OPINIÓN
La palabra surannée es un adjetivo francés que en español se traduce como nostálgico, anticuado
Por Walter R. Quinteros
Se utiliza para describir algo o alguien que pertenece a una época pasada, que ha quedado demodé o que ya no está vigente. Admito que conocí esta palabra gracias a Jorge Luis Borges, él dice sobre la novela La Amortajada de María Luisa Bombal y que supe publicar en este blog, aunque con muy poca repercusión. Y eso tiene su explicación. Las personas cultas que quedan son pocas, hoy se impone otra cosa, menos fina, más barata. O no tienen tiempo para leer. Me dicen algunos para justificarse.
El argumento de La Amortajada fue confiado por la autora a Jorge Luis Borges, cuya respuesta no fue alentadora. Dudando sobre la viabilidad del argumento, respondió a Bombal que: "Dos riesgos lo acechaban, igualmente mortales: uno, el oscurecimiento de los hechos humanos de la novela por el gran hecho sobrehumano de la muerta sensible y meditabunda; otro, el oscurecimiento de ese gran hecho por los hechos humanos".
Posteriormente, María Luisa Bombal, tras afinar aquellos detalles, se lo reenvió a Borges, quien, admirado y tras la publicación del libro, dijo al respecto en Buenos Aires, en agosto de 1938: "Libro de triste magia, deliberadamente suranée, libro de oculta organización eficaz, libro que no olvidará nuestra América".
Parece que si, a menos que interpreten que cultura es otra cosa. O que la cultura que publico, no es cultura para algunos. Pero sigamos con esto que vino a mi mente mientras buscaba el pañuelo de tela planchado en los bolsillos para secar algunas lágrimas.
La autora nos dice que el primer evento que ocurre entre el ataúd y el exterior es cuando llega Ricardo a verla. Él era su primer y más fuerte amor. "Te recuerdo, te recuerdo adolescente. Recuerdo tu pupila clara, tu tez curtida por el sol, tu cuerpo entonces, afilado y nervioso". Ella va expresando sentimientos de rabia hacia Ricardo y a la vez, describiendo con alegría momentos especiales entre ambos. Ana María, la amortajada, recuerda que comenzó a tener sensaciones físicas que nunca había sentido antes, las que describe como una dulce fatiga, cuando se sentía aletargada y desmotivada de hacer cualquier actividad que requiriera esfuerzo. Recalca que sus senos están comenzando a florecer, dando señales de su embarazo. "Ni un momento pensé en las consecuencias de todo aquello. No pensaba sino en gozar de esa presencia tuya en mis entrañas. Y escuchaba tu beso, lo dejaba crecer dentro de mí".
Pasamos al final, donde ella describe el momento exacto cuando sus seres queridos comienzan a acarrear el ataúd donde ella se encuentra. Ella relata eventos y saca deducciones según los movimientos del ataúd. También saca conclusiones según quienes la están llevando, momento donde ella ve el cielo. Finalmente, ella siente que la empujan hacia abajo sin cesar, como si se tratase de un hoyo infinito. Y he aquí que se siente precipitada hacia abajo, vertiginosamente durante un tiempo ilimitado; como si hubieran cavado el fondo de la cripta y pretendieran sepultarla en las entrañas mismas de la tierra.
¿Quién fue María Luisa Bombal, que irrumpió en mis recuerdos?
Una poeta chilena que escribía en prosa. Así rápido, grotesca respuesta, nada de ser surannée.
Pero como soy "chapado a la antigua", debo decirles que nació en Viña del Mar el 8 de junio de 1910 y falleció en Santiago el 6 de mayo de 1980. Wikipedia señala que su obra, relativamente breve en extensión, se centra en personajes femeninos y su mundo interno, a través del cual escapan de la realidad. Destacó, además, que no se vinculó a ninguna corriente de la época, alejándose conscientemente de las vanguardias y el criollismo. Sus obras más conocidas son las novelas cortas La última niebla, escrita en Buenos Aires, y La amortajada.
Como les dije al principio de esta nota, conocí la palabra surannée, gracias a Borges.
¿Qué es ser surannée?
La palabra surannée es un adjetivo francés que en español se traduce como nostálgico, anticuado, obsoleto o desueto. Demodé y coso, ponele.
Pero sigo preguntándome en el murmullo respetuoso de la sala velatoria donde me encuentro.
