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viernes, 20 de octubre de 2017

ERSI SOTIROPOULO: ¿PUEDE ALGUIEN OIRME?



Galiana Petrova se dirigía al trabajo bajo el peso de un sofocante calor húmedo. Serian sólo dos cuadras nada mas, pero había comenzado arrastrando los pies. Se detuvo en el quiosco de la esquina a tomar aliento y bebió de su botella de agua. Pensó en la conversación que había tenido esa mañana con su marido Liosha e instintivamente se mordió el labio. Así es como los pájaros hacen sus nidos, por el robo. Bueno, somos aves, también. Aquellos habían sido sus palabras exactas. Agotada, se cruzó la calle. El edificio, una propiedad de esquina recién pintado, se destacó del resto de las casas con sus techos bajos y terrazas cubiertas de viñedos. Al acercarse, se dio cuenta de Nelly, inmóvil en una de las ventanas del tercer piso. Había algo tan inquietante en su inmovilidad, algo que la oprimía, sin que supiera por qué.

Ese verano Nelly estaba tan blanca como la leche y no había crecido más que un centímetro. Su rostro se había contraído y los ojos se notaban hundidos. Sus codos y rodillas estaban rojos y agrietados, como si los hubiera raspado contra una piedra. Pero Nelly había dejado de salir de la casa, el otoño anterior. Tenía miedo de resbalar y caer sobre la tierra.

‒¿Caída de dónde? ‒Le preguntaban sus amigas cuando vinieron a visitarla, primero todos los días durante la primera semana, y luego con menos frecuencia.

Nelly no sabía qué decir. Boca abajo en la cama, se apoderó de la bancada y los miró.

‒Quiero a mi hija‒, la señora había susurrado al teléfono.

Desde que Nelly se había enfermado, Galiana había estado trabajando en doble turno. Llegó a las ocho de la mañana y se fue a las nueve de la noche. Algunas noches, cuando la dueña la necesitaba, no se iba de la casa en absoluto, y dormía en la pequeña habitación junto a la cocina. Al principio Liosha se quejó, pero pronto se acostumbró a la nueva disposición. Con el dinero extra podía comprar tanta cerveza como quería; en abril se podría negociar con coches, y en junio se las arregló para comprar un Fiat un poco usado.

**
‒Buenos días, Galiana, ‒dijo la señora.

Ella estaba fumando, ya vestida con unos pantalones blancos y una blusa amarilla. Le repitió las mismas cosas que le había dicho el día anterior Galiana, ‒instrucciones sobre Nelly, su medicación, las gotas en el preciso tiempo de las 11:00 p.m.

‒¿Entiendes? ‒suspiró en el cierre.

‒Entiendo‒, dijo Galiana. Pero su mente estaba en otra parte, estaba pensando en Liosha y en sus trucos.

‒El doctor estará aquí a las dos, ‒afirmó la señora‒. Pregúntale si quiere café.

Nelly había pasado el invierno y la primavera en la clínica, y aunque ella había sido capaz de levantarse de la cama y pasear de habitación en habitación, ya principios de junio, nunca volvió afuera.

‒Ten cuidado, Galiana, ¿entendido?

Galiana asintió.

Una maleta estaba bostezando abierto en el sillón de la habitación, algo de ropa cuidadosamente doblada al lado de una funda de almohada. La señora cogió su bolsa de maquillaje, abrió la cremallera y metió en una botella de protector solar. Luego abrió el armario, buscó en los cajones y sacó dos trajes de baño.

‒¿Me necesita para algo más? ‒Preguntó Galiana, volviéndose para irse.

‒Nelly esta en la sala, ‒dijo la señora. Por favor, échele un vistazo..."

‒Voy a hacer sus hamburguesas para el almuerzo, dijo Galiana.

La señora se volvió y la miró como si estuviera tratando de adivinar lo que estaba pensando. Es una reunión muy importante, ‒dijo. De lo contrario no me voy."

‒Yo me ocuparé de ella.

Estaban de pie en el vestíbulo frente a la puerta abierta. Sr. Tsirimokos de al lado aparecieron en el pasillo, arrastrando un carrito lleno de comestibles. ¿Te vas de vacaciones? , ‒le preguntó.

‒Me gustaría‒, dijo la señora. Su tono era un poco amargo, pero luego sonrió. Un viaje de negocios, me temo... pero voy a tratar de encontrar el tiempo para darse un baño.

**
La mañana pasó rápidamente. Galiana limpiaba la casa con la radio encendida, abriendo la puerta a la sala de vez en cuando para ver qué estaba haciendo Nelly. Ella permanecía siempre de pie, en la misma posición, frente a la ventana.

En eso sonó el teléfono. Era Liosha.

‒Creo que me ven, ‒dijo.

‒Voy a perder mi trabajo, ‒le dijo Galiana.

Liosha rió; luego se quedó en silencio. Galiana podía imaginarle con los pies sobre la mesa de la cocina y una cerveza en la mano.

‒Hablaremos más tarde, ‒dijo, y colgó.

Galiana se limpió las manos en el delantal y miró por el pasillo al piso que brillaba en la luz del atardecer. Abrió la puerta de la sala y se acercó a Nelly.

‒¿Qué miras? ‒le preguntó.

‒El nido‒, dijo Nelly, y Galiana siguió su mirada.

En el exterior, pegada a la pared del balcón, había un largo y estrecho nido, en forma de embudo de barro.

‒Lo he estado viendo durante tres horas y no ha pasado nada.

Justo en ese momento voló un gran pájaro, chirriando. Dio vueltas al nido un par de veces y se fue.

‒¿Y has visto qué?

‒Que no hay pajaritos.

‒Deben estar durmiendo, ‒dijo Galiana.

‒Un gran pájaro los mató, ‒dijo Nelly.

El gran pájaro volvió. En su pico tenía una astilla de madera, y trataba de presionar en el barro del nido. Tan pronto como metió la astilla, el pájaro salió volando.

‒Ha hecho eso todo el día, ‒dijo Nelly. Luego miró a Galiana, a la espera de una respuesta.

El nido parecía ser herméticamente sellado, no había ninguna abertura, ni siquiera un pequeño agujero que permitiera el aire.

‒Ese nido es una tumba, ‒dijo Nelly.

Galiana no podía pensar en qué decir. Entró a la sala, donde estaba el teléfono. Marcó su propio número y dejar que sonara varias veces. Nadie respondió. Liosha ya debía de haber salido.

**
A las dos llegó el médico, llamado por Nelly Nariz de Gorrión. Estaba sudando y se quejó de calor.

‒Sí está muy caliente. ‒Galiana hizo eco de sus palabras y se fue a la cocina.

Cuando regresó a la sala con una bandeja de café y galletas, el médico estaba de pie detrás del escritorio. Nelly estaba sentada frente a él. Su rostro estaba pálido y tenso. El médico indicó a Galiana que esperara.

