OPINIÓN
El de fútbol no sé, pero este lo gana Argentina
Por Osvaldo Bazán
Dicen que el de la FIFA es un mundial de corrupción, sólo porque brillan apellidos como Infantino, Tapia o Toviggino. ¡Por favor! No, señores, ése es un mundial de fútbol y, como no sé del asunto, no hablo, que esto no es tuiter, es el newsletter de Seúl.
Hay otro mundial, y esta nota se refiere a ese otro mundial, nada que ver con lo que pasará hoy, que ése se verá mañana en un verano en Nueva Yol, esto es otra cosa.
Hablemos de corrupción en serio, de la gran final entre un valor consolidado y con historia en trapisondas, trampas y marañas como Argentina, y un activo en crecimiento como es España, con un plantel maravilloso de nuevos granujas, facinerosos y bribones.
Un Messi contra un Yamal, ponele, pero de ladris.
El Gran Mundial de la Corrupción.
En este certamen, Argentina llega como gran favorita.
Tiene una Selección con historia, pasión inigualable y una táctica probada durante décadas: privatizaciones exprés, promesas de obras públicas que duran lo que un tuit de campaña y familias que convierten la política en un negocio familiar de primera división. España, por su parte, llega con un equipo más “moderno”, de perfil bajo, pero con una delantera con nombres, con trayectoria y proyección internacional como José Luis Rodríguez Zapatero, y estrellas, algunas ya con tarjeta roja como José Luis Ábalos o Koldo García (ministro y ayudante, presos con condena de décadas); muchas con amarillas como Santos Cerdán (el ex mano derecha de Pedro Sánchez), Leire Díez (la encargada de limpiar todos los enchastres del PSOE) o Mercedes González (directora general de la Guardia Civil, una jugadora táctica, una soldada del DT Pedrosánche, que, si tiene que ser vocera, es vocera y, si tiene que ordenarle a la Guardia Civil que no investigue los casos cercanos al DT, va y lo hace, sin ningún problema, siempre vistiendo las ropas más ridículas de Hispanoamérica).
Claro que también hay que reconocerle historia al equipo de la rojigualda: ahí está el caso Kitchen, la Gürtel y la Policía Patriótica del PP de Mariano Rajoy, que allá por 2015 supo plantar la semilla de las operaciones parapoliciales secretas.
En fase de grupos, Argentina pasó fácilmente, sin obstáculos: privatizaciones menemistas (el Carlo marcando de chilena con las empresas del Estado), los cuadernos de Cristina (con asistencias perfectas), la causa Vialidad (Néstor y Cristina como dupla letal, un Messi/Lautaro de temer, con De Vido como el Araña que está cuando hay que estar), y, ya en descuento, los audios recientes (Karina Milei y el esquema de medicamentos para discapacitados vía ANDIS, con coimas supuestas y retornos de fondos). No hizo falta ni usar el banco de suplentes con el Chiquitapia y los criptoescándalos fresquitos tipo $LIBRA.
Vamos a detenernos en el nuevo valor español, el que desequilibró a pesar de todos los obstáculos que le pusieron en el medio, todas las trabas del VAR de la corrupción: el hermanísimo.
No empezó jugando en potreros, nació a la sombra del gran Pedrosánche, de quien es su hermano dos años menor, David Sánchez Pérez-Castejón, aunque se haga llamar David Azagra para pasar silbando bajito. Hijo de clase media alta, las primeras patadas las tiró en el Santa Cristina de Chamartín —en la élite madrileña— mientras salía subcampeón de judo juvenil español a los 14 años, y de ahí su primer salto internacional, al colegio jesuita Cheverus de Maine (Estados Unidos), porque la que puede, puede.
Volvió a España y fichó para la Universidad Pontificia Comillas, donde se licenció, pero le afloró el espíritu rebelde de todo delantero y el día en que le dieron el diploma se lo pasó a su familia y les dijo: “acá está el título, chau, me voy a seguir mi vocación de música, cómprenme un departamento en San Petersburgo, que me voy a estudiar allá”.
Y se fue.
Muy gracioso todo; se presenta muchos años después como matriculado de honor en las cátedras de Composición Musical, Profesor de Teoría Musical y Dirección Operística y de Orquesta Sinfónica y como director artístico del Teatro Mikhailovsky de San Petersburgo, y digo “se presenta” porque títulos, lo que se dice títulos, nunca mostró (Oi, creo que esta jugada ya la vi en otros mundiales. Hace falta un Varsky de la corrupción para que lo recuerde).