En un argumento, donde una mujer abre levemente los ojos para ver a su alrededor desde su ataúd, y dónde ella recuerda a cada uno que se acerca a verla, ¿era para Borges el oscurecimiento de los hechos humanos, por el gran hecho sobrehumano de la muerta sensible y meditabunda; era, el oscurecimiento de ese gran hecho por los hechos humanos?
La respuesta de Borges hace que Bombal acomode el argumento. Y ahora si, Borges nos dice a todos que La amortajada es entonces, "un libro de triste magia, deliberadamente suranée, libro de oculta organización eficaz, libro que no olvidará nuestra América".
¿Qué sería una triste magia? Me pregunto, pero ya entre los ruidos invasores de casa.
Según la IA de esta PC, La "triste magia" suele referirse a una metáfora emocional o a un concepto en obras de ficción donde los actos de ilusión, los poderes o las transformaciones conllevan una carga de nostalgia, melancolía o pérdida. Bien, en este caso, coincide IA con mi pensamiento, mis lejanas alusiones cuando escribo. Y Borges señalaría tiempo después, algo parecido cuando escribe que "a la luna, la vigilia humana por siglos, la ha cubierto de un antiguo llanto". Triste magia que nos hace surannée.
Para ir a misa, o a cobrar el sueldo, tomar un trago en un bar, o cualquier otra actividad dónde debían relacionarse con otras personas, los hombres que cubrían a la luna con un antiguo llanto, usaban traje. Sin ir más lejos, ni buscar viejas fotografías familiares o extraídas de internet, mis abuelos y mi padre no se asomaban a la vereda sin traje.
El término francés surannée, dijimos que significa anticuado, obsoleto o pasado de moda. En este caso cuando nos referimos a un "hombre que es surannée", tenemos que describir a alguien con modales, estilo de vida, vestimenta o pensamiento de otra época, con una elegancia nostálgica y clásica. Yo soy un hombre surannée. Un "demodé" que usa traje hasta para arreglar algunos asuntos.
Cuando voy a las oficinas en Córdoba uso traje. Todavía dejo el lado de la pared en las veredas a las damas. A mi edad, aún cedo el asiento en el transporte público. Soy un hombre surannée. Soy de los que piensan que la corbata es la prenda más elegante. A veces veo algunos políticos hacerse los surannée. Algunos periodistas de televisión también, algunos actores de las películas de Quentin Tarantino también, James Bond también. Los empleados de la funeraia, también. Debieran prohibir la entrada a los velatorios al que no va vestido de surannée.
Hablemos de eso
Dice en su blog Paloma González, que hay muchas ventajas al ponerte un traje. Que tenemos que saber que hay grandes beneficios. Muchos creen que el traje es demasiado rígido y que realmente no hay una buena razón para ir a trabajar con saco y corbata, pero la verdad es que el traje siempre va a ser un clásico de la moda masculina y, además, usar uno, tiene muchos beneficios que van más allá de verte serio donde sea.
¿Qué "look" ha hecho que un hombre se vea con más autoridad/poder/elegancia/respeto durante los últimos 200 años, desde que apareció en Inglaterra en la época victoriana?
El traje, claramente. Nos dice Paloma.
Pero agrego un concepto: si bien el rico se viste como quiere, y el pobre como puede, el suranné, siempre tendrá la dignidad de un señor surannée.
Pero los recuerdos me llevan a pasar otro dato. A algunos "culturosos" se les hincharán las venas del cuello, ya que solo miran su propio ombligo; en 1963, los compositores argentinos Margarita Durán y Pedro Belisario Pérez, compusieron la canción "Amarraditos". A pesar de tener raíces argentinas, fue inmortalizada como vals peruano, pero no, es un vals bien argentino. Me recuerda mucho la época en que con ella, caminaba por las calles de Córdoba. Su letra, si la memoria no me falla, me parece que dice algo así, y si no es así, no importa:
espumas y terciopelo.
Tú con un recrujir de almidón
y yo, serio y altanero.
La gente nos miraba
con envidia por la calle,
murmuraban los vecinos
los amigos y el alcalde.
No se estilan.
Ya sé que no se estilan
tus ojazos y mi orgullo,
cuando íbamos del brazo
por el sol y sin apuro.
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Desde que camino solo, voy pasando mis dedos por las paredes para que se gasten con mis brazos y todo mi cuerpo y a las hilachas de mi ropa, se las lleve el viento.
Perdón por esta forma tan mía de ser, y gracias por todo tu tiempo a mi lado, Silvia.

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