RADIOGRAFÍA DE LA DESIGUALDAD

 POLÍTICA

Marcos Juárez y Cruz del Eje: los dos extremos de una Córdoba dispar

Por Virginia Guevara

Una radiografía del desarrollo de cada departamento cordobés muestra un fuerte contraste entre el sudeste agroindustrial y el noroeste de escaso desarrollo productivo. La Capital concentra desigualdades en un mismo espacio urbano.

La provincia de Córdoba no es un territorio homogéneo. Esa es la premisa central que atraviesa el estudio del Consejo para la Planificación Estratégica de Córdoba (Copec), que pone en evidencia una estructura profundamente desigual, con regiones que operan a distintas velocidades económicas y sociales. En ese mapa, los extremos están bien definidos: el departamento Marcos Juárez, como expresión de la Córdoba productiva e integrada, y Cruz del Eje, como síntesis de las dificultades estructurales del noroeste. En el medio –y con un peso determinante– aparece el departamento Capital, que concentra población, servicios y oportunidades, pero también tensiones crecientes.

El informe del organismo liderado por José Emilio Graglia describe una provincia atravesada por una brecha territorial persistente. De un lado, el centro-este, con economías dinámicas, infraestructura consolidada y fuerte inserción en mercados nacionales e internacionales. Del otro, el arco noroeste, con menor densidad productiva, altos niveles de informalidad y dependencia del empleo público o de transferencias estatales. No se trata solo de diferencias económicas: son también brechas en acceso a servicios, calidad educativa, oportunidades laborales y capacidad institucional.

El estudio tiene más de 700 páginas y dos tomos. Analiza tanto indicadores objetivos provenientes de fuentes estadísticas oficiales e institucionales como indicadores subjetivos que se dividen en información de opinión pública y evaluaciones de actores territoriales institucionales. El análisis aborda cinco dimensiones que aglutinan los grandes ordenadores del desarrollo integral de cada departamento: capital físico, actividad económica, capital social, capacidades humanas y capacidades institucionales.


Esas dimensiones se desagregan en 10 componentes y 90 indicadores, que relevan toda la información disponible sobre vivienda, habitabilidad y servicios de los hogares; infraestructura de servicios, vial y digital; dinámica productiva; mercado de trabajo; seguridad y acceso a la Justicia; convivencia y redes interpersonales; educación; salud; ambiente; entramado institucional y participación. Sobre toda esa informaciòn, el trabajo desarrolla una noción de desarrollo integral, que propone una lectura más amplia del progreso social, incorporando dimensiones económicas, sociales, humanas, ambientales e institucionales

Los dos extremos del desarrollo provincial

En ese esquema, Marcos Juárez representa uno de los casos más sólidos del modelo productivo cordobés. Su perfil agroindustrial, basado en la producción extensiva de granos y en una red de servicios y empresas vinculadas al sector, le permite sostener niveles relativamente altos de empleo formal y dinamismo económico. Allí, el problema no es la falta de actividad, sino cómo sostener la competitividad en un contexto cambiante. El estudio advierte sobre desafíos de “segunda generación”: la necesidad de incorporar innovación tecnológica, diversificar la matriz productiva y evitar la excesiva dependencia del ciclo agroexportador.

Los indicadores acompañan esa caracterización. Marcos Juárez presenta menores tasas de abandono escolar en el nivel secundario, mayor estabilidad en el empleo y una estructura económica capaz de absorber mano de obra calificada. La relación entre educación y mercado laboral funciona de manera más eficiente: quienes se forman tienen mayores posibilidades de insertarse en empleos de calidad.

En el otro extremo, Cruz del Eje expone una realidad muy distinta. Con una economía más débil y menos diversificada, basada en actividades primarias de menor escala como la olivicultura, el departamento enfrenta limitaciones estructurales para generar empleo privado. Uno de los datos más elocuentes es que menos de la mitad de su población cuenta con cobertura de salud, un indicador que refleja altos niveles de informalidad laboral y bajos ingresos.

A diferencia de Marcos Juárez, el problema en Cruz del Eje no es la competitividad futura, sino el desarrollo presente. El sistema productivo local tiene dificultades para generar valor agregado y absorber mano de obra, lo que deriva en una fuerte dependencia del Estado como empleador o sostén de ingresos. A esto se suman déficits en infraestructura, conectividad y acceso a servicios, que refuerzan el círculo de estancamiento.

Incluso en el plano educativo, donde los niveles de acceso a estudios superiores no difieren sustancialmente entre ambos departamentos, la brecha se hace evidente en los resultados. En Cruz del Eje, las trayectorias escolares son más frágiles, con mayores tasas de abandono y menor continuidad, lo que limita las posibilidades de inserción laboral futura. La educación, en este caso, no logra traducirse en oportunidades concretas.

"A grandes rasgos, se contraponen las realidades del oeste y el norte (con un desarrollo bajo y medio bajo) versus el este y sur (con un desarrollo alto y medio alto). Los departamentos del centro tienen desarrollos medios. El Departamento Capital se destaca por una alta medición en 'capital físico' y bajas mediciones en el resto de las dimensiones, especialmente en 'capital social', por la inseguridad", resume Graglia.

Recalca que al analizar las cinco dimensiones del desarrollo que propone el Copec, el territorio cordobés es equilibrado en capacidades humanas (la brecha entre el departamento más desarrollado y el menos desarrollado es 1,6) y desequilibrado en actividad económica (la brecha es de 6,4).