Sus biógrafos turiferarios aseguran que todo está en regla, pero las dudas arrecian. Es que cuando fueron al VAR y le exigieron que mostrara los originales diplomas rusos (por un caso que ya va, ya va, tranquilo que falta para llegar a los penales) no los mostró, sólo pasó unas traducciones al español. Y hay más: la homologación por el Ministerio de Educación español se hizo en tiempo récord: uno de los títulos se homologó sólo entre 6 y 13 días después de la traducción (septiembre 2010) y el otro en pocas semanas (noviembre 2010). Lo raro es que el proceso normal para títulos que no son de la Comunidad Europea puede tardar años. Extraño todo.
En cuanto a lo de “director artístico del Teatro Mikhailovsky”, no hay ningún dato del teatro que lo corrobore. Sólo hablan de alguna colaboración puntual.
¿Por qué todo esto es grave?
Porque esos supuestos títulos le sirvieron para conseguir un puesto que, acaba de descubrir el VAR, lo inventaron para él. Se presentó como “director general”, pero resulta que la mayor parte de sus estudios en Rusia se centró en el estudio de los repiques de campanas y su uso musical. El hermanísimo dedicó años a profundizar en esa disciplina, el tan tan tan de las campanas, que ocultó en su CV para mostrarse como director general.
Todo comenzó el mismo día en que se publicó el nombramiento de David Sánchez en el Boletín Oficial de la Provincia de Badajoz, en julio del 2017. Ese día, el partido de izquierda Podemos Extremadura —aún no socio del Gobierno— convocó una rueda de prensa y denunció públicamente que se hubiera creado un puesto que no existía para contratar a dedo al hermano de Pedro Sánchez (que acababa de recuperar la secretaría general del PSOE), calificándolo de nepotismo y “enchufismo” (como le llaman a nuestro conocido “acomodo”).
La cosa parecía quedar ahí hasta que la organización Manos Limpias (calificada de ultraderecha por el Gobierno del PSOE) hizo siete años después una presentación judicial.
Hubo de todo en el juicio.
Antes de que ocurriera se intercambiaban mails entre funcionarios del área, asegurando que el puesto ya estaba decidido para “el hermanísimo”, que, entre otras cosas, se buscó una casa para una estancia larga por Airbnb en Badajoz mucho antes de que le dieran oficialmente el puesto. Parece que iba a alquilar por años por las dudas.
Hubo un periodista de investigación —esos seres que en Argentina están faltando—, Alejandro Entrambasaguas, que entró escondido todos los días durante semanas a la supuesta oficina del hermanísimo y fotografió que nada se movía de lugar en ese despacho, demostrando que el tipo al que le crearon el puesto ni iba a la ciudad. O sea, un delantero que hacía goles sin tocar la pelota, podría decirse.
Toda la saga —maravillosa— se puede leer en el libro de Entrambasaguas La sagrada familia. Entre otras cosas, cuenta ahí que el hermanísimo fijó su residencia en Portugal —cerca de Badajoz— para pagar menos impuestos. Pero a esa truchada le sumó otra: no trabajaba en Badajoz, no vivía en Portugal. Vivía en el Palacio de la Moncloa (la casa de gobierno español) a cuesta y cargo de los españoles, con su esposa japonesa y su hijita. Y cuando se tuvo que mudar dejó la camioneta estacionada en el lugar y cada tanto un empleado del Gobierno tenía que encenderla para que no se le jodiera la batería, cuenta Entrambasaguas. Pero, además, el hermanísimo consiguió que un íntimo amigo —Luis Carrero— también fuera “enchufado”. En el juicio le preguntaron, ya que era “jefe de la oficina de artes escénicas”, qué corno era una “oficina de artes escénicas”. Y dijo el hermanísimo: “supongo que será… pues… una oficina encargada de las artes escénicas”. ¿Córner número?
También le preguntaron dónde quedaba la tal oficina. No, no supo contestarlo.
