EL VIENTO PASABA POR SU CUELLITO DE PIEL

 CULTURA

A Ismael no le gustaba el invierno

Por Tesy Mano

A Ismael no le gustaba el invierno. Lo padecía. Cuando empezaban los primeros fríos se fijaba en el almanaque cuánto tiempo faltaba para que empezara el verano. Se reía solo pensando en que parecía Crónica, el canal de televisión que en mitad de Julio arma la cuenta regresiva día a día, hasta el 21 de diciembre. No sabía por qué le tenía tanta aversión. En definitiva, si hacía memoria, muchos de los momentos más felices de su vida habían ocurrido con menos de diez grados de temperatura. Era casi una respuesta automática, un acto reflejo, “me gusta el verano, odio el invierno”. Una tarde gris de mayo, Ismael estaba regresando a casa. El colectivo, lleno pero había logrado sentarse a poco de subir, asiento individual, cerca del final de la fila. Lo único molesto era que cuando abrían la puerta de atrás o la del medio para que bajara gente, le entraba un chiflete insoportable, de manera que se subió el cierre de la campera hasta arriba y se puso la capucha del buzo en la cabeza. Sacó el teléfono, como todos sus compañeros de viaje, aun los que iban parados. Abrió el google fotos y vio una serie de carpetitas que ofrecían diferentes títulos y mostraban cinco o seis imágenes. “Revive el momento”, “Lo mejor del martes”, “Un día como hoy…” nunca había prestado atención a esos compilados, se puso a mirar. Un día como hoy hace ocho años… y la vio a ella. No miraba a la cámara, sonreía pero no miraba, el viento pasaba sobre su cuellito de piel, sobre toda ella, el pelo tenía movimiento aunque fuera foto y no video, le brillaban los ojos, ¿qué estaría mirando? Ismael le había tomado la foto y él sí la miraba, siempre la miraba, y cuando no la miraba, la pensaba. ¿dónde estará? ¿Por qué odio el invierno si un día como ese de la foto viví aquello que viví? Alicia tenía esa manera de mirar, esa forma de moverse… Tenía un misterio que Ismael nunca había podido descifrar. Tanto no podía que tampoco pudo entender por qué se fue. Una frenada del colectivo lo sacó de los recuerdos, lo trajo al presente con un golpe en el mentón contra la manija del asiento de adelante. Ismael guardó el teléfono, se cubrió hasta la nariz con la bufanda que tenía guardada en la mochila, el calorcito le aliviaría el dolor de la pera. Se acurrucó contra la ventanilla, todavía faltaba un buen rato para llegar a su casa, podría hacer una siestita. Pensó que si se dormía muy profundo quizá se pasaba de largo, entonces desistió de la idea. Tomó los auriculares, volvió a sacar el teléfono y buscó alguna lista en Spotify. Un amigo le había recomendado escuchar un cantautor italiano, Francesco De Gregori. Puso la playlist que le había sugerido y empezó a sonar una canción que a Ismael le pareció bellísima. Se fijó el título, Rimmel, raro, pensó. No entendía bien la letra, alguna palabra que otra nomás pero se emocionó. Cerró los ojos, se quedó dormido, se pasó de largo, hasta la terminal. Pero soñó con Alicia, con la foto en que ella sonreía y no miraba y cuando el viento pasaba sobre su cuellito de piel y sobre toda ella.

El Sol


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