La Capital, territorio fragmentado

Esa concentración le otorga ventajas claras. Capital tiene mejores indicadores promedio en educación, acceso a servicios y disponibilidad de empleo. Es el principal polo formador de capital humano de la provincia y el nodo desde el cual se articulan muchas de las decisiones económicas y políticas. Sin embargo, esa misma centralidad genera tensiones.

El informe del Copec subraya que el principal rasgo del departamento Capital es la desigualdad interna. A diferencia de lo que ocurre en el interior, donde las brechas son entre regiones, en la ciudad de Córdoba las diferencias se expresan dentro del propio territorio. Conviven sectores altamente calificados, con inserción en economías dinámicas, y amplias franjas de población con empleos precarios, ingresos bajos y dificultades de acceso a vivienda y servicios.

El mercado laboral refleja esa dualidad. Por un lado, existe un segmento de empleo calificado, vinculado a servicios profesionales, tecnología y administración. Por otro, crece un sector informal o de baja calidad, asociado a actividades de subsistencia o servicios de baja productividad. La ciudad funciona, así, como un espacio de oportunidades y, al mismo tiempo, de reproducción de desigualdades.

A esto se suma la presión sobre la infraestructura urbana. El crecimiento demográfico, muchas veces desordenado, tensiona los sistemas de transporte, salud y servicios básicos. El desafío no es solo expandir la cobertura, sino hacerlo de manera eficiente y equitativa.

En términos de gobernanza, Capital también presenta particularidades. Tiene mayor capacidad institucional que el resto de los departamentos, pero enfrenta una complejidad superior en la gestión, con múltiples niveles de intervención estatal y una demanda social más intensa.

El diagnóstico del Copec es claro: el desarrollo de Córdoba no depende únicamente de potenciar sus regiones más dinámicas, sino de reducir las brechas que separan a territorios como Marcos Juárez y Cruz del Eje. Y en ese proceso, el departamento Capital juega un rol clave, no solo como motor económico, sino como espacio donde se concentran –y se hacen más visibles– las tensiones del modelo provincial.

La provincia, en definitiva, no enfrenta un problema único, sino múltiples realidades que requieren respuestas diferenciadas. Entender esas diferencias es el primer paso para diseñar políticas que no solo impulsen el crecimiento, sino que también reduzcan las desigualdades que hoy definen su mapa territorial.

Más allá de los casos extremos y del peso específico del departamento Capital, el estudio del Copec traza un mapa más amplio que permite ubicar al resto de los departamentos dentro de esta lógica de “Córdoba a distintas velocidades”.

En ese esquema, varios territorios del centro y sudeste –como Unión, San Justo, Tercero Arriba o General San Martín– comparten rasgos con Marcos Juárez: economías agroindustriales relativamente consolidadas, buen nivel de integración logística y mayor capacidad de generar empleo privado. Si bien no alcanzan siempre los mismos niveles de dinamismo, forman parte del núcleo productivo provincial y concentran buena parte de las exportaciones y del valor agregado.

En una posición intermedia aparecen departamentos como Río Cuarto, Colón, Punilla o Santa María, que combinan actividades productivas, servicios y, en algunos casos, turismo. Estos territorios muestran mayor diversificación, pero también enfrentan tensiones propias del crecimiento, como la expansión urbana desordenada, la presión sobre la infraestructura y la coexistencia de sectores dinámicos con otros más rezagados. En particular, el Gran Córdoba ampliado –que incluye a Colón y Santa María– refleja una extensión de las problemáticas de Capital, con procesos de conurbanización que replican desigualdades y demandas crecientes de servicios.

Por otro lado, en el norte y oeste provincial –departamentos como Ischilín, Sobremonte, Minas, Pocho, San Alberto o Tulumba– se repiten, con matices, las características observadas en Cruz del Eje. Se trata de territorios con baja densidad poblacional, economías poco diversificadas y limitaciones estructurales para atraer inversiones. En estos casos, el informe enfatiza la necesidad de políticas activas de desarrollo territorial, con foco en infraestructura, conectividad y fortalecimiento de las capacidades locales.

Finalmente, hay departamentos con perfiles específicos que complejizan aún más el mapa provincial. Calamuchita y San Javier, por ejemplo, combinan turismo y producción, con dinámicas estacionales que generan ingresos pero también inestabilidad laboral.

Río Seco o General Roca, en tanto, presentan economías más vinculadas a actividades primarias con menor valor agregado. Esta heterogeneidad confirma la tesis central del estudio: no existe una única Córdoba, sino múltiples realidades que requieren estrategias diferenciadas para lograr un desarrollo más equilibrado.

Complicado cruce entre población y Producto Bruto

Entre 2010–2022 el departamento Calamuchita registró un crecimiento poblacional de 38,7% –más del doble que el promedio provincial, que fue de 16,1%– pero en el mismo período el Producto Bruto Geográfico per cápita (a precios constantes de 2004) pasó de $13.411 a $9.921, lo que representa una disminución del 26,02%. Esta caída también es significativamente mayor a la variación provincial, que fue de -1,5% en esos 12 años.

Aunque con brechas no tan extremas, los departamentos de Río Primero, Santa María, Colón y Punilla también sumaron más población que actividad económica, por lo que cayó el PBG. El trabajo sugiere las limitaciones del turismo como actividad principal de varias de estas regiones.

En contraste, en territorios con bajo crecimiento poblacional –como Marcos Juárez, General Roca o Presidente Roque Sáenz Peña– el aumento del PBG per cápita se vincula más con mejoras en la productividad que con la expansión de la actividad.

"Esta divergencia evidencia que el tamaño de la economía y su dinamismo no dependen únicamente del crecimiento poblacional, sino de la capacidad de los territorios para generar valor agregado en función de su estructura productiva", señala el Copec.

La Voz del Interior


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