‒La tierra está girando, ‒Nelly decía‒, y estamos muy pegados a ella... tenemos que aguantar para no caer... como hormigas aterrorizados...

‒Magnífico‒dijo Nariz de Gorrión interrumpiendo. Miró absorto por la ventana y se sentó en el sillón.

‒Por lo tanto, la forma en que la veo, la he sujetado firmemente por... oh, cinco, y seis mil años...

‒Diez mil, ‒dijo Nelly.

‒Diez‒ exclamó nariz de Gorrión. Imagínese, diez mil años, y ni uno solo de nosotros ha caído!

Pero eso no era prueba suficiente para Nelly, quien se levantó furiosa y se acercó a la ventana. Galiana tuvo la oportunidad de poner la bandeja en la mesa y se fue.

**
Al mediodía Nelly no quería comer. Galiana hizo papas fritas, una tortilla de queso y una hamburguesa.

‒Come, pajarito, ‒dijo.

Nelly empujó el plato a un lado y se levantó.

‒Tengo sueño, ‒dijo, y se fue a su habitación.

Debían ser las seis cuando Galiana oyó el timbre de la puerta. El salón estaba hirviendo por el sol de la tarde y ella estaba bañada en sudor. Liosha se había apoyado en el marco de la puerta, sonriendo ampliamente.

‒No debiste haber venido, ‒dijo Galiana.

Ella miró para asegurarse de que la puerta del vecino estaba cerrada, y dio luego un paso a un lado para dejarlo entrar

‒Hace calor, ‒dijo, y fue a la cocina.

Había ido a la casa anteriormente, cuando Nelly se encontraba en la clínica y la señora seguía pasando las noches con ella. Fue para el invierno, y él y Galiana habían dormido abrazados uno al otro e hicieron el amor en la cama de la señora, pese a las protestas de Galiana. Por la mañana le frió unos huevos, y comieron desnudos en la cama, con la bandeja apoyada sobre las cubiertas. Pero ese había sido un Liosha diferente, un Liosha más tranquilo, más razonable, que sólo bebía los fines de semana, no a diario.

‒Sobraron hamburguesas, ‒dijo Galiana.

‒?Hamburguesas de nuevo? ‒preguntó, alzando la voz.

‒La niña está durmiendo, ‒dijo Galiana.

‒Me importa una mierda la chica, ‒gruñó Liosha. Se sentó a la mesa, encendió un cigarrillo y miró a su alrededor. ‒Vaya, ‒dijo, exhalando humo. Vaya, vaya...

‒Puedes comer, pero luego te tienes que ir, ‒dijo Galiana.

Liosha la miró con los ojos entrecerrados. No tenía ninguna intención de irse, era perfectamente obvio. Comió, fumó otro cigarrillo, y entró en la sala. Galiana trajo un poco de cerveza. Se sentaron en el sofá y vieron las noticias. Liosha puso un brazo alrededor de su hombro, él tenía sus maneras de conquistarla. ¿Y qué hay de malo en eso? Pensó Galiana. Se siente solo, es por eso que vino, para tener un poco de compañía.

**
Ya era de noche, y una brisa fresca soplaba a través de las ventanas abiertas. Galiana trajo un plato de papas fritas, unas aceitunas y la tortilla que sobró del almuerzo. Habían limpiado los platos de las golosinas cuando la puerta se abrió y entró Nelly a la habitación.

Este es Liosha, mi esposo, ‒le dijo Galiana. Comenzó a levantarse, pero Liosha la haló hacia abajo.

‒Hola, ‒dijo Nelly.

‒Siéntate aquí con nosotros, ‒dijo Liosha, haciéndole espacio a ella en el sofá.

Nelly lo miró sin moverse.

‒¿Qué hora es?

‒Tengo que darte tu medicina, ‒dijo Galiana, dándose cuenta que había olvidado por completo la medicina de Nelly, y las gotas, también.

‒No vas a darle nada, ‒dijo Liosha, y señaló de nuevo a Nelly para que se sentara.

La niña se acercó a ellos vacilante.

‒¿Quieres una cerveza? ‒Preguntó Liosha.

‒No es justo, ‒dijo Galiana.

‒Sí, ‒dijo Nelly, y se sentó en el sofá.

Liosha llenó su vaso y se lo dio a Nelly. Se lo bebió de un solo trago y lamió la espuma.

‒Bueno, ya basta, ‒dijo Galiana. Pero se sentía entumecida, e incapaz de reaccionar.

‒¿Cómo es que no va a salir afuera? ‒Preguntó Liosha.

‒No quiero hacerles el favor, ‒dijo Nelly seria.

Liosha abrió otra cerveza y se sentó allí pensando. "Bien por ti", dijo, y sonrió. Galiana le dio un codazo en el costado, pero él no pareció darse cuenta.

‒Todos están en contra de mí, ‒dijo Nelly un poco más tarde.

‒¿Quién está contra ti? ‒Preguntó Liosha, hablando inusualmente lenta.

‒Los que quieren que yo no me agarre al caer.

‒¿Caerte adónde?

‒Al universo, la galaxia, no lo sé. ‒Nelly hizo un gesto vago‒. Nunca se sabe exactamente donde uno puede caer.

‒Mmm... buen punto. ‒Dijo Liosha.

El rostro de Galiana se barrió de la cerveza. El sonido de la televisión golpeaba en su cráneo. Cogió el control de la TV para cambiar de canal.

‒Apágalo, ‒dijo Liosha: Que quiero pensar‒. Puso los pies sobre la mesa y entrelazó las manos detrás de la cabeza. Dime, ‒se volvió hacia Nelly, ¿quiénes son esa gente?

‒Nariz roja, Nariz de Gorrión, Babosa y Orejotas, ‒explicó Nelly.

Eran los médicos que la habían tratado desde que dejó la clínica.

‒Yo me encargaré de ellos, ‒dijo Liosha.

‒Son los caracoles en trajes, una nube de negro de gusanos, ‒dijo Nelly emocionada.

‒Lo sé, ‒y Liosha estuvo de acuerdo.

‒¿Qué le estás diciendo? ‒murmuró Galiana.

‒Vamos a ir a buscarlos, ‒dijo Liosha. Sus ojos brillaban: Nelly y yo vamos a ir.

‒Espera, ‒interrumpió Galiana Espera, por favor...

Trató de levantarse, pero volvió a caer. Se sentía extrañamente mareada. Vio a Nelly mirando a Liosha con un brillo en sus ojos borrosos y luego vio Liosha mirando a la chica, también, magnetizado. Con gran esfuerzo, se apartó el brazo del sofá y se puso de pie. Ella salió de la sala y se detuvo en medio de la sala. Tenía que hacer algo, de inmediato, en ese instante. Dio unos pasos hacia atrás y cerró la puerta de la sala, luego se puso a pensar de nuevo en el centro de la sala. Rápido, Galiana, rápido. Abrió la puerta del apartamento, sonó la campana de la vecina y esperó. Parecía oír pasos en alguna parte, dentro del apartamento. El señor Tsirimokos, ‒susurró. Tocó el timbre otra vez. Nada.

