EL PADRE DE LA INDUSTRIA EN CÓRDOBA

HISTORIAS

Apellido de prócer, militar, gobernador, padre de industrias. El rastrojero, la moto Puma, el Pulqui. Todo le pertenece a él, el hombre con apellido de prócer. Brigadier San Martín

Por Juan Cruz Taborda Varela

Juan Ignacio San Martín nació con el siglo XX, en 1904, con un apellido que será siempre estigma. Nacer siendo San Martín es mucho más que nacer: es estar obligado a vivir con el apellido más fuerte de nuestra historia. Quizás para sacarle peso, al más pequeño de los 23 hermanos no le pusieron José Francisco. El último de los 23 se llamó Juan Ignacio San Martín. Su madre, casada a los 14 años, había comenzado a parir hacía 30 años. Por lo tanto, el hermano mayor del niño recién nacido tenía 30: era su hermano, podía ser su padre.

De los 23 hijos e hijas sólo 12 llegaron a adultos. La mortalidad infantil golpea duro. El padre de toda la banda murió cuando Juan Ignacio tenía tres. La mortalidad de nuestros padres pega igual de duro. Familia numerosa, madre a cargo, el niño se convirtió en alumno casi obligado del Colegio Militar de la Nación. Estudios, comida, cama, disciplina, todo asegurado. Incluso, quizás, un futuro. Con 20 años egresó como subteniente y nunca más se alejó del arma. En cada descanso de verano, allá por la década del ‘20, se iba a visitar a uno de sus hermanos San Martín en Junín de los Andes. Félix San Martín era historiador, sería gobernador de Neuquén y vecino de un sueco, en cuya estancia pasaba los veranos otro joven militar llamado Juan Domingo Perón. En esos veranos, San Martín y Perón se hicieron amigos.

Veranos en el sur y estudios para ser ingeniero militar. La buena vida se interrumpió con el Golpe del ‘30, que tuvo a los amigos Perón y San Martín como participantes activos. (Stop: La crítica, hoy, es fácil. La democracia, en aquellos años, estaba lejos del valor que le asignamos ahora. Participar de un golpe está mal, pretender juzgar la historia con nuestros parámetros actuales también está mal).

Volvamos a San Martín: con la dictadura de Uriburu se recibió de ingeniero y llegó el día que cambiaría su vida: fue destinado en la Fábrica militar de aviones de Córdoba. Un par de años conociendo el mundo de la gran industria y después a Italia: 5 años de estudios para una vez más volver a Córdoba. En nuestra ciudad fue nombrado director del Instituto Aerotécnico, nuevo nombre de la vieja Fábrica militar de aviones. A partir de aquí San Martín puso en juego las ideas que cambiarían el desarrollo de nuestra industria y de nuestra provincia. Primero, fabricar en su totalidad los aviones argentinos, incluyendo los motores. Y no sólo eso: que todos los insumos fueran nacionales. Por entonces los aviones se hacían con chapa de madera terciada que venía de Estados Unidos pero San Martín quería que fuera todo nacional. Compró una partida de terciado de Misiones, pero los técnicos le dijeron que no, que no servía. Entonces no tuvo más remedio que engañarlos: envolvió la misma madera misionera con el envoltorio que venía de Estados Unidos. Ahora los técnicos le dijeron que sí y los aviones fueron 100% argentos.

El 4 de julio del ‘46, con su amigo Perón como presidente, San Martín exhibió por primera vez el Calquín (águila real en lengua aborigen), un avión bimotor bombardero de ataque construido en madera. 101 Calquín fueron incorporados a la Fuerza Aérea. Luego vendría El Mañque (que significa cóndor), planeador de asalto y transporte de tropa con capacidad para 16 hombres. Poco después, El Pulqui 1 y en septiembre de 1947 voló por primera vez el Colibrí y más tarde vendría el Chingolo y el proyecto AM1, un cohete teledirigido de 1,80 metros de envergadura que podía llevar una carga útil de 500 kg conocido como bomba voladora. El ensayo se realizó en las Salinas grandes de Córdoba, a 50 km de Totoralejo, el pueblito donde vive una persona.

