OPINIÓN
El epígrafe de esta reflexión -aperçu- es un vocablo francés que significa vista previa, vistazo (a vuelo de pájaro), resumen
Por Luis Américo Illuminati
No es un aviso de "spoiler" porque esto significa adelantar el final de una película que el lector aun no ha visto. Y no es esa mi intención pues todos somos conscientes y testigos imparciales de los acontecimientos presentes que estamos viviendo, tenemos un entendimiento para tratar de entender la realidad, no tenemos una bola de cristal ni vino un extraño viajero del tiempo a contarnos a uno de nosotros, como si fuéramos Solari Parravicini, lo que sucederá mañana o pasado mañana o dentro de un año. De modo que esta es una pausada y meditada reflexión personal que cada puede adherir, dudar o rechazar.
El 2025 es un año que trae malos presagios. Mucha lluvia caida, inundaciones por todas partes. Los científicos y expertos del clima dicen seguros que la causa es el cambio climático. Te dicen que la ciencia no se equivoca. Que ella -la ciencia- intenta por todos los medios controlar la Naturaleza. El hombre quiere volver a erigir una nueva torre de Babel, en la luna, en el espacio, ha creado la Inteligencia artificial (I.A) para que le dé todas respuestas que ignora y le solucione las aporías que él no puede resolver. Sin embargo, como diría un místico (un San Agustín, un Hugo de St. Víctor, un maestro Eckhart o un Jacobo Boehme)..."Parecería que Dios soltó de su mano al hombre por tantas maldades y crímenes que claman al cielo". Cuando yo era chico solía escuchar que el P. Corti -del cual fui monaguillo- preguntaba a sus oyentes: "Qué diferencia había entre el Titanic y el Arca de Noé". Y ante el silencio de los presentes, decía: "Que el primero se hundió en pocas horas y el segundo flotó sobre las aguas 40 días y 40 noches. Del primero sus constructores dijeron que ni Dios podría hundirlo. El segundo llevaba a bordo un zoológico completo. La mayoría de los pasajeros eran inocentes animales y sólo ocho personas. Y concluía: "No provoquen ni se burlen de Dios, temánle a Éĺ más que a las tormentas. Que el Señor los bendiga, les muestre su rostro, proteja sus casas y sus familias y los guarde bajo la sombra de sus alas. Amén". Si hoy viviera el P. Corti les diría a los políticos corruptos, gobernantes infieles y jueces venales. "Dejen de robar y de mentir. Dejen de sembrar el odio y la discordia. Arrepiéntanse. Expulsen al demonio de sus vidas y arrodíllense ante el Señor en esta Pascua".
Si la filosofía es un amor al conocimiento, el filósofo parte de la base que él no sabe y por ende es un ignorante, pero se da cuenta de su ignorancia y trata de superarla. Ésta es la postura socrática de la "docta ignorantia" (ver Nicolás de Cusa). En cambio, los que no saben, ni siquiera saben que no saben y no se interesan por saber; también hay ignorantes que creen saber, que pretenden tener conocimiento y lo transmiten a otros, sin darse cuenta de que es un falso saber, un conocimiento espurio. Viven satisfechos y seguros de sus juicios, jamás dudan de ellos ni los confrontan para corregirlos. La razón perezosa o inactiva (ignava ratio) es común y corriente en los mediocres y pedantes para los cuales la vida del hombre sobre la Tierra es tan obvia que no vale la pena investigar si ello es producto de un ciego azar o la obra de una inteligencia divina.
Parafraseando a José Luis Sampedro: el arte de envejecer es arreglárselas para acabar como los grandes ríos, discurriendo mansa y sabiamente, en un estuario que se dilata y donde las aguas dulces empiezan a sentir la sal y las saladas, un poco de dulzura. Y cuando te das cuenta ya no eres río sino océano. Pues como dijo Jorge Manrique: "Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar”. Esta es una forma muy poética de terminar nuestra estadía en este mundo. Pero si eso fuera todo, qué ilusoria sería la existencia al olvidarnos que tenemos un alma que salvar. Pues de qué le vale al hombre ganar todo el oro del mundo si pierde su alma.
El filósofo Crisipo, representante del estoicismo, tenía una visión fatalista del destino, y afirmaba: "Lo sucedido, sucedió, lo que sucede sucede y lo que sucederá sucederá", frase que parece una tautología o un juego de palabras, lo cual hace pensar que la vida es un absurdo, una obra teatral donde los seres humanos son manejados por un ordenador. Entonces nuestra existencia en la Tierra consistiría en un fatalismo irracional, un ciego determinismo. Pero, hete aquí que desde el punto de vista lógico y ontológico dicha creencia o punto de vista no condice con los facultades humanas: el libre albedrío, la razón, y acción humana frente a la esencia divina. Todo indica que hay una providencia, una fuerza, una voluntad y una verdad cósmica, un todo: Dios. La escritora judía Simone Weil recupera el concepto de "metaxu" de la tradición griega que significa "'entre medio". Imaginemos un puente. "Toda separación es un vínculo" afirma Weil que entiende el mundo como un "metaxu" entre el ser humano y Dios: aquello que los separa, pero que al mismo tiempo lo une y lo conecta. Al decir de Borges, la perpetua carrera de Aquiles y la tortuga. "Aquiles corre diez veces más ligero que la tortuga y le da una ventaja de diez metros. Aquiles corre esos diez metros, la tortuga corre uno; Aquiles corre ese metro, la tortuga corre un decímetro; Aquiles corre ese decímetro, la tortuga corre un centímetro; y así sucesivamente. Para contrarrestar esta anomalía o quiebre del tiempo ("The time is out if joint", Shakespeare, Hamlet, acto I, escena 5, "el tiempo está desarticulado"), a la inversa de la paradoja que propuso Zenón de Elea para negar el movimiento, hay que reemplazar a la tortuga por Teseo -el héroe que le cortó la cabeza a la Medusa- para que alcance a Aquiles o llamar al hijo del rey de Troya para que con su arco le dé en el talón con una flecha. Esa flecha es la autonciencia de que la existencia tiene un sentido y el hombre un destino trascendente.
No soy apocalíptico ni integrado, según las dos categorías que estableció Umberto Eco. A la que le agrego una tercera: los peregrinos. Apocalípticos son los que como Cristina Kirchner, Grabois, Belliboni, Espinoza, Kicillof, Berni, Massa y todas las hordas de fariseos, perversos y fanáticos que se burlan de Dios y su justicia; los segundos son los escépticos, indiferentes, agnósticos y tibios que se confían que la Venida de Cristo está muy lejana o que es una alegoría o una utopía. Los peregrinos no son ni lo uno ni lo otro sino que viven alerta sin temer a la muerte. Y respecto del fin del mundo creen que la llegada del Anticristo ya se produjo pues el "misterio de iniquidad" del que habla San Pablo ya se ha operado: la Iglesia Católica ha desertado y abandonado su sagrada misión y colabora con el enemigo de Dios, lo cual indica que está ya a las puertas su llegada; sólo falta que comiencen las potencias mundiales a destruirse entre ellas. Los peregrinos son los fieles a la palabra de Dios y serán atentos testigos al toque de trompetas, sonidos que la ciencia ha dicho que son meros fenómenos meteorológicos.
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