CULTURA
Frases y un poema de Fernando Noy
Frases y un poema de Fernando Noy
Fernando Noy nació en San Antonio Oeste, Río Negro, 17 de noviembre de 1951, es un poeta, performer, actor, cantante, escritor, dramaturgo, letrista, dibujante, intérprete y representante de artistas. Su obra fue traducida a varios idiomas, figura en antologías poéticas junto a grandes poetas de todas las latitudes. Como actor participó en teatro, cine y televisión. Escribió para teatro y televisión. Sus letras fueron interpretadas por Fabiana Cantilo y Egle Martin. Participó del hipismo de los años '60 y '70 y fue protagonista del underground porteño en los años `80.
A lavaca.org les dice:
La poesía no está en la boutique, ni tampoco está en los libros. La poesía es dura, es resistente, es acción.
Ya no compro libros, leo las ventanillas, las caídas del sol.
Ahora termino el quinto libro y luego estoy empezando el sexto, porque los libros se hacen solos, uno es medium, chamán, mentira que uno se sienta a escribir un poema.
El poema es una constelación, no es que me ponga a llenar algo para cumplir la cuota.
El poema te pone la silla, el poema te pone la piedra, el zaguán, el poema te pone hasta el pelpa, yo iba a lo de Alejandra Pizarnik con papeles encontrados en los tachos, yo escribía ahí, aunque ahora soy más de los cuadernos Gloria.
Alejandra era una sibarita de los papeles, me decía ¡Cómo podés escribir en una servilleta!
Yo perdí muchos libros. Resulta que vuelvo después de un viaje muy largo, de un año, algo así, le había prestado el departamento a un amigo y había dejado muchos libros en una portería, libros artejibarizados, intervenidos, dibujados, y el portero me dijo, mire, yo no se los doy si no me paga 1.500 dólares, porque su amigo se fue y no pagó nunca nada. Yo me quería morir. Fabiana Cantilo y un grupo de gente amiga me ayudaron. Tardé 48 horas en juntar la plata y cuando llego, el tipo había prendido fuego dos valijas mías. Ahí nace Cuentos quemados por el portero, donde reescribo todos esos cuentos inéditos que estaban en las valijas que quemó este hijo de puta.
Yo dejé de escribir cuentos porque descubrí que a nivel estilístico todos los cuentos son el mismo. Entonces nació un estilo, una grafía, una manera de narrar. Quería hacer un cuento hiperrealista, un cuento surrealista, un cuento con un devenir, y en este libro lo logré, falta un pim, pam, éste sale, éste se queda.
Leopoldo Brizuela, Oliverio Coelho, Luisa Valenzuela, por ejemplo, son buenos escritores, pero son autores de repertorio. No son contracanto, no son atonales: siguen una línea.
No puedo parar de escribir un poema por día. Algunos, una vez terminados, no se pueden tocar, como si fueran un haiku: es posible que alguno lo desarme, lo vuelva a armar, pero la primera versión es la que reina. Con otros, en cambio, me encarnizo, me obsesiono en este trabajo de orfebrería del lenguaje.
Amelia Biagioni se quejaba de que no podía parar de corregir, de que aun editados sus libros, sigue corrigiéndolos, a mí me pasa lo mismo. Uno corrige, corrige y corrige, porque es su modo de corregir el mundo. Porque la poesía, el libro, siempre va a estar en el mundo. Ahora, qué hermoso cuando el poema no se deja tocar más, cuando está coagulado, cuando es realmente un zafiro, una esmeralda o un pedazo de carbón.
Hay poemas que pueden ser joyas y otros que pueden ser latas de un coche de bodas.
Yo creo que hay tres grandes acá: la pasionaria, que es Alejandra Pizarnik; la hechicera, que es Olga Orozco, y la cósmica, que es Amelia Biagioni.
En los 70 había grandes escritores. Estaban Néstor Sánchez y Osvaldo Lamborghini. Ésos son los más grandes y suelen ser opacados por el falso resplandor de la biyuya. El tercero es Laiseca, y el cuarto sería David (Viñas).
Hay toda una conjura contra Sánchez: vivió una vida muy terrible con la obra más importante de Argentina, era tan delirante y tan genial que no le daban el placet de genio.
Liliana Heer fue muy amiga de él. Es lógico: el que los lee nos mira, somos ese eco. Liliana Heer destruye el canon con sus libros, está formando parte de esa pléyade de artistas que son únicos, como Clarice Lispector, como Leonora Carrington. Es un surrealismo más surrealista que el propio surrealismo. Cortázar se declara enorme admirador de Sánchez: no le llega ni a los talones. Sánchez no era un conformista, no era un lobbysta, no hacía todo lo que hay que hacer para después ser. El amhor, los Orsini y la muerte, ¿Eso que es? ¿Novela? ¿Poesía? Es como Lautréamont. Los demás son poetas de diploma, poetas diplomados, poetas de heladería, de carrera, poetas del jet set. Son poetas transgénicos: se están mintiendo a sí mismos y sobre todo, a la poesía, porque se la creen, loco.
Es muy triste ver grandes escritores que van siendo destruidos por esa pandilla falsa… Hay algunos grandes que no están supermercadizados: Irene Gruss, Juana Bignozzi, y hay otros más jóvenes, muy importantes, como Daniel Amiano, Martín Gambarotta, Rodolfo Edwards, Clara Muschietti, Pablo Marchetti… Se es o no se es poeta.
Algunas figuras hemos llegado a ciertos lugares más sólidos y aéreos. Yo agredo a los falsos poetas, los recrimino, los insulto, porque todos se llenan la boca con la Pizarnik, pero si supieran lo que sufrió esta mujer para ser quién era.
Es fácil guitarrear desde afuera.
La poesía es como el fútbol y como el hipódromo: uno sabe cuáles son los caballos que jugó, y cuál ganó, cuál perdió, es un lenguaje de pares. Cuando uno nombra a Joyce Mansur, por ejemplo, es como decir “la yegua Bataraza”, o como hablar del gol que le hizo Riquelme a no sé quién. Mi padre gastó toda su fortuna en los caballos, y yo creo que los caballos son los poetas y con los poetas yo no pierdo, gano. Los poetas son la fija, ¿no? La gente escucha más el ronroneo de las bestias porque no ha ejecutado el gusto de la percepción poética. Algún día será simplemente eso.
Cuando anunciaron el matrimonio igualitario yo estuve muy de acuerdo, pero dije: ¿para cuándo el divorcio?, y ahí se reían todos, pero se quedaban mudos, porque no sabían qué responder ante el humor, porque el humor es una especie de granada o bomba atómica que explota. Yo creo también que se puede ser padre, todo bien, se pueden tener hijos, de todo tipo, de todo origen, que un hombre con otro hombre pueden criar a una niña o un niño, pero creo que así se diluyen los estigmas originarios, porque así uno ya no es gay: es un padre, un hermano, un hijo o un marido. Por eso digo ya no soy mas gay, yo prefiero ser puto, yo sigo siendo puto.
FURIA NOCTURNA
Aquí donde no vence la dulce queja
ni victorea el deseo implorado
Oigan sin mí
Furor de fiestas nocturnas
y candados en los panes.
Salir
desde la boca de la noche
hacia la boca del león
y no hallar
ni la boca del puma
ni la boca del perro
Ni la boca
de tu boca.
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