‒¿Alguien puede oírme? ‒gritó.

Sin aliento, corrió hacia la entrada principal. En el exterior, las tiendas habían cerrado todo. La gente iba y venía por la acera. Ella dio la vuelta. Una vez más le pareció escuchar pasos en el apartamento del señor Tsirimokos. Golpeó la puerta con los puños.

‒¿Alguien puede ‒oírme? ¿Alguien puede oírme?

Volvió a entrar en el apartamento, cerró la puerta detrás de sí y se apoyó en ella. Se quedó allí durante unos minutos, respirando profundamente. Luego fue a la sala. El tiempo para nosotros seguir adelante, ‒dijo Liosha, y tendió la mano a Nelly. Nelly lo miró, luego miró a Galiana y se levantó.

‒Espera, ‒dijo Galiana.

‒Quiero salir a la calle, ‒dijo Nelly‒. Y comenzó a caminar.

Nelly bajó las escaleras del edificio de apartamentos, aferrándose a Galiana y a Liosha de brazos. Salieron a la calle. Dio entre ellos varios pasos por su cuenta.

‒Da miedo caminar sin agarrarse de nada, ‒dijo.

‒Sí‒, dijo Galiana‒. Su corazón estaba a punto de estallar.

‒Ahora soy una equilibrista.

‒Sí, una equilibrista, ‒repitió Galiana.

Se metieron en el Fiat, los tres de ellos hacinando el asiento delantero. Liosha encendió el motor. El coche comenzó a moverse.

‒Una fuerza desconocida me ha tomado bajo su ala, ‒dijo Nelly. Y colgaba por la ventana mirando, fascinada.

Liosha se volvió hacia ella, extático, y pisó el acelerador.

Aceleraron. El coche iba volando y todo lo demás, también. El quiosco, los vendedores ambulantes que venden maíz a la parrilla y coco en carritos desde la fuente, el follaje marchito de los árboles, junto al periódico. Todo el camino estaba volando, desapareciendo en la distancia.

Es aterrador que ni una sola imagen se quede en mi mente, ‒pensó Galiana.

Sólo el cielo, y la luna tambaleando entre ellos, las nubes dispersas; sólo estas permanecían quietas.


Ersi Sotiropoulos
Nace en Patras, Grecia en 1954
Ersi Sotiropoulos es autora de poemas, narraciones breves y novelas. Estudió Filosofía y Antropología Cultural. Ha vivido muchos años en Italia. Ha participado en exposiciones de poesía visual y de poesía concreta. Sus obras se han traducido al francés, alemán e inglés. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura así como el Premio de la Revista "Diavazo" ("Yo leo") por su novela Zig-zag entre los bergamotos, en el 2000. Es autora de Manzana Muerte, 1980; Plétron, 1980;Vacaciones sin cadáver, Ákmon, Kastaniotis, 1997; de 3 días festivos en Oania, Nefeli, Kédros, 2001 y Domando a la fiera, Kedros, 2003, entre otras.

Fuente: geocities.ws - De la traducción inglesa de Karen Emmerich - 
Foto: Natalia Rendón

MEMPO GIARDINELLI: ZAPATOS




Mamá está furiosa con papá porque a papá no le gustan los zapatos que ella usa, y dice que lo que él le hizo hoy es algo que no le piensa perdonar mientras viva ni después de muerta. 

Cualquiera podría acordar con papá en que lo que hizo es una pavada, pero entre ellos el episodio devino en una cuestión capital, definitiva, porque el rencor de mamá es de jíbaro, un resentimiento de tragedia shakesperiana y de perro del hortelano, como dice Tía Etelvina cuando la ve así, porque dice (Tía Etelvina) que mamá, enojada, solo tiene camino de ida y se pone de tal manera que no perdona ni deja perdonar. 

Mamá tiene unos pies muy lindos, preciosos y parejitos, sin callos y con los dedos como repulgue de empanaditas, y en eso todo el mundo está de acuerdo. Por eso mismo, dice papá, es un crimen que use zapatos tan feos. Yo no sé qué te da por ponerte esos zapatones horribles, grandes, cerrados y que además hacen ruido, dice papá. Y encima producen un crujidito horrible al caminar pero que no se puede ni mencionar porque vos jamás aceptás una crítica. Lo que pasa es que tus críticas jamás son constructivas, dice mamá. Lo que pasa es que te ponés hecha una fiera, dice papá. Y al cabo mamá le grita que en todo caso es un defecto de nacimiento y mejor no te metás con mis defectos, estoy harta de que me critiques, harta de que me juzgues, y harta de esta vida que llevamos porque yo me merezco otra cosa (que es lo que mamá dice siempre). Y como no hay manera de pararla papá se calla la boca y ella sigue diciendo todo lo demás que es capaz de decir, que es muchísimo y es feroz. 

A mamá no se le puede pedir discreción en nada. Y tampoco tiene un gran sentido del humor. Cuando eran más jóvenes él le sugería que usara zapatillas, total, bromeaba, yo te voy a querer igual. Pero ella, en todo su derecho, se compraba los zapatos que le gustaban y usaba los que quería, y siempre protestando que yo no sé por qué los hombres tienen esa manía de pretender dirigir la vestimenta de las mujeres: cuando la conocen a una se enganchan por las ropas audaces pero cuando nos tienen enganchadas quieren que andemos como monjas y guay de una si se pone minifalda o se le ven las tetas. 

Guaranga como es ella, vehemente y fulminadora con la mirada, ni en chiste se le puede hablar de lo que no le gusta. Eso ya lo sabemos. Por eso lo que hizo papá este sábado a la tarde, aunque suene a pavada, fue demasiado: no había nadie de la familia en la casa, y él aprovechó para juntar todos los zapatos de mamá, como diez o doce pares, viejos y nuevos, y los metió en una bolsa y llamó a Juanita, que es la muchacha que trabaja en la casa ayudando en las tareas porque aunque no somos ricos tenemos sirvienta cama afuera, como quien dice, y le dijo tome Juanita, me ordenó la señora que se los regale. 

Y le entregó la bolsa con todos los zapatos, que Juanita, chocha, se llevó a su casa. 

Por supuesto, y como era de esperar, mamá se dio cuenta esa misma noche, en cuanto llegó y se quitó las botas que llevaba puestas y buscó las sandalias de entrecasa. Descubrió el ropero vacío de zapatos y fue todo uno gritar desde el dormitorio: "¡Titino qué hiciste con mis zapatos!" y salir a torearlo. 

