OPINIÓN
Una genuina piedra preciosa
Cuando uno busca el significado de la expresión “gema”, el diccionario habla de “piedra preciosa”, de “nombre genérico de las piedras preciosas, principalmente de las denominadas orientales; joya, alhaja”. Y una significación más abarcadora, aporta que se trata de “piedras preciosas minerales como por ejemplo rubí, diamante, esmeralda, zafiro; semipreciosas como espinela, alejandrita, tanzanita, malaquita o granate; vidrios naturales como la obsidiana; rocas como el lapislázuli o el ónix, productos fósiles de origen orgánico como el azabache o el ámbar y productos biogénicos como las perlas (producida por una ostra) o el coral (formado por la secreción calcárea de pequeños pólipos marinos).” A lo anterior, agregaría una clasificación muy personal, y es esta: dentro de las gemas preciosas ubicaría las preciosísimas, esto es, las que por determinadas cualidades, por ciertas excepciones, se destaquen aún de las preciosas. Por ejemplo, el diamante es una piedra preciosa muy codiciada, pero dentro de los diamantes hay uno llamado “Cullinan” cuyo tamaño lo hace excepcional.
No hace mucho he tenido la oportunidad de profundizar, conocer más y llegar a amar, a una hermosísima joven llamada “Gema”, la cual murió con tan solo veinticinco años. Se trata de Santa Gema Galgani. Una vida interior riquísima, un grado de amistad con Dios y Sus cosas, difícil de hallar.
Gema vivió su vida entregada a Cristo, siendo una amante de la Pasión de Él. Nunca ingresó a ningún convento. Sus últimos años de vida transcurrieron viviendo en la casa de una familia que le amaba inmensamente, y allí, entre los quehaceres domésticos, el silencio, la oración y las prácticas de las virtudes, se fue santificando.
Podría decirse que, básicamente, los guías espirituales de la santa fueron su confesor general, Monseñor Volpi (muerto en olor de santidad), y su director espiritual y biógrafo, el R. P. Germán de San Estanislao (también muerto en olor de santidad).
DOS LIBROS
Primero vine a dar con un libro viejo escrito por el R.P. Germán de San Estanislao (Pasionista), libro titulado Biografía de la Sierva de Dios Gema Galgani (1878-1903); fue editado por Ediciones Herederos de Juan Gil, Sexta Edición, Barcelona, 1915. Después hallé otro denominado Gema Galgani – Epistolario (edición definitiva); este último realizado por los Padres Pasionistas y editado por Ediciones Liturgia Española, Barcelona, 1944.
Tocante al primer texto indicado, modernamente existe una edición hecha por editorial Palabra, y solo ha cambiado el título, pues habla de Santa Gema Galgani atento a que fuera canonizada en 1940.
A la entrega total que Gema hace de todo su ser a la Augusta Trinidad, Dios quiso regalarle gracias especiales: visitas de Cristo mismo, de la Santísima Virgen María, de su ángel de la guarda, del ángel de la guarda de su director espiritual, de santos (principalmente de San Gabriel de la Dolorosa); éxtasis; llevar un tiempo en sus manos, pies y pecho las llagas de Jesús; sudar sangre; emanar de su cuerpo exquisito olor; portar la corona de espinas; milagros; conversiones numerosísimas, entre otras cosas.
El demonio y sus secuaces le atormentaban de variados modos: a veces con apariciones en formas horribles o cargadas de obscenidades; otras, golpeándole con dureza; otras paralizándole el cuerpo; otras, impidiéndole noches enteras el dormir; otras, quemándole escritos que hacía; otras, intentando confundirla o llevarla a la desesperación.
Jesucristo tomó a su preciosísima Gema en sus manos, la fue puliendo días tras día, la fue facetando, hasta que, finalmente, tras veinticinco años en esta Tierra, murió esbozando una sonrisa, inclinándose levemente su cabeza hacia un costado.
AMOR A LA VIRGEN
En este brevísimo escrito, quiero puntualizar el gigantesco amor de Santa Gema Galgani por la Santísima Virgen María, y a modo de desagravio contra el ultraje llevado a cabo en el documento Mater Populi Fideli que desaconsejó darle a la Madre de Dios los títulos de “Corrdentora y de Mediadora”, transcribo lo que Santa Gema Galgani sostuvo.
Dijo la santa italiana de Toscana (más precisamente de la ciudad de Lucca, de ahí que se la llamó “la virgen de Lucca”) sobre la Santísima Virgen María a quien llamaba tiernísimamente “Mamá”:
“¡Pobre Mamá! ¿Qué decir del dolor de esta pobrecita Madre cuando vio crucificado a su Hijo?, ¡qué de saetas la traspasarían!, bien sé yo que todo mal que se hace al hijo en presencia del padre o de la madre, hiere igualmente al hijo y a los padres. Mi mamá se vio por consiguiente crucificada a la par de Jesús” (Gema Galgani – Epistolario (edición definitiva), Padres Pasionistas, Ed. Liturgia española, Barcelona, 1944, p. 102).
Y también esto otro: “¡Y si viera qué preciosa es la corona de gloria que puso el Eterno Padre sobre la frente de mi Mamá! (…). En la corona aparecía una señal que quería decir que era la dispensadora de los tesoros del paraíso (ob. cit. p. 179).
Cierto día, el R.P. Germán de San Estanislao le escribió a Monseñor Volpi sobre Santa Gema: “Cuídela (…) V.E como si fuere una perla” (Biografía de la Sierva de Dios Gema Galgani - 1878-1903, ed. Herederos de Juan Gili, sexta edición, Barcelona, 1915, p. 38).
LA PRENSA
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