CULTURA
Cada vez hablo menos
Por José Antonio Garriga Vela
Cada día me cuesta más trabajo pronunciar palabras. Me pregunto si decidí ser escritor para no tener que hablar. Al escribir tengo tiempo suficiente para pensar lo que voy a decir. Hay una frase que refleja de forma nítida lo que pretendo transmitir: «Al hablar floto y al flotar me pierdo, cuando escribo me realizo». Me gusta escuchar los comentarios de los desconocidos siempre que salgo a la calle. Entro un instante en sus vidas como si fueran lugares sagrados. Después reflexiono sobre lo que he oído. Unas palabras equivocadas pueden ofrecer una imagen falsa de la persona que las haya pronunciado. También los silencios permiten interpretar la realidad a nuestro antojo y por eso favorecen la creatividad. No sé si me explico, porque ahora mismo estoy escribiendo como si hablara en voz alta.
Cuando asisto a una velada siempre termino cayendo en la tentación de romper el silencio para manifestar algún juicio. Entonces hablo más de la cuenta y después me arrepiento. Me quedo con la sensación de haberme comportado igual que si viniera de otro mundo y con la certeza de que los demás sospechan que estoy en babia. No lo dicen, aunque lo piensan en silencio; porque hay silencios no guardan ninguna relación con el que yo defiendo. Silencios que traicionan, por ejemplo. El silencio de los cobardes y los hipócritas. Los que callan y otorgan. Nunca sabremos lo que verdaderamente piensan de nosotros. El silencio del que perpetra un acto violento. No quiero ni oír hablar de estos silencios. Yo sólo persigo una confortable intimidad que no necesita palabras.
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