Papá estaba de lo más divertido y le dijo la verdad: se los regalé todos a Juanita. Lo que ipso facto desató en mamá una verborrea de lo peor: lo trató de tano bruto, comunista nostálgico y hasta le dijo nazi antisemita hijo de puta y después se fue a contarle a todo el mundo, empezando por la abuela y la Tía Etelvina, que este hombre cuando está aburrido es un peligro, por qué no se meterá sólo en lo suyo y ahora va a ver cuánto le va a salir la cuenta de la zapatería. 

A mí hay dos cosas que me revientan de ellos dos: la incapacidad de aceptar los comentarios ajenos que tiene mamá; y esa manía de querer cambiar a la gente que tiene papá. 

Pero es inútil, con ellos. La Tía Etelvina dice que a gente así lo mejor es ignorarla. Y yo creo que tiene razón. Pero cuando son los papás de uno no se puede.




Mempo Giardinelli
Mempo Giardinelli es escritor y periodista. Nació y vive en Resistencia, Chaco, Argentina. Exiliado en México entre 1976 y 1984, a su regreso fundó y dirigió la revista "Puro Cuento". Su obra literaria está traducida a 20 idiomas y recibió importantes galardones, entre ellos el Premio Rómulo Gallegos 1993. Y en 2006 recibió el Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Poitiers, Francia.
También recibió el Premio Nacional de Novela, en México (1983) y el Premio Grandes Viajeros 2000 en España. En Italia recibió el Premio Grinzane Montagna 2007 y el Premio Acerbi 2009. Y en mayo de 2013 le fue otorgado el Premio Andrés Sabella, en Chile.
En la Argentina fue galardonado con el Premio Pregonero de Honor 2007, y en 2010 recibió el Premio Democracia, en el Senado de la Nación.
Ha publicado artículos y cuentos en casi todo el mundo, y es columnista habitual de los diarios Página/12 y The Buenos Aires Herald.
Es autor de una decena de novelas. Entre las más conocidas: Luna caliente, La revolución en bicicleta, Santo Oficio de la Memoria e Imposible equilibrio. Su más reciente novela publicada es Visitas después de hora.
También ha publicado libros de cuentos: Vidas ejemplares, Estación Coghlan y Luminoso amarillo entre los más conocidos. El más reciente se titula 9 Historias de Amor.
También publicó ensayos (entre ellos El país de las maravillas, Así se escribe un cuento, El género negro, Cartas a Cristina) y es un reconocido autor de literatura para niños: Luli, Celeste y Valeria son algunos de sus personajes más conocidos.
Enseñó Periodismo y Literatura en la Universidad Iberoamericana (México), la Universidad Nacional de La Plata (Argentina) y la Universidad de Virginia (Estados Unidos).
Dictó cursos, seminarios y talleres, y ofreció lecturas en más de un centenar de universidades y academias de América y Europa. Participó como invitado en las Ferias Internacionales de Libros de Buenos Aires, Frankfurt, Guadalajara, Bogotá, Caracas, La Habana, Madrid, Milán, Montevideo, Porto Alegre, Quito, Santo Domingo y Santiago de Chile.
Fundó y preside una Fundación con sede en el Chaco, dedicada al fomento de la lectura y a la docencia e investigación en Pedagogía de la Lectura. Para su creación, en 1996 donó su biblioteca personal de 10.000 volúmenes. 
La Fundación sostiene diversos programas culturales, educativos y solidarios: www.fundamgiardinelli.org.ar
Desde 2004 es asesor ad-honorem del Ministerio de Educación de la Nación y del Plan Nacional de Lectura. Es también consultor de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), la Asociación de Bibliotecarios Graduados (ABGRA) y de los Planes Nacionales de Lectura de varios países hermanos.
Fue miembro del Consejo de Administración de la Fundación Poder Ciudadano, capítulo argentino de Transparency International, entre 2005 y 2008.
Entre 2007 y 2013 fue miembro pleno de la Comisión Provincial por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires.
Fuente: mempogiardinelli.com - leerporquesi-1007.blogspot.com - Foto: Archivos del blog

PABLO GIORDANO: LA MUERTA

Frente a la funeraria, miro el cartel con el nombre de la muerta: Azul Dietrich. Entro. Chequeo el lugar sin atreverme a mirar el féretro. Estoy en un rincón, junto a gente quejándose de la lluvia que no llega al campo. Un tipo se acerca y pregunta si fui amigo de Azul. Le digo que no. Es el padre. Azul fue una chica de pocos amigos, dice, por su problema.

