OPINIÓN
Cada persona que desembarca en las costas españolas tiene precio: la ONG más querida del mundo cobra por cabeza, por día y por traslado
Por Osvaldo Bazán
Las imágenes, por sí solas, espantan.
Cientos de personas sentadas en la autopista prohibiendo el paso a la ambulancia de la Cruz Roja.
Son los ceutíes que no quieren que los marroquíes que han entrado en banda hace un mes a su ciudad —igualándolos en cantidad, 80/85 mil de cada lado, aunque hoy han quedado unos dizque 10.000— reciban de mano de la ONG caritativa agua y comida.
Pero ¿están desconfiando de la Cruz Roja? ¿En serio? ¿No es que son los más buenos entre los buenos?
¿Cómo se llega a que una población orgullosa de su multiculturalidad y buenos modales termine así?
Los antecedentes del caso pueden leerse en las entradas de este newsletter “Africa meets Europa” y “Ojo, que si se enoja Europa…“, porque, como ustedes saben, acá estuvo la mejor información en Argentina del asunto. No lo digo porque no me gusta el autobombo, pero si no fuera por mí no sé qué sería de ustedes.
La semana pasada, me preguntaba si era impericia o qué movía a Pedrosánche tener un manejo tan espantoso del asunto. Creo que ya podemos ir entendiendo.
A riesgo de parecer muy audaz —pero el periodismo es una aventura temeraria— creo no equivocarme demasiado si pienso que Pedrosánche creyó estar a punto de conseguir lo que quería.
Los ánimos de los ceutíes ya no son los de los primeros días de agosto, cuando le daban ropa y agua y comida a los desarrapados.
Después de un mes de violaciones, robos, usurpaciones, suciedad, gritos y miedo, los ceutíes sólo quieren que los invasores —como los llaman— se vayan. Ya. No mañana. Hoy. Ayer, si fuera posible. Y ven que eso no ocurrirá. Que el Gobierno se felicita por lo bien que actuó. Todos los ministros, que pasaron a prestar testimonio frente a una comisión legislativa, coincidieron en dos cosas: su trabajo fue excelente y Marruecos es un socio confiable. El ministro de Justicia, Félix Bolaños, acaba de decir que “con mucha diferencia, nuestro Gobierno es el que ha estado más presente en Ceuta”. A esta altura del partido, con los ceutíes estallados en depresión y bronca, sólo puede ser una mojada de oreja deliberada.
¿Qué buscan? ¿Cuál era el objetivo inicial del Gobierno español? ¿Es muy arriesgado imaginar que quería un muerto en enfrentamiento?
Que los locales se enfrenten con los invasores, que les quemen sus chozas, que los corran a palos, que le impidan a la Cruz Roja su “humanitaria” labor. Eso comenzó esta semana y no parece tener fin cercano. También entre 30 y 40 inmigrantes hicieron una emboscada a una camioneta militar y los reventaron a piedrazos. Como los militares no tienen orden de actuar, tuvieron que llamar al número de emergencia de la policía. Otros, se tiraron al mar. Se han detectado cabecillas violentos y terroristas islámicos entre los buenos muchachos que buscan una vida mejor.
Enfrentamientos, choques y disputas cada vez más violentas son la excusa perfecta para que Pedrosánche pueda culpar a sus villanos favoritos —después de Israel, claro— la “derechaylaultraderecha”, así, todo pegoteado porque para la progresía nacional es una sola cosa.
Pero caramba, no todo es tan fácil en el mundo de la política y esta vez al Gobierno de España se le puede haber ido todo de control. ¿Es la invasión el cisne negro tan anunciado? ¿Qué podría haber hecho el Gobierno si cada vez se hace más evidente que el Reino de Marruecos conoce secretos graves del presidente y su gente?
Entonces, ¿le está saliendo?
Por lo pronto, “la sincronizada” —como le dicen en España a la miríada de medios de comunicación, influencers y sitios varios— han comenzado con la cantinela: “Los ceutíes son fachos y xenófobos y no tienen humanidad con los pobres inmigrantes”. Pero quizás el asunto ya no pegue como otras veces.
Acá hubo una invasión, y el Gobierno no quiere nombrar a los invasores. Un mes después ni llamó a la embajadora marroquí en España. La intención de votos de Vox sube a los cielos.
