OPINIÓN
Spoiler: esta es una irreverente y descarada columna de opinión escrita en primera persona, pero totalmente necesaria para comprender qué nos está pasando a los periodistas en la “maravillosa” era de la inteligencia artificial
Por Nicolás Sanz
Hay algo bastante paradójico en todo esto, ya que se trata de una herramienta que llegó para ayudarnos y terminó cambiando mi manera de escribir para que mis textos no parecieran escritos por IA.
Fue algo que sucedió de a poco. Primero empecé a detectar algunas repeticiones obvias tales como la clásica negación antes de la afirmación, como por ejemplo, “no se trata de esto, sino de aquello”.
Más tarde empecé a sospechar de determinadas palabras como “blindar”, “consolidar” o “articular”. Todas normales y hasta habituales en el periodismo político, hasta que apareció la IA y uno empezó a encontrarlas en cada columna.
Entonces hice algo que, admito, suena bastante absurdo, porque empecé a revisar mis propias notas y cambiar mi forma de escribir pensando en cómo las leería una máquina con el único propósito de demostrar que mis columnas son escritas íntegramente por mí.
Corté frases demasiado prolijas, dejé de escribir algunas negaciones antes de llegar a la afirmación, acoté la utilización del “sino”, cambié palabras que antes utilizaba sin pensarlo y hasta empecé a desconfiar de esa necesidad de que cada párrafo cierre perfectamente una idea para abrir la siguiente.
Es que en ello se basa, curiosamente, la escritura en tiempos donde la Inteligencia Artificial, que parece haber tomado protagonismo y amenaza con eliminar a los grandes escritores del periodismo en una época donde hasta los grandes medios abusan de tal herramienta.
La máquina escribe demasiado bien en determinados sentidos. Ordena, conecta, resume y hasta explica elocuentemente, como si todo pareciera tener un lugar inamovible. Y justamente por eso empiezan a sonar parecidas las columnas de no pocos medios de comunicación.
El problema tampoco es que esas palabras sean malas. “Consolidar” y “blindar” siguen significando lo mismo que antes de la aparición de la Inteligencia Artificial. El problema se expone en realidad cuando todas las columnas periodísticas parecen escritas de la misma manera, usando los mismos giros y terminan redactando textos que parecen haber salido de la mente de la misma persona. En lo personal empecé a querer lo contrario.
Desde mi propio punto de vista, que el texto tenga un poco de esa imperfección que tiene cualquier persona cuando piensa mientras escribe es algo totalmente necesario en épocas donde la IA copó la mente de un sinfín de periodistas
No son todos, cabe destacar, mucho menos los más veteranos, que siguen al mismo ritmo que aprendieron a andar durante las últimas décadas, porque en definitiva marcan su propia impronta frente a miles de redactores que no ven en el periodismo un estilo de vida sino un trabajo que solo importa terminar, y “si la IA me ayuda a hacerlo más rápido, mejor”.
La realidad es que cada periodista tiene sus palabras, sus obsesiones, sus formas de ordenar una historia y hasta sus pequeñas manías. Es cierto que algunas pueden corregirse con los años, pero lo más importante es que hay otras que terminan formando parte del estilo de redacción de cada uno.
Y ahora se suma una nueva manía, o al menos es lo que me pasa a mí. Debo revisar si mis textos parecen artificiales, si abusan de algunos de los vicios de la IA, de ser así corregirlos y recién ahí publicarlos.
Quizá la parte más extraña de esta época es que al margen de escribir, es como si necesitara demostrar, frente a miles de escritores que abusan de la inteligencia artificial, que lo redactado salió de mi mente, mis propias anotaciones, las conversaciones que mantengo con mis fuentes y mis dedos. Nada más.
Porque aparte hay otro punto que es necesario destacar que tiene que ver con las imperfecciones que tiene la inteligencia artificial a la hora de manejar datos, ya que comete errores groseros que luego son publicados alentando a la desinformación. Triste época para los periodistas de raza frente a aquellos escritores de cotillón que festejan porque pueden terminar su labor de forma más fácil y rápida.
Quizá estoy equivocado, quizá no debería prestarle tanta atención a algo tan absurdo. No lo sé, no aún. Pero mientras escribo esto no puedo dejar de preguntarme si lo mejor no sería en todo caso volver a escribir como lo hacía hasta hace un corto tiempo, cuando no me preocupaba tanto no parecer una máquina y la Inteligencia Artificial no inundaba redacciones con notas de estilo calcado y, por tanto, hasta en cierto punto aburridas.
Tribuna de Periodistas

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