HISTORIAS
Escrita en Córdoba, horas antes de volver a la soleadas playas de Brasil
Por Walter R. Quinteros
A pesar de vivir y trabajar temporalmente en el extranjero, un amigo me dijo que tenía otro amigo que editaba una revista puramente comercial y que necesitaba para las páginas centrales, algo para leer que cause polémica, algo de mi barrio —me dijo—. Entonces viajé a Córdoba. Corría el año 2009.
Uno de los barrios más grandes y populosos de Córdoba me abría las puertas. Surgieron esa misma mañana esta crónica que titulé: Johny, de Rincón al fondo, y agregué un relato al que titulé Cartas para Angela. Sobre este último fue en razón de que en una demolición, obreros que trabajaban en la empresa de mi amigo encontraron un mueble muy antiguo, y en uno de sus cajones había varias cartas escritas para una mujer llamada Ángela. No había parientes a quién entregárselas, por la noche, con uno de los obreros nos animamos a leerlas. Luego de tomar algunas apuntes, las volvimos a cerrar, nunca más lo vi, ni supe que hizo con ellas, las cartas tenían más de 90 años.
Antes de volver a Brasil mandé los correos desde un estación de servicio, y ambos fueron publicados con mi seudónimo; Ibarrechea.
La historia de mi primera crónica es por cierto real, los nombres en este caso son ficticios.
Johny, de Rincón al fondo
"Johnatan F. fue finalmente detenido bajo el cielo azul límpido de agosto, cerca del rio Suquía y cuando levantó la vista y alzó las manos, alcanzó a ver algunas borrosas imágenes del Barrio San Vicente. Le temblaban las piernas sudorosas cuando agachó la cabeza para entrar al patrullero y en todo el trayecto solo observó el logotipo de la marca del vehículo policial impreso en la alfombra de goma que cubría el piso.
Después, cuando era juzgado en la Sala, a pocos metros del salón de los pasos perdidos, el Tribunal le recordaba sus antecedentes delictivos que, desde temprana edad había cometido y por los cuales la policía de la provincia, lo procuró intensamente durante varios años.
Mientras duró el proceso, Johny no levantó la vista del suelo, como buscando en los mosaicos de granito, una figura para tatuarse en el cuerpo. Sentía sí, la presión de las manos de los policías en su brazos esposados y al final, solo atinó en el desórden que se produce al escuchar la sentencia, a buscar de reojo entre la concurrencia, la presencia de algún familiar, algún vecino, algún amigo. El llanto de su hermana mayor, fue lo que oyó nítidamente y reconoció.
La buscó con la misma mirada que empleaba para seguir la trayectoria de la mira y el guión de sus armas y la vio yéndose por la inmensa y pesada puerta del Juzgado. Johny recordaría que muchos años antes, su hermana entraba corriendo al rancho donde vivían y que gritaba.
—¡Mamá, mamá, miralo al Yoni, miralo al Yoni, que está echando mocos!
La madre, al correr la cortina de la precaria ventana, alcanzó a verlo destruyendo a pedradas, la lámpara del alumbrado publico. La paliza fue tan grande, que con sólo diez años escapó y, nadie supo más de él. Aquel recuerdo de su primer gran castigo, se fue diluyendo a medida que a sus espaldas, se cerraban las puertas de la cárcel de Bouwer. Johny, de la calle Rincón al fondo, esbozó una sonrisa de agradecimiento, cuando alguien le alcanzó un cigarrillo".
Tiempo después
Cinco o seis años creo, volví a mi provincia, a mi cudad. Instalado en la comodidad de un departamento céntrico, encendí el televisor, por el noticiero anunciaban la muerte de un preso que gozaba de salidas transitorias, frente a la puerta de la nueva casa que el gobierno de la Provincia le había entregado a vecinos de algunas villas periféricas. Una señora lloraba ante las cámaras, era la madre de Johnatan F.
La crónica esta vez se escribía completa, con un final quizás no esperado. El diario barrial tenía otro formato, y en el pliego central se volvía a escribir la historia de Johny, el que vivía en la calle Rincón, al fondo. Como un agregado, relaté tal cual aquellos periodistas de la televisión cerraban la crónica del canal. "En el barrio Ciudad de los Cuartetos fue muerto de cuatro balazos Johnatan F. Según el parte policial, se presume que hubo un ajuste de cuentas entre bandas". Luego, la reportera enviada al lugar del hecho ampliaba: "Testigos afirman que fueron dos hombres en una moto quiénes le dispararon a quemarropa, por la espalda, mientras la víctima intentaba ingresar a esta casa". Nos decía la cronista señalando también las huellas de otros dos impactos de bala, uno en la pared, y otro en la puerta.
El silencio del momento se rompió.
—"Esto ha sido todo por hoy, ha sido un gusto informarles", dijo el periodista del canal.
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