Si Marruecos dice que aceptaría de regreso a los inmigrantes —en los papeles, en la vida real no aceptó ni la devolución de los cadáveres de quienes se ahogaron sin llegar a la frontera—; si la Unión Europea abrió la puerta para que España devuelva a los ilegales, ¿por qué el PSOE insiste en que tienen que quedarse al menos un tiempo en la península?
Miedo a lo que el rey de Marruecos pueda saber, táctica ideológica, simple ineficacia, o todo junto. Y a eso se le suma que un inmigrante es un negocio.
Dura y cruel realidad, pero nadie nos prometió un jardín de rosas.
Y vamos al tema
¿Cómo llegan los pacíficos ciudadanos ceutíes a impedir que la Cruz Roja cumpla su cometido?
Quizás porque se está entendiendo finalmente que el de la Cruz Roja no es ese cuento de hadas con el que nos martillaron desde siempre.
Algo venía suponiendo y me puse a investigar.
La Cruz Roja Española mueve más de 1.100 millones de euros al año.
¿De dónde saca toda esa plata?
Entre el 60% y el 70% de ese dinero sale de las administraciones públicas, de dos maneras distintas.
La primera, la más sencilla: las subvenciones. El Estado le da euros a Cruz Roja para que desarrolle programas. No le compra un servicio concreto. Le entrega fondos para “atención a personas vulnerables”, “programas de integración”, “ayuda humanitaria”… y después Cruz Roja tiene que justificar cómo se gastó ese dinero. Está obligada por la Ley General de Subvenciones a presentar los papeles.
Suena razonable.
¿Lo hace?
Sí, pero.
¿Funcionan realmente los controles?
Vamos a un ejemplo. Esto pasó en el 2007, cuando hubo más de 20 millones de euros en subvenciones.
El Tribunal de Cuentas fue demoledor. Dijo que los controles que hacía la administración eran “casi exclusivamente formales”. Sólo comprobaban que los papeles estuvieran en regla y que los números coincidieran en los formularios. Y listo. No revisaban en profundidad las facturas originales, los sueldos, ni verificaban que los gastos hubieran sido hechos. No comprobaban si lo comprado había llegado realmente a los beneficiarios.
Otra cosa que descubrieron: el 97% de las compras de material de ese año se concentraron en diciembre. A fin de año, sólo habían recibido el 9,4% de lo comprado. Dos años después, todavía faltaba por recibir el 26%. El Tribunal dedujo que Cruz Roja “podría haber realizado estas compras con el único objetivo de justificar al máximo la cuantía subvencionada”. También encontró traspasos de dinero entre distintas subvenciones y fondos no aplicados que debían reintegrarse… y no se reintegraron.
O sea: el control es formal.
En la práctica, una alegre calesita de fondos públicos.
Y esto no es nuevo.
En los años ’90, durante la presidencia de Carmen Mestre, Cruz Roja acumuló 37 contratos blindados. ¿Qué es un contrato blindado?
Una cláusula por la cual, si te echaban, te tenían que pagar indemnizaciones millonarias.
Hasta 31 millones de pesetas de la época (alrededor de 400.000 euros de hoy) para los directivos despedidos… mientras la organización se mostraba en “extrema debilidad económica” y pedía ayuda pública.
Se contrataban con blindaje, se despedían y se llevaban una millonada… mientras, seguían pidiendo con las alcancías por la calle porque son “re buenos, re humanos”.
Y hay un caso que muestra de cuerpo entero la humanidad de la Cruz Roja Española.
En 2012, a una señora española llamada Joaquina le diagnosticaron una enfermedad neurodegenerativa. El 11 de mayo de 2014 —dos años después—, esta señora Joaquina escribió el testamento dejando todos sus bienes a Cruz Roja Española, Médicos Sin Fronteras y Cáritas Madrid. Sólo semanas después, el 4 de junio, un juzgado la declaró incapaz. Murió cinco años después. Sus sobrinas Fátima y Alicia fueron reconocidas como herederas. Sin embargo, en 2020 la Cruz Roja las demandó diciendo que la voluntad de la señora (ya declarada incapaz) era que el dinero fuera para la organización. Ni siquiera Médicos Sin Fronteras o Cáritas, que tienen lo suyo, fueron tan voraces.
Sí, la Cruz Rota perdió el juicio.
Pero no el hambre de plata.
Y eso nos lleva a la segunda manera que tiene la Cruz Rota para conseguir fondos en España.
Agarrate, porque esto es directamente inmoral.