Voy a la otra sala con la esperanza de estrellarme contra el rostro del cadáver. De esta manera el impacto será fuerte, pero irremediable. El miedo me detiene antes de lanzarme como kamikaze. Es el primer muerto que veré en mi vida. Me acerco con las manos en la espalda. Es ella. Larga, unos dos metros veinte. Más que una muerta, parece una comida rancia servida para un Goliat que está a punto de llegar. Somos un montón de animales con la ofrenda lista, esperando al monstruo.
La miro: tiene los pómulos reventados. Un tipo hace girar un cigarrillo apagado entre los dedos. Apoya la otra mano en mi hombro. Cree consolarme. La puerta entreabierta enmarca al padre de Azul lloriqueando más allá, en el regazo de una mujer. Alguien se acerca a ellos y los besa. Los ventiladores despiertan echando olor a muerto. Ya está, la vi.
Salgo y me siento en la entrada. Surge de los zanjones del Centro Cívico un vaho caliente que se mezcla con el olor a baño limpio de la mañana.
Hablaré de la muerta. La conocí una noche fría en que bailaba Norma Viola. Atrás, lejos del escenario, delante de su padre, agarrada de la mano de su mamá, me miraba golosa. No le di más de dieciséis años. Fue un hallazgo. Sus piernas, su cadera y cintura, y por último, las dos lomas que coronaban su pecho envuelto por ese inmenso abrigo de corderoy verde parecían dos módulos lunares flotando. Movió los labios. Miró. Al rato me fui. Caminé entre el público tratando de encontrar a algún conocido. Cuando volví, Azul y sus padres ya no estaban. Miré un rato el show. El Intendente le entregó una plaqueta de ciudadana ilustre a Norma Viola. Se rumoreaba que era su última actuación, que estaba enferma. Empecé a mirar a la gente aplaudir. Descubrí a Azul muy atrás, abajo del cartel de VeriHogar, sentándose en uno de esos bancos de cemento. Me tomé unos minutos para acercarme. Ella me hizo un lugar en el banco. Me llamo Azul, dijo. La boca se le derretía. Una gorda se sentó atrás y me quedé sin mi porción de banco. Ya no la veía. Esta chica padece alguna enfermedad mental leve, pensé: los ojos, la nariz y la boca en el centro de la cara regordeta no se ven saludables. Sin embargo, en mucho tiempo no había visto una cara así de bonita y provocadora.
Todos rezan el Rosario, me miran de reojo. Parecen conocerse a la perfección. Me siento un intruso. Deben confirmar con mi presencia un noviazgo oculto de Azul. Me gustaría decirles que sí, pero no aguanto la decadencia de los velorios. Del otro lado de la puerta descubro al padre señalando con la mirada hacia donde estoy. La mujer que antes lo consolaba cogotea buscándome.
Me siento cerca del féretro, donde no pueden verme, junto a unos chicos embarrados. Hablan de zapatillas. Alguien trae chocolates y convida. Yo no quiero, me levanto y salgo. Enciendo un cigarrillo. La verdad es que acabo deangustiarme.
Aquella noche que la conocí, de camino a casa cuando el espectáculo había terminado, los vi pasar en la renoleta. Con la nariz pegada a la ventanilla como en las películas, Azul no me sacó los ojos de encima.
Los meses que siguieron fueron de una soledad olvidable. Nadie sabía de ella en el pueblo ni en los pueblos vecinos. La mina no salía porque en realidad era una niña. No tenía catorce o quince, sino diez o nueve. Una enfermedad degenerativa, gigantismo o algo así, la mostraba púber. Descarté la idea por fantasiosa. No me gusta escribir sobre mis obsesiones porque no son verosímiles, pero juro que estuve mucho tiempo pensando en ella. La amaba.
Encontré a Azul después de muchos años. Fue en la parada del colectivo. Yo pasaba con las bolsitas de las compras. Ella me llamó. Vestía con ropa deportiva tratando de no acentuar una flacura al borde del raquitismo. Medía un metro noventa o algo así. Cuando la vi me sentí invadido por ese olor de cuando la amaba y buscaba. Mis sueños se destrozaban en ese cuerpo deforme, pálido, lleno de manchas.
Le pregunté si me llamaba a mí y dijo que sí, y si la reconocía. Le dije que no, fue terrible. Me quedé parado, actuando mal, entornando las cejas, dejando las bolsas en el suelo, mostrándole interés por seguir la conversación. Pero le repetí que no, que no sabía quién era, que no me acordaba. Hablamos dos o tres boludeces, y tuve que hacerme a un lado para que el colectivo estacionase. Subió con dificultad. Te tenés que acordar, dijo desde la ventanilla. Le sonreí abriendo las manos. Fue la última vez que la vi.
Ahora cierran la tapa, y los llantos se mezclan con el sonido del destornilladoreléctrico. Salgo. Hay gente esperando el cortejo. Varios viejos fumando, puteando por la eliminación en el Mundial. Tiro el pucho. Sacan el ataúd y lo meten en la parte trasera del coche. Los parientes lo acompañan unos metros y se vuelven. Ya está. Se encienden los faroles del bulevar.
Cuando el último auto desaparece, camino al bar más cercano. Acá no pasó nada, me digo.


Pablo Giordano
(Las Varillas - Argentina -1977) publicó en los suplementos culturales de los diarios El Especial de Nueva York-Nueva Jersey, La Voz del Interior de Córdoba y Perfil de Buenos Aires, entre otros. Ha publicado en revistas de Argentina, México, Cuba, Estados Unidos, Portugal, Brasil, Perú, Colombia, Venezuela y España; entre las que se destacan: Punto en línea (de la Universidad Nacional de México) yAlex Lootz de Madrid. Integró las antologías: 25 ciudades. Las mejores lecturas de verano de La Voz del Interior (Universidad Católica de Córdoba – 2007) y Es lo que Hay. Narrativa Jovén en Córdoba. (Babel Ediciones – Córdoba – 2009), entre otras. Publicó La Felicidad es un Gordini (Textos de Cartón - poesía - Córdoba 2009) y La Muerta (La Propia - cuentos - Montevideo 2009) Sus textos fueron traducidos al inglés, portugués y servio.
Fuente: falsaria.com - Foto: dariofalconi.blogspot.com

BEATRIZ ARIAS: POEMAS


Esta hoja de marfil y su bastón de arena
que sabe del vuelo legendario de puentes y
de remolinos, de los altos adioses que cometen
las plateadas golondrinas.

Por la ciudad que cruza el juego de sus lunas
de fiesta, saciada de esquinas y de puertas,
y el naipe del dolor persigue y se
despierta del sueño de sus torres.

El hombre que se hunde en el ojo de su espejo,
el hombre que se enfrenta con el cielo,
navega en la palabra sus hábitos de cuento
y de infinito.

y la pared que se levanta siempre
para recordarnos
nuestra lucha diaria con la muerte.



Aun es otoño,
por algunos días mas será otoño,
algunas canciones son inmensamente blancas,
no me hagas recordar las hojas que me hundieron
su óxido en el pecho.
Prefiero los restos milagrosos del sol
trepándome los brazos con pinceladas de oro.
El pequeño tiempo se estrella fugaz contra mis venas,
la ciudad está armada diariamente por sus preguntas verdes,
la noche va mordiendo los puentes y las fábricas
los hombres van armando su antiguo itinerario
con el amor cansado sobre el puerto de un ala,
por la vejez del barrio con su perfil de sueños,
de azules barriletes que les riegan los ojos



Esta pesada empresa de comenzar el día,
desde el dolor anónimo de los hombres que pasan
como si no pasaran, de los hombres que mueren
como
si no murieran. Esta guerra que al fin es tremenda
pero cotidiana, si a fuerza de insomnio y de locura
no cambiamos, no cambiamos. Nos hace
bien presentir esperanzas, pero ha llovido mucho
y llueve, y la lluvia es antigua y nos
pregunta: ¿qué estamos haciendo con la vida?
nos hace bien, sin embargo, que siga
preguntando.



Paradoja, contraste, coincidencia, repetición, absurda
y permanente de todo lo que ocurre mas acá de las
manos, mas allá de los ojos. La certeza y la
duda, la paz y la barbarie, los siglos que volaron
y los que nos esperan, la vida que se enlaza en la
tinta y nos retiene, la muerte que nos deja
de pie frente al océano. Los rostros que se
sueñan en todos los espejos, lo que esta siempre,
lo que no estuvo nunca, las voces que recuerdan
y las voces que olvidan,
la mirada que cae con su traje de lluvia,
las estrellas que juegan
su ajedrez milenario y que nos eterniza.



Ser fecha y clave y laberinto,
todo se desliza por sus ojos mágicos,
los nombres son efímeros,
los niños demasiado trasparentes
y el tiempo se repite
como una sucesión de nidos de agua.
Aquella infancia tuya y mía,
el ancho espacio para la última lágrima
y sorprende el verano
como un viejo testigo de las cosas,
sobre ese punto de lluvia y de campana,
de fruto y de desierto,
somos un episodio,
cierta historia,
un escalón de espejos,
donde nos inventamos.



