacerlo, pensando que el broche que estaba sujeto a mi telita blanca era un triste billete perdido, y cuando se dio cuenta que el broche lo miraba con cara de “que hace usted aquí”, le dio un ataque de furia que trastabilló y terminó en el piso  con mi telita en su mano.
Claro que la cosa no terminó así, porque  la vecinita de la casa de enfrente, esa que le habla por teléfono, la que además usted muy comedido le arregló los enchufes y la misma que a veces lleva al cine, pasó en el mismo instante por casualidad, y por supuesto lo pescó infraganti con mi telita blanca en la mano, tendido cuan largo es.

¿Cómo explicarle que estaba arriba, y no “que vino de arriba”?. 

O quizás señor  fue usted, que manejaba su auto,  y pensaba en la existencia del cangrejo en los días de invierno.
Justito en el semáforo se le ocurrió bajar de la estratósfera y bajó el vidrio para comprar unos chocolates al muchachito que siempre le quiere vender algo, pero nunca le parece útil lo que le ofrece, y pensando en la utilidad de las cosas, miró el piso, pero no el de su auto, y al lado del cordón de la vereda ve la telita, esa que perdí yo por dejarla todo el día en la soga y el viento se la llevó. Al ladito de la cosita blanca, ve algo de color verde. Si, verde como la esperanza,  o verde como ese cruel billete que nunca puede comprar porque siempre sale un peso más.
Le pagó al muchachito los chocolates con un billete de 100 pesos, y como estaba apurado y emocionado por lo que creía que acababa de ver, se olvidó del vuelto.
El semáforo estaba  por cortar mientras usted miraba para todas partes como un auténtico detective, y como calculó que  nadie se dio cuenta de su hallazgo, porque nadie lo estaba mirando, abrió la puerta del auto, se tiró sobre la presa y con disimulo la guardó en el bolsillo derecho del pantalón, se subió al auto silbando, y como ocurre siempre, los que esperaban atrás suyo lo mataban a bocinazos, entonces calmó a las fieras tirando miguelitos a sus ruedas, puso el guiño porque doblaría  a la izquierda, primera y…se olvidó  lo que tenía en el bolsillo porque justo pasó una manifestación.

Con impaciencia recorrió las cuadras que faltaban para  llegar a su casa. Su esposa lo recibió con un beso y un abrazo y le preparó un café, usted se acordó  que compró hace un ratito en el semáforo los chocolates que le gustaban a ella, se puso la mano en el bolsillo derecho, y sacó una telita blanca, que no era ni más ni menos que mi bombachita,  la misma que yo dejé olvidada en la soga y se la llevó el viento, la misma que yo le cambié el nombre, y  la llamé  Manuelita.










Al Ibarguren
aliciauv@yahoo.com

1 comentario:

  1. Lo felicito por el blog, pero también por acordarse del humor. ¡Muy bueno el relato!

    ResponderEliminar

El comentario estará sujeto a la aprobación del equipo y su administrador. Gracias.