Son los contratos de servicios.
Acá el Estado le compra a la ONG un servicio concreto y paga un precio por él. ¿Qué son esos servicios?
Si llega una embarcación con inmigrantes a la costa española, Cruz Roja cobra 208 euros por persona, para la primera asistencia: ropa, comida, kit de higiene, atención sanitaria básica y registro.
Por el traslado de cada persona a un centro de acogida se cobra 240 euros.
En los Centros de Acogida de Ceuta y Melilla cobra 350 euros por cada persona atendida.
Después, por cada día que la Cruz Roja atiende a un inmigrante, cobra entre 42 y 60 euros al día.
Si la persona es vulnerable: 49 euros al día.
Si es posible víctima de trata: 72 euros al día.
¿Cuánta plata es esto?
Sólo en un mes de 2024, por organizar vuelos chárter para trasladar inmigrantes desde Canarias a la península, Cruz Roja recibió 675.000 euros.
Y acá vamos al tema espinoso.
¿Le conviene financieramente a la Cruz Roja la inmigración?
Sí.
Cuantas más personas lleguen a las costas, más actividad genera bajo estos contratos.
Más plazas ocupadas.
Más atenciones cobradas.
Más dinero público que gestiona.
El sistema está diseñado así: más llegadas = más facturación.
No es una teoría conspirativa.
Así es como la Cruz Roja se convierte en una enorme fábrica de inmigrantes. Mientras más miserables, más dinero.
Es el modelo de precios que el propio Ministerio tiene publicado.
Ahora bien, alguien tiene que hacerse cargo de esa gente.
Es humano darle una botellita de agua y una manta a alguien que llega vaya uno a saber escapando de qué horror, aunque en este caso las cosas son diferentes. Acá —a pesar de que el Gobierno español no quiera reconocerlo— hubo algo distinto a un grupo de personas desesperadas. Hubo una coordinación estatal porque 85.000 marroquíes no entran de golpe a una ciudad sin que el Gobierno marroquí —que no es dictadura, pero casi— lo promueva.
O sea, este no es el caso, pero pongamos que sí, que el dinero de la Cruz Roja está para los más vulnerables cuando más lo necesitan.
Pero.
Porque con la Cruz Roja siempre hay un pero. ¿Qué pasa una vez que el dinero entra en la ONG “sin fines de lucro”? Los gastos totales de Cruz Roja Española en 2024 fueron de 1.083 millones de euros. De ese total, gastó en personal, servicios exteriores y otros gastos de gestión 808,9 millones de euros. Casi el 75%. Tres cuartas partes del presupuesto se quedan dentro de la propia organización. Más de 510 millones de euros al año sólo en sueldos. Entre ellos, 67 cargos jerárquicos que cobraron de media 64.299 euros anuales. Sólo en la alta dirección: 4.308.000 euros al año.
Y si nos ponemos suspicaces… el temita de las relaciones.
Desde 2022, la vicepresidenta de la Fundación Cruz Roja Española es Therese Jamaa, pareja del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Su misión: impulsar el “Pensamiento Humanitario”, cambiar mentalidades y sumar “aliados”. El cargo es honorífico. No cobra. El ministro que tiene voz y voto en la gestión de la inmigración es esposo de una mujer que ocupa un cargo relevante en la estructura de la Cruz Roja. No es corrupción, es cercanía…
Los ceutíes dicen “que les den agua y comida pero del otro lado de la frontera”. Lo que no saben es que a la Cruz Roja jamás le convendría ese trato. Marruecos no paga.
Como dice el encargado Eliseo, “desconfiá de los que trabajan de buenos”.
Eso vengo haciendo desde hace un tiempo y lo que descubrís de la Cruz Roja es… atroz.
Desde un accionar —como poco— criticable en la Segunda Guerra Mundial, en los campos de concentración alemanes, en el ataque italiano en África hasta las torturas francesas de Argelia, desde quedarse con la plata de las colectas por el terremoto de Haití o despreocuparse de los rehenes de Hamás, siempre la Cruz Rota ha privilegiado sus intereses sobre lo que dice que son sus objetivos.
Si a alguno le interesan los datos, ahí están mis videos porque con un trabajo no vive nadie.
Los ceutíes están consiguiendo, con la fuerza que les da el impulso de sobrevivencia, desenmascarar a una de las organizaciones que más hacen para que en el mundo nada cambie realmente.
Revista Seúl

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