Y uno siempre va tratando de sumarle caricias a la
herida, pero el cuento regresa a veces con su prosa
de hielo. Y entonces despertamos cuando no
debemos despertarnos.
Y la palabra que nos aturde es Dios, el signo
que nos pesa sobre la pupila huérfana es
infinitamente todo el cielo.
Pero luego ciertos lugares, ciertas voces nos
informan que se siguen trazando algunos puentes
como lazos de plata.
Algunas puertas como gargantas azules
liberan estrellas que se hunden
en el pecho. Miradas como alas de vidrio,
nos justifican las calles otoñales, regadas de
ventanas con madres que no saben morirse,
de cuadernos con sus mayos abiertos
al reloj recién amanecido de los hijos.



Beatriz Arias
Beatriz Arias nació en el porteño barrio de Almagro.
Docente de idioma Francés y de Lengua y Literatura. Cursó estudios en la Alliance Francaise de Buenos Aires y en el Instituto Nacional de Enseñanza Superior N°1, “Dra. Alicia Moreau de Justo”.Fue integrante fundadora de “El Circulo de los Poetas” entre los años 1970 a 1974, fundadora del taller literario “Almafuerte” de 1974 a1979, participó de seminarios de poesía dirigidos por la poeta Elizabeth Azcona Cranwell en 1981 y 1982, coordinadora de seminarios de análisis de poética contemporánea entre los años 1982 a 1987. Actualmente dirige el ciclo literario “El Circulo” y un programa de radio en FM llamado “El Circulo”. Además, participa en varios encuentros literarios.
Síntesis de premios: Segundo premio en el Concurso Nacional de Poesía Intercolegial organizado por el colegio Champagnat de Buenos Aires, en el año 1970. Segundo premio en el Concurso Nacional de Poesía organizado por “El Circulo de los Poetas” en el año 1972. Finalista del concurso de poesía organizado por la revista literaria Bibliograma, coordinada por el poeta Aristóbulo Echegaray, en el año 1977. Finalista de los Concursos de poesía organizado por la revista AMARÚ, coordinado por el escritor Juan C. Giménez en los años 1980 y 1981. Mención especial en el Certamen Interregional de Poesía y Cuento, coordinado por la Editorial Alfa siendo jurado E. Azcona Cranwell, Oscar Hermes Villordo y Adolfina Mondin, en el año 1986. Premios en concursos de Poesía y Cuento urbano, editorial Baobab (1995, 1996, 2000, 2001). Finalista en el Vlll Premio Nacional de Poesía “Poeta Mario López”, patrocinado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Bujalance, Córdoba, España en el año 2000. 
Primer premio en el concurso Dr. Nicolás Dodero de la Fundación Argentina para la Poesíaen el año 2007, auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
Publicaciones realizadas: Ediciones compartidas: de la colección Bastión Alerta de “El Circulo de los Poetas” (1971,1972, 1973), 10 Escalones (1980) Ediciones Amaru 
Ha editado el libro de poemas “Pájaro en fuga” en 2007.
Actualmente se encuentra inédito el libro de poemas “Ajedrez”
Fuente: paginadepoesia.com - biografiadelosautores.blogspot.com - Gustavo Tisocco 
Foto: poetassigloveintiuno.blogspot.com

CARLOS BARBARITO: POEMAS

UNA LIGERA DESVIACIÓN DE LA AGUJA

Una ligera desviación de la aguja

trastorna el fiel del amor, extravía la peonza

en su giro hacia el reposo;

por eso todo es cuidado y prevención

en la casa, pero, lo sabemos,

a una hora precisa surgirá el error.

El día caerá hacia si mismo, desinflado.

La noche se beberá, de tanta sed,

el propio hueso convertido en líquido.

Serán extranjeros hasta los ciegos

y cortado en dos el fruto

no dará jugo alguno, todo carozo.

No te veré por más que te mire.

Un caballo enloquecido entrará al cuarto

y pateará espejos y muebles.

Restos y pedazos aquí y allá,

y quienes debieran recogerlos

se distraerán buscando sus propias sombras,

ajadas fotografías en álbumes ajados,

hojas secas de remotos jardines

que desaparecieron bajo el cemento.

¿Y si, antes de ello, aunque

fuese tan sólo por desesperación,

nos buscáramos más allá de anuncios

y profecías, de trompos y brújulas,

y abrazados nos dejáramos

llevar por la marea, el tornado, las ruedas?




¿CÓMO ES AHORA EL MAR?

¿Cómo es ahora el mar? ¿Y
el salto del delfín? ¿Y el niño afiebrado,
el miedo a las arañas, la carcoma,
la piel de la culebra, la mujer desnuda
frente a la mujer vestida que la contempla?
Hay un terreno vacío
donde hubo mediodía y una casa.



RESPIRA. APENAS ESO.

Respira. Apenas eso. En la veloz
evaporación del milagro, de ceniza a ceniza.
Del bromo, algo que roba poco a poco el aire.
No hay testigos; en lo que queda de mundo,
los perros se disputan pedazos de cartón,
algún hueso torcido, los restos de un disfraz de marino.
Respira. Nada más. En un aire que se agota
y la vida que se hunde
como se hunden la piedra en el agua, los imperios.



HUMMINGIRD

Forma que adopta un pensamiento,
madera de sueño, vida ingrávida;
al alcance de la mano, siempre lejos,
entre las ramas del árbol plantado
y, en el aire blanco y denso, una mancha.
Señal de que el mundo aún es próspero,
húmedo, mágico, que en la grave música
se cuela un tono menor, infancia
en cuanto se repliega y mengua:
nunca inmóvil, ágil, tras el perfume,
metáfora que cambia y permanece.
¿Quién muere ahora y quién llora?
¿Quién sabe de lo que se hunde en la tierra
o asciende al cielo sino ése?
Ése que, sin artificio, todo vértebras y plumas,
hace del eterno adiós su viento y una casa.


Carlos Barbarito
Carlos Barbarito es un poeta y crítico de artes plásticas argentino, nacido en Pergamino el 6 de febrero de 1955. Asegura no saber qué significa pertenecer al mundo de la literatura; dedica todo su tiempo a la escritura, pero no goza del mismo nivel de fama y reconocimiento público que sí disfrutan algunos de sus contemporáneos. Su especialidad son los poemas breves, y admira a quien sea capaz de escribir algo tan extenso como una novela, ya que cree que le resultaría extremadamente fatigoso y que de seguro se perdería a las pocas páginas. En una ocasión, declaró que nunca había escrito ni siquiera un relato corto; sin embargo una de sus obras, según el autor de género más o menos inclasificable, fue incluida recientemente en una antología de cuentos.