El árbitro (la Audiencia Provincial) sacó la roja: nueve años de inhabilitación para ejercer cargos públicos a David Sánchez Pérez-Castejón por “prevaricación administrativa como cooperador necesario”. Absuelto de tráfico de influencias, eso sí, porque, pese a todos los indicios que había, no pudieron probar que el Pedrosánche hubiera influído para que le dieran el cargo. Como si hiciera falta que el presidente levantase el teléfono y dijese “acomodalo a mi hermano”.
Tampoco sirvió como prueba que desde el PSOE activaran a sus “fontaneros” (como llaman a los “operadores políticos que hacen el trabajo sucio”) para que enchastraran a la jueza del caso buscándole hasta la última partícula de mugre, siguiéndola a ella y a sus hijas (como no le encontraron nada, difundieron una imagen de inteligencia artificial donde se la veía en el campo, al lado de un auto y un chongo, con el piso cubierto de preservativos, ¡la imaginación!).
Los puristas dirán que es una condena “leve”. Pero hay que preguntarse: ¿leve para quién? Para él, que no va a la cárcel, pero sí se queda sin cargo público ni derecho a presentarse a elecciones durante casi una década. Igual, tampoco se lo ve con muchas ganas de laburar: dale una campana y es feliz.
Otro castigado fue Miguel Ángel Gallardo, el expresidente de la diputación que se ligó 18 años de inhabilitación porque fue el que inventó el cargo a medida. Tan metida está la política en la justicia española que la fiscalía —la que tiene que acusar— pedía sobreseimiento total. Por lo pronto, los 340.000 euros que el hermanísimo cobró en todo ese tiempo, ni los tiene que devolver.
Sí, 340.000 euros.
¿Con eso nos quieren competir?
Trescientos cuarenta mil es lo que cobra en cuatro años y nueve meses Adolfo Rodríguez Saá por su jubilación de privilegio por haber sido presidente durante siete días, en el 2001. Ah, y ahí no se cuenta su pensión como exsenador. Hace 25 años que se lo estamos pagando.
Y eso acá ni se considera “corrupción”.
El presidente español acomodó a su hermano en un puestito menor de “jefe de la oficina de artes escénicas” en Badajoz. ¿Y? ¿Querés que te cuente qué hacen los presidentes argentinos con sus hermanos o hermanas?
Dale, ¿no ves que son hijos nuestros?
En este Mundial de la Corrupción, Argentina gana porque tiene profundidad y, sobre todo, una hinchada que ya no exige. Por un lado, no depende de un solo jugador. Tiene historia, presente y futuro asegurado. Familias, intermediarios, coimas y un estilo que trasciende ideologías. Por el otro, la hinchada argentina aplaude el espectáculo mientras el estadio se cae a pedazos: “Total, todos roban”, “Es lo de siempre”, “Son todos iguales”, “Liberen a Cristina”.
España también tiene equipo: el hermanísimo con su orquesta de campanas en Badajoz, la esposa Begoña, a la que llegaron a sacarle el pasaporte, el robo con obra pública y barbijos, Leire y sus “fontaneras” y un largo etcétera de “entornos” que, casualmente, siempre terminan orbitando alrededor de Pedro Sánchez.
Todo muy moderno, muy “progresista”, muy “anticasta”… hasta que sale un audio, un correo, una homologación exprés o una plaza creada a medida. Es un once titular coordinado: cada uno juega su partido, pero todos rematan para el mismo capitán.
O sea, mientras Argentina tiene una liga completa de escándalos y una hinchada que ya no exige, España cuenta con un equipo bien aceitado alrededor de una sola figura y, sobre todo, con un árbitro, la justicia, que todavía es independiente y se impone, y un VAR manejado por la prensa que, aunque polarizada, sigue sacando los trapos al sol. Eso que a la Argentina le cuesta cada vez más, entre chupamedias de los de ahora y chupamedias de los de antes.
Para la próxima, la Argentina sí o sí necesitará una hinchada que exija más que resignación. España sólo necesita que su equipo no dependa tanto de un solo vestuario y que los árbitros sigan siendo independientes.
¿El otro mundial?
¿El que termina hoy en un verano en Nueva Yol?
No, claro, de ése ni palabra por anticipado.
Seamos serios, cuidemos las cábalas, que la irracionalidad es lo único que nos queda.
Seúl

Comentarios
Publicar un comentario
El comentario estará sujeto a la aprobación del equipo y su administrador. Gracias.