Todo en Córdoba, todo obra de la genialidad de San Martín.

Genialidad que no dormía en los laureles. La siguiente obra hecha en Córdoba fue El Pulqui 2, avión monoplaza con el diseño más avanzado de la época, asiento eyectable y equipado con un turbo reactor Rolls Royce llamado Nene 2. Como todo esto no era suficiente, en el ‘48 San Martín creó la división Paracaídas para abastecer a las Fuerzas Armadas y a la actividad deportiva. Como todo no era suficiente, por esos días lo llamó su amigo Perón, el presidente:

_ Juan Ignacio, vengase a la Casa Rosada. Tengo algo para decirle.

El 23 de julio del ‘48 Juan Ignacio San Martín, el menor de 23 hermanos, huérfano de padre desde los 3, ingeniero militar y con una cabeza sin descanso, escuchó lo que el presidente tenía para decirle:

_ Ya es hora que normalicemos la situación de Córdoba. Hay que llamar a elecciones a fin de año. He decidido que el candidato a gobernador sea usted.

San Martín apenas respondió que él no era político, que no tenía intenciones ni experiencia. E intentó defenderse:

_ Yo entiendo de desarrollos, de investigaciones tecnológicas, de fábrica, de industria.

Perón lo interrumpió:

_ Precisamente por eso, porque no es un político y nadie en Córdoba reúne las condiciones como usted para ser gobernador.

San Martín entendió que ya no valían las excusas:

_ Entonces esto es una orden -le dijo al presidente-.

_ Tómelo así, como una orden -se río Perón-.

San Martín aceptó, pero con una condición: seguir vinculado a la Fábrica Militar. Perón aceptó. El 29 de noviembre de 1948 en la plaza San Martín, acompañado por una aun tímida María Eva Duarte, se proclamó oficialmente la fórmula encabezada por San Martín y acompañado por Bernardo Pío Lacase, hombre de la Sociedad Rural de Río Cuarto.

La campaña fue, cuanto menos, agresiva. El ex gobernador radical Santiago H. del Castillo dijo que el pueblo de Córdoba le iba a demostrar a Perón que no estaba dispuesto a aceptar sus aspiraciones totalitarias. Frondizi, en el mismo acto apoyando al candidato radical, exhortó a los hombres de Córdoba a salvar a la provincia de la dictadura peronista. (Dato: tanto Del Castillo como Frondizi, que denunciaron a Perón por dictador, terminarían siendo pro Perón).

La campaña de San Martín se limitó a decir que era necesario traer a Córdoba la revolución y los beneficios de sus postulados. En comicios libres pero aun sin mujeres derrotó al radical Gallardo, al comunista Contreras y al demócrata Benjamín Palacio. Con un padrón de 420.000 ciudadanos, el peronismo logró 161.000 sufragios y la UCR 130.000. Cerca, muy cerca la UCR en la provincia, Córdoba, en donde siempre tuvo gran cantidad de adeptos.

San Martín asumió el sábado 12 de marzo de 1949 y en la asamblea legislativa no estuvieron ni los radicales ni los demócratas, que habían pretendido impugnar su triunfo diciendo que el gobernador no tenía los dos años de residencia exigidos por la Constitución. Sin embargo, San Martín vivía en Córdoba desde 1944. A las 9 de la noche de ese 12 de marzo, en la ex plaza General Paz, se realizaron bailes populares para festejar el triunfo y en su discurso de asunción habló de encarar un vasto plan de reforestación. Ese que aún hace falta.

La crónica de gestión cuenta que se reabrieron 73 escuelas que habían sido cerradas por falta de personal docente, que se inauguraron 60 nuevas y que se incrementó el plantel docente en 3.000 nuevos cargos. El teatro mayor de la ciudad dejó de llamarse Rivera Indarte y San Martín, gobernador, no abandonó la Fábrica de aviones. Pero además de aviones, tuvo otras ideas. La Puma y el Rastrojero, entre otras. Pero esa es la historia que sigue la próxima semana.

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