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viernes, 13 de marzo de 2015

MARÍA JOSÉ MORENO: BERTA Y EL FONTANERO


Disfrutaba en los brazos de un morenazo que se había presentado de improviso en mi puerta con flores y cava, cuando el maldito timbrazo me arrebató de sus labios y de su cuerpo.
Desperté con la lengua pastosa y el corazón palpitante. «Alguien tiene pegado el dedo al timbre de la puerta», me dije.
Cerré los ojos de nuevo y me dejé llevar, como si flotara en una algodonosa nube hasta los brazos de mi chico para comenzar el sueño desde el principio.
Unos ensordecedores golpes aporreando la puerta me devolvieron, definitivamente, a la anodina realidad. Me ajusté la bata y abrí.
—¡Coño, Berta! Llevo una hora tocando el timbre.
El que tan amablemente me gritaba era Cándido, mi vecino de abajo. Su cabeza pelona brillaba a la luz de la bombilla del recibidor. Vestía, como siempre, un chándal; el único atuendo donde entraba con facilidad su cuerpo obeso.
—Perdona, no te oí. Me quedé dormida en el sofá —murmuré.
—Vamos al baño —dijo entrando y echándome a un lado—. Tengo una mancha de humedad enorme en el techo del mío.
—¿Humedad?
Confundida ante esa palabra que me devolvía a los brazos de mi perdido adonis, le seguí mientras seguía cacareando.
—¿Cómo no te has dado cuenta? Debe ser algo de tus tuberías. Tienes que llamar a un fontanero.
—¿Un sábado por la tarde? Imposible. Seguro que es una manchita de nada que puede esperar al lunes.
—¡Joder, Berta! Era una manchita ayer, cuando subí y no estabas. Era un poco más grande esta mañana, cuando otra vez subí y tampoco abriste…
—Es que he comido fuera —dije justificándome.
—Y ahora ocupa todo el techo. ¡Te enteras! —me gritó—. Y teniendo en cuenta que es de escayola, en cualquier momento puede venirse abajo.
Lo visualicé. Por un instante me lo imaginé sentado en el wáter con el pantalón en los pies y el techo encima de su cabeza.
—¡Qué exagerado! —dije disimulando la sonrisa bobalicona que me produjo aquella visión.
—¿Exagerado? Si tú la tuvieras, no opinarías lo mismo. De manera que ya puedes llamar a un fontanero.
—«¡Vaya mierda de fin de semana! Ni me comí una rosca y encima ¿dónde busco a un artista de esos a estas horas?». Pensé.
—No te preocupes que yo tengo una lista con teléfonos de urgencia —me dijo tranquilizándome.
Me sentía como si fuera la protagonista de una película de Almodóvar. La bata de lana, las zapatillas de paño a cuadros, el vecino en chándal…, sólo me faltaba los rulos en la cabeza y la Penélope dando voces a mi lado.
Respiré hondo y salí del baño.
—Vamos a por ese teléfono —dije resignada.
Dos horas después un joven, de pelo largo y pendiente en la oreja izquierda, llamaba a mi puerta. Daban las diez de la noche.
—Gracias por venir.
—De gracias nada. Esto le va a costar un pastón.
—No me asuste —dije bromeando mientras el estómago se me encogía.
—A nadie se le ocurre llamar a un fontanero un sábado por la noche.
—Mi vecino de abajo insistió. Tiene una mancha muy grande en el techo del baño.
—¡Uf! Mal asunto.
—Desde luego, no se puede decir que usted sea la alegría de la huerta —comenté.
—Bajo a ver la mancha y subo —respondió seco.
Cerré y respiré. Menuda papeleta para concluir el día. No sabía si reír o llorar. Ni siquiera me había sentado cuando escuché que llamaba a la puerta.
—Señora, está muy claro. Hay algo roto que da agua a su vecino.
—¡Vaya! Ni lo sospechaba —dije con ironía.
—No hay que ser muy listo para darse cuenta —rió—. Voy a ver si descubro dónde está la fuga.
En el baño, repasó los grifos, las tomas de agua y los desagües.
—Por el sitio, debe de ser la bañera la que da problemas. Le voy a sellar con silicona el borde por si fuera eso y el lunes si no se ha solucionado descubriremos por casa de su vecino a ver si damos con la avería.
Cinco minutos después.
—Me deja que me siente, le voy a echar la cuenta.
—Por supuesto, pase al salón.
—¡Ea! Ya está. Aquí tiene todo desglosado —dijo alargándome un recibo—. En total son doscientos euros. Cincuenta del desplazamiento de urgencia, cincuenta de los materiales y cien de una hora de trabajo. Lo normal son veinte euros pero como es…
—Sábado por la noche —le interrumpí.
—Exacto, señora.
—Vamos a ver —dije muy enfadada—. ¿Una hora? Si ha llegado hace veinte minutos, por reloj.
—Tarifamos por horas, debía de saberlo. Ya le avisé de que le iba a costar un dineral. Si no le importa, págueme que tengo prisa. Voy a recoger a mi novia para ir al cine.
Aquel imberbe me estaba vacilando. Me iba a desplumar y además su insolencia me ponía de los nervios.
Miré el reloj, quedaban treinta minutos para completar la hora. Me levanté, fui hasta el revistero. Cogí las últimas revistas que había comprado y se las puse delante. Encendí la televisión y le pregunté que cuál prefería. Ante su asombro, le explique que faltaba media hora para completar la hora que tenía que abonarle, de manera que podía hacer lo que prefiriera leer o ver la televisión… Su cara enrojeció, frunció el entrecejo y frotó sus manos con impaciencia. Al poco, se relajó y esbozó una sonrisa que terminó en una carcajada, que no secundé dada mi indignación.
—Ponga el fútbol señora —ordenó—, que voy llamando a mi novia. ¡Vaya! Quién me iba a decir que iba a dar con una cachonda… ¡ja,ja,ja! ¿Me podría poner una cervecita con unas patatas?













© María Jose Moreno.
http://anaquelliterario.blogspot.com/2014/12/antologia-microfono-abierto-2014.html
Escritora: Autora de los libros "La caricia de Tánatos" "Bajo los tilos" "Vida y milagros de un ex"
María José Moreno nació en Córdoba (España) en 1958, donde reside. Escritora, psiquiatra y profesora titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Córdoba, se inicia en el ámbito de las publicaciones con artículos científicos y libros en el campo de la psiquiatría. En el año 2008 irrumpe en la literatura de ficción, con un relato titulado "Cosas de Catedráticos", que fue galardonado con el Cuarto Accésit en el II Certamen Internacional de Relato Breve de la Universidad de Córdoba. Al año siguiente, inaugura Lugar de Encuentro, su propio blog literario; con más de doscientas mil visitas, es el referente para la publicación de sus relatos cortos.

Fuente: Amazon.

1 comentario:

  1. Gracias por dar a conocer mi relato con el que participé en la antología de Anaquel Literaria. Un saludo desde Córdoba (España)

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