LOS DIBUJOS DE MOLINA CAMPOS, COLGABAN DE UN CLAVO

 HISTORIAS

Éramos todos felices mirando los almanaques de Alpargatas

Por Walter R. Quinteros

Recuerdo la tarde que mi padre volvía de uno de sus tantos viajes, yo era un niño, a mamá le trajo una caja llena de regalos, cosas para ella y para la casa. A mi me trajo un camioncito Duravit. En otra caja había discos, libros, revistas, y un almanaque con dibujos de Florencio Molina Campos, que mamá colgó de un clavo en una pared de la cocina. Esa tarde había leche con cascarilla y bizcochuelo para merendar, nada del habitual mate cocido con pan casero.

Durante muchos años, aquel clavo en la pared de la cocina, sostuvo los dibujos de Molina Campos que mamá recortaba del almanaque Alpargatas, esos "cuadritos" eran parte del paisaje cotidiano de mi infancia.

Florencio Molina Campos había nacido en Buenos Aires el 21 de agosto de 1891. La fuentes consultadas señalan que pasó su infancia alternando entre la Ciudad de Buenos Aires y los campos familiares en los pagos del Tuyú y General Madariaga, en la provincia de Buenos Aires, y en Chajarí, provincia de Entre Ríos. Que en julio de 1920 contrajo matrimonio con María Hortensia Palacios Avellaneda. Que en junio de 1921 nació la que sería su única hija, Hortensia, a la que llamaban "Pelusa". El matrimonio fracasó y se divorciaron en 1924. En 1951 su hija "Pelusa", se casó con Antonio "Buby" Gimenez. Transcurridos 11 años de matrimonio, nació el que sería también su único hijo, Gonzalo Gimenez Molina, quien en 2003 fundó Molina Campos Ediciones, la pequeña empresa familiar dedicada a difundir la obra de su abuelo, el artista.

La sociedad argentina conoce a Florencio Molina Campos en 1926,  estamos hablando de hace 100 años atrás. Porque en la Sociedad Rural Argentina, presentó su primera exposición en el Galpón de Palermo, en el día que él cumplía años. Su muestra fue visitada por el presidente de la Nación, Marcelo T. De Alvear, quien se convirtió en ferviente admirador de su obra y lo premió otorgándole una cátedra en el Colegio Nacional Nicolás Avellaneda.

En 1931 el pintor realizó su primer viaje a Europa y expuso en París. Más adelante viajaría infinidad de veces, invitado por diferentes gobiernos como representante cultural argentino. En esa época inició el contrato para ilustrar los almanaques de la firma Alpargatas, que se editarían desde el año 1931 a 1936, 1940 a 1945, 1961 y 1962. Constituyeron, quizá, su obra más difundida, y sobre ellos dijo Ruy de Solana: "los almanaques constituían un sinónimo elemental de lo barato y despreciable. Pero desde que este artista empezó a difundir sus trabajos por ese medio humilde y anual, los almanaques se convirtieron en la pinacoteca de los pobres". 

Tomen. Este coso que escribe era pobre. A decir del coso Ruy de Solana, éramos pobres, lo que no sabía este tipo, de lo inmensamente feliz que éramos mirando los dibujos de Molina Campos, colgados del clavo de la pared de la cocina de mi casa.

Fue la tarde de otro día, y ya en su otra y nueva casa, y también hace mucho tiempo, cuando le pregunté a mi padre si sabía que había pasado con aquellas láminas del pintor. Me dijo que estaban guardadas en una caja en el garaje. 

Florencio Molina Campos, el pintor que exaltaba respetuosamente la figura del trabajador del campo, el que pintó a sus contemporáneos, el que dibujó a los paisanos como él los veía, hombres de trabajo, de alpargatas remendadas, de bombachas zurcidas, a la mujer hacendosa, madraza y al frente de su hogar. El dueño de los clavos de la pared de la cocina de mi casa en la infancia, fue mucho más que el pintor de los almanaques. Nos enseñaba a través de su arte, a visibilizar a los trabajadores rurales y sus costumbres.

María Elvira, su segunda esposa, estuvo a su lado hasta el 16 de noviembre de 1959, en que falleció.





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