Hasta el momento, ha publicado casi veinte poemarios, entre los cuales se encuentran "Poesía quebrada", "Caballos y otros poemas", "El peso de los días" y "Figuras de ojo y sombras". Algunos de ellos, así como un par de antologías, han sido lanzadas en formato digital. Son asimismo de su autoría los libros "Acerca de las vanguardias" y "Diálogos con Carlos Barbarito", que tratan sobre su visión acerca de las artes plásticas.
Fuente: cosasdemimbre.blogspot.com - poemas-del-alma.com - Foto: escritores.org

MÚSICA: LUCAS SANTTANA


"Cira, Regina y Nana"
de: Lucas Santtana
CLIPE: CIRA, REGINA E NANA - LUCAS SANTTANA direção: emílio domingos e gregório mariz Encontre-nos no facebook: https://www.facebook.com/pages/Osmose... assistente de direção: julia kurc atrizes: isabel pinheiro, luisa baratz e priscila magalhães fotografia: daniel neves / felipe rodrigues edição: gregório mariz figurino: rebecca ramos produção: osmose filmes e maria gorda filmes álbum: sem nostalgia autor: lucas santtana gravadora: diginois / yb music duração: 4`22`` data: 27/01/2010
A Osmose é uma nova produtora, idealizada por Emílio Domingos, que pretende atuar no campo do documentário, clipes, programas de tv e demais áreas do audiovisual. contatos osmose: osmosefilmes@gmail.com http://osmosefilmes.wordpress.com/ contato lucas: http://www.diginois.com.br/ Contatos: osmosefilmes@gmail.com
Gentileza: YouTube


Antes o meu coração tocava só pra cira
Antes é que o meu cordão batia só pra cira

Ela era tão bonita que insandecia a tropa
Evocava o meu olhar que orbitava à sua volta
Mas quando apertava a tecla nunca trocava a nota
O encanto bateu botas e eu vazei daquela festa

Agora o meu coração toca pra regina
Agora é que o meu cordão bate pra regina

Ela é a moça certa carregando aquela tocha
Recitando poesia e me ensinando sobre a pérsia
Mesmo sendo tão prolixa e digna de nota
Não contava anedota e eu fugi como uma besta

Agora o meu coração toca no vazio
Agora o meu coração não queima nem pavio

Não existe data certa, conta ou alguma reza
O cupido quando acerta o acaso lhe reserva
Não é por desmerecer nem dizer que a fila anda
Mas agora vou falar do meu amor por nana

Agora eu vou falar
Eu vou falar de nana
Agora eu vou cantar
Eu vou cantar pra nana



"Mensagem de amor"
De:Herbert Vianna
Subido por Xanxo
Gentileza: YouTube

Os livros na estante
Já não tem mais
Tanta importância
Do muito que eu li
Do pouco que eu sei
Nada me resta
A não ser
A vontade de te encontrar
E o motivo eu já nem sei
Nem que seja só para estar
Ao teu lado só pra ler
No teu rosto
Uma mensagem de amor
A noite eu me deito
Então escuto
A mensagem no ar
Tambores runfando
Eu já não tenho
Nada pra te dar
A não ser
A vontade de te encontrar
E o motivo eu já nem sei
Nem que seja só para estar
Ao teu lado só pra ver
No teu rosto
Uma mensagem de amor
No céu estrelado
Eu me perco
Com os pés na terra
Vagando entre os astros
Nada me move
Nem me faz parar



Lucas Mascarenha Santtana
( Salvador , 18 de octubre, de 1970 ) 
Es un cantante ,compositor y productor Brasil Hijo del productor musical y tropicalista Roberto Anne , gracias al padre creció en las artes, asistiendo a casa de Caetano Veloso , entre otros; su padre es un primo del cantante y compositor Tom Zé . 
Sus instrumentos son la guitarra y la flauta, contrabajo y ukelele . Como instrumentista ha colaborado con Chico Science y Zombie Nation , Caetano Veloso , Gilberto Gil y Marisa Monte. Sus canciones han sido grabadas por los gustos de Sky , Marisa Monte y Arto Lindsay. Tiene canciones en las bandas sonoras de películas como Dios es brasileño , de Cacá Diegues y Surf Adventure, de Roberto Moura, y firmar la pista de larga duración de animación Morte e Vida de Severina, junto a Rica Amabis, y el monólogo La Obispo, puesta en escena por el actor João Miguel. Al lado del director Bruno Barreto y Gal Costa, Santtana firmó la dirección musical del proyecto que pisa, que unió música y el cine en el SESC. También dirigió el programa Re: mezclar Tom Zé, con sus versiones de la música del compositor. 
Su cuarto álbum, Sin Nostalgia, fue lanzado por el sello Otro de discos en Europa en 2011. Él tocó en el Teatro Barbican de Londres, y participó en el programa de radio de todo el mundo, DJ Gilles Peterson nu jazz, transmitido a más de 20 países, con cerca de medio millón de oyentes cada semana. 
En 2012, Lucas Santtana lanzó su quinto álbum, Dios asola sino que también cura. 
Sobre Noches y Días es el sexto trabajo del artista y fue lanzado en 2014. En noviembre de Lucas Santtana embarcado en su cuarta gira por Europa para promocionar su nuevo trabajo.
En 2015, participó en la canción "Trono de Estudio", compuesta por Dani Black en apoyo de los estudiantes que se articulan contra el proyecto de reorganización de la escuela del gobierno del estado de Sao Paulo. La banda contó con la participación de otros 17 artistas brasileños.
Fuente: letras.com - YouTube - wikipedia - Foto: allmusic.com


viernes, 13 de octubre de 2017

DANIEL TOMÁS QUINTANA: MAPAMUNDI


Entonces el mundo,/ era pequeño e infinito. / Es cierto, / en aquellos días, / consta en mi memoria, / el mundo entero / cabía en pocas cuadras.

El epicentro del planeta / era el espacio / que extendía su dominio / entre el mítico almacén / de los Moreno, / donde doña María / con sus regordetas / manos coloradas/ construía increíbles paquetes / con orejas, / hasta el preciso lugar / en que el insigne Bar el Tope, / con su enorme pecho / acribillado por el tiempo / le cortaba el paso / a la calle Belgrano, / allá al 600…/

En esa región / sucedía la vida.

Hoy, cierro los ojos y veo / aquella vereda del frente / la que recostaba su espalda / en las muertes diarias / del sol.

En la esquina: / una casa / con paredes de ladrillos / injuriados por los años, / techos de chapa petisos, / inmenso patio de tierra, / un alambrado esmirriado / y un aguaribay musculoso, / donde gastaban sus horas / el Zorro Duarte y sus hijos, / y la familia que comandaba / aquel Machito García, / criador de burros / y juntador de leña, / impenitente volador / eternamente fracasado.

Después, solitaria como su dueño, / se erguía la antigua pieza / donde, don Santiago, / el ciego, / convocaba los duendes / del asombro / y paría historias entrañables. / Al fondo, la carpa verde / de un viejo tala espinoso, / un galpón, / un gallinero, / un bosque de duraznillos / y un denso cañaveral / donde, andaba suelto el diablo.

Más allá, / la casa de los tíos, / natural prolongación / de mi patria inmediata. / Mi tío Floro, recuerdo, / me legó la ciencia y el arte / de la paciencia / y la risa.

A su lado, / buscando el norte, / la casa del Hugo Chávez, / aquel militar del barrio, / donde un ocaso perdido / de un bochornoso verano / me asombré, por vez primera / ante un árbol navideño / con estrellas de colores / que encendían y apagaban, / acompañado por un perfume / de arroz con leche y canela.

Luego, siempre en la misma vereda, / Margarita y Magdalena / las mellizas de ese mundo, / pollera azul, blusa blanca /cantaban siempre la historia / de aquella blanca paloma / que con el pico / cortaba la rama.

Siguiendo siempre hacia el norte / un dulce árbol de moras / y aquella casa precaria / en cuyo patio de tierra, / en un viejo fuentón de chapa, / doña Orfilia, libraba / sus cotidianas batallas, / en legítima defensa / del cielo azul de sus hijos; / a Camamelo, uno de ellos / todavía me parece verlo: / pantalones remendados, / alpargatas bigotudas, / inmensa sonrisa buena / bajo la nariz transpirada.

A su lado / la casa de aquella Niña / que con disimulada ternura / oficiaba la cruel liturgia / de ser la soltera del barrio. / Y al final, un ancho baldío / preñado de churquis bajos, / palan-palan / y lagartos.

La calle Salta, / como una herida profunda / de piedras, huecos y arena, / le cortaba el paso a la cuadra / y haciendo tope / aquel bar ya mentado, / nada más y nada menos / que un boliche de mala muerte / donde el Ñato / que era su dueño / asesinaba su pena / a golpes de vino y ginebra / repitiendo el letanía / el nombre de su mujer / que había muerto / hace poco.

Ahora… / cierro los ojos y veo, / aquella otra vereda, / la del Este que, / es menester declararlo, / se iniciaba en Vélez Sarfield, / en la esquina precisa / en que con luz tenue latía el almacén de Moreno, / exótica coalición / de yerba, vino y aceite, / de faroles y canastos / con fideos y galletas.

A su costado, hacia el Norte, / se levantaba mi casa, / sólido puerto seguro, / donde anclaba mis navíos / después de cada tormenta.

Enseguida una verja brillante / de tupido siempreverde, / un pilar de ladrillos blanqueados, / un simulacro de puerta: / dos piezas, / un norno al fondo / doña Felisa haciendo pan y tortillas, / lavando ropa y planchando, / mientras su hijo Paul, / arrancaba gemidos largos / a una guitarra casera.

Inmediantamente, el campito / confluencia milagrosa / de limpio y sereno bladío, / aeropuerto de barriletes, / potrero de desafíos, / escenario de fogatas / y de guerras despiadadas / con cerbatanas de caña / y bulicas de un árbol oscuro / que daba sombra en el parque. / A su lado habitaban / un matrimonio y un chico / que andaba siempre llorando / y llamando a su abuelita.

Más adelante, un baldío, / una vivienda inconclusa, / y en la esquina de la Salta, / una venta de carbón / que atendía el Quirca, mi amigo, / mi compañero / y cómplice de aprendizaje.

Pero el territorio del mundo / se iba ensanchando en paisajes, / se dilataba en suburbios; / por ejemplo, / bajando la Vélez Sarsfield / un cauce de río seco / / y en su ribera de pasto / la cancha de los Rodríguez / y en la esquina del frente / el almacén de don Atilio.

Desde ese punto, / mirando al poniente y arriba, / los árboles corpulentos / de la casa del pintor, / el dibujo del pararrayos / enhiesto en el sanatorio, / el chalet de los Moreyra, la silueta imprescindible / de aquel Loco de los Patos / caminando en los jardines, / el terraplén y las vías / y a veces, el tropel metálico / de un viejo tren agitado / alborotando la tarde.

Buscando por otro rumbo, / hacia el sur, / por la Belgrano al 500, / el panadero Carlufa, / don Racedo y su misterio, / doña Pepa, la enfermera, / y en la esquina de la Paz / aquellas barrancas de río / que construían las lluvias.

Subiendo por Vélez Sarsfield, / el bullicio del Punto y Chanta, / los titánicos bochazos, / el sapo esquivando fichas / y en mi mano una Bidú./ Luego, el amanecer de la Silvia, / el parque infantil, los juegos, / y en la esquina, / una fragancia crocante / de pan caliente y facturas. / A la vuelta, la carnicería que, / con gesto adusto, / atendían don Bartolo / y el gordo Rocho.

Y por la España, hacia el Sur, / la despensa de la turca / donde cada fin de mes / mi madre pagaba la cuenta / y yo esperaba la yapa. / Todavía más allá, / en las fronteras del mundo, / la casa donde vivían / la abuela Aurora y los tíos, / el gomero Ramón Ángel, / aquel almacén esquinero / de don Rodolfo Lovrich, / el cadáver petrificado / de la vieja bomba de agua, / los misterios de la zanja, / el óxido de las vías viejas / y aquel Recreo Victoria / derrotado por la furia, / donde un día de septiembre / arrancaron con un Ford / una estatua de la Eva.

Mucho más lejos aún / existían otros mundos, / que alguna vez visitaba / de la mano de mi madre: / la plaza, / el solemne correo / donde trabajaba mi padre, / el mágico cine umbrío, / la iglesia donde rezaba, / la pujante estación de trenes, vocinglera y tumultuosa, / la heladería El Danubio, / el sabor del chocolate / y aquellas lunas redondas / de los pechos de su dueña / que deslumbraban mis ojos.*


*(“Ejercicios de la memoria” – 2006)


Daniel Tomás Quintana


Daniel Tomás Quintana nació en Deán Funes, en el norte cordobés, el 10 de agosto de 1954. Empleado judicial. Periodista gráfico. Poeta. Escribidor. Realizó también programas periodísticos radiales y televisivos en su ciudad natal. Co-fundador del periódico estudiantil “El Vigía”, periódico “Viento Norte” y Revista “La Posta”. Dirigió Ediciones La Posta de Ischilín, sello dedicado a la difusión de autores del norte de la provincia. Fundador y coordinador del Café Literario “La Mazamorra”. Organizador y coordinador del 1º Encuentro de Empalabrados, realizado en su ciudad entre los días 29 de abril y 1º de mayo de 2017. Colaborador de la revista cultural Desterradxs. Ha ocupado cargos en instituciones, deportivas, sociales y culturales, además de haber incursionado en la actividad social, gremial y política. Publicaciones “Elogio de la Patria” (Poemas) – 1996 “Versos cotidianos” (Poemas) – 1998 “Ejercicios de la memoria” (Poemas – Cuentos) – 2006 “Ando con ganas de volverme viento” (Poemas) – 2015 / 2016 “Ejercicios de la memoria” (Poemas – Cuentos – Relatos) - 2017
Fuente: www.facebook.com/danieltomasq - Foto: Archivos del blog