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viernes, 12 de septiembre de 2014

IBARRECHEA: CÚTER, CUENTO NUEVE

Del libro "Cúter"
                                                                               IX
 -Aquí estamos todos nuevamente amigos escuchadores de ¡Tal como es! y sabedores de la lucha que tiene nuestro pueblo, tanto de la norteña capital, como nosotros, los que vivimos en el sur, pero no por eso exentos de la problemática que afecta a nuestro querido país, por levantar de las terribles quiebras financieras que sufre este olvidado rincón del planeta, carente hasta de bendiciones, castigado por Dios por culpa de nuestros gobiernos populistas o conservadores o nacionalistas, que nunca encontraron el rumbo económico y es por eso que algunas empresas se van, las fábricas cierran, los periódicos anuncian muertes extrañas y las suyas propias... Mi nombre es Juan Carlos Avendaño, luchador con mi voz a través de los micrófonos de RWT 990 la radioemisora más popular de la región y me pongo al lado de nuestro amigo y periodista del diario "Tiempo de Reformas," don Facundo Arenas que viene a esta queridísima ciudad de San Vicente, a buscar nuestro apoyo, nuestro sincero aporte de datos para llegar a esclarecer lo ocurrido hace veinte años atrás, los teléfonos de la radio los esperan amigos escuchadores, ponga música señor operador, mientras esperamos las noticias más relevantes del día y los datos del tiempo, en este, su programa favorito.
                                                                          
- Hola señor Juan Carlos, el cura que ponía las manos en nuestras cabezas y nos quitaba de todo mal y nos enseñaba el camino de Cristo se llamaba Victorino y estaba en una Iglesia de Campo Bonito.

- Hola señor Juan Carlos dígale a ese periodista que nosotros somos un pueblo tranquilo, lejos de las amenazas constantes de los guerrilleros Peremerimbinos y dígale que no venga aquí a despertar fantasmas.


-Hola señor Juan Carlos, yo recuerdo que la policía subió a buscarlo a ése tal Cúter a los cuartos de lo que era el hotel "Buen Descanso" de la doña Margarita viuda de Ortigoza, no se si usted estaba aquí y lo recuerda, pero a ella, a la Ofelia la sacaron desnuda de donde el tipo se alojaba y la descarada gritaba por la ventana que si ella estaba embarazada a su hijo le llamaría Cipriano. Había mucha gente en la plaza.


- Yo no estaba la noche de los fuegos artificiales, señor Juan Carlos, yo no estuve para cuando los asesinatos, ni siquiera para cuando los niños del arco iris llegaban a nuestra Iglesia a tomar la Primera Comunión. pero llegué atrás del circo triste y de ese payaso que decía ser juez y que vino a tomar testimonios, a tomar vino, a tomar cachaça, a tomar mujeres prestadas 
porque esa es la justicia que todavía tenemos en este país. Un circo como el del Pequeño Didú, animales vestidos de seda.

- Hágale callar la boca a todos señor Juan Carlos. Hablemos de la gloria que era vivir en Peremerimbé. Nadie era rico. Nadie era pobre. El comandante Penerguido estuvo cien años al mando y nada nos faltaba.


- Cuenten que teníamos un cura viejo, muy viejito que se llamaba Arnulfo Sepúlveda, que el pobre se murió en su lucha contra Satanás cuando vino el circo del pequeño Didú, pero el señor en su Gracia Divina, mandó a los árabes a vengarlo. Dicen que lo encontraron disfrazado de mono y que lo ataron a un globo y que el globo tomó la altura de las sogas, dicen que soltaron las sogas hasta que el globo se llevó a ese enano inmundo mas allá de la atmósfera y que allá arriba explotó. Dicen que nunca mas nadie vio una miserable hilacha del enano hijo del diablo, Señor Juan carlos. 


- Hola señor juan Carlos, conozco a la señora Ofelia, ella ahora está enferma, muy enferma y me gustaría que los oyentes de la emisora la respeten, por favor, gracias.


- Hola Juan Carlos ¡Que voz de macho tienes, hombre! Mírale mocito, no se si te sirve para algo pero hace veinte años atrás, yo pasaba con mi camión por la ruta y vi varias cosas extrañas, un tipo caminando de madrugada vestido de traje claro y sombrero y llevando un maletín, para mi que salía del rancho del borracho Gervasio Moyano y después vi a los hermanos Sepúlveda asistiendo a un tipo apuñalado. Tu sabes me guardé todo porque en aquel momento yo estaba casado y llevaba una puta en mi camión, bueno hermano, cosas de la vida, tu sabes, a los hombres nos gustan las putas. ¡Métele música payo!


-Hola Juan Carlos, la historia de todo lo que pasó esa noche triste la tiene un señor llamado Esteban Cañizares y lo ayudó en los dibujos el paraguayo Artoaga, gracias.


- Yo recuerdo cuando vino el juez a tomar declaraciones, el tipo sacaba el sombrero y saludaba a todos como si fuese un actor de películas, Juan Carlos.


- Señor Juan Carlos le estamos haciendo el programa, al menos ponga música.


- Señor Juan Carlos yo no quiero salir al aire ¿Puede pasarme por privada con el señor Facundo Arenas?


- No se olviden de la borrachera que teníamos todos en aquellas fiestas, señor Juan Carlos, eran nuestras fiestas patronales, eran las fiestas de nuestro pueblo, hasta la policía estaba borracha, y recuerdo que esa noche hasta los músicos se olvidaron del Bolo Valladares, dormido en un banco de la plaza.



- En el programa de ayer señor Juan Carlos, ustedes me hicieron pensar en las familias compañeras que se tuvieron que ir de Peremerimbé, y no en aquellos que se fueron porque nunca se sintieron Peremerimbinos. No señor, en los auténticos Peremerimbinos que fueron reemplazados por los edificios y las construcciones que reemplazaron su infancia, sus manuales escolares, su ética y su fusil.

- De qué habla ese señor, Juan Carlos, los Peremerimbinos eran unos vagos de poca monta.

- Ellos eran así, señor Juan carlos,  porque acá no tenían "laburo," porque se desesperaban viendo que no le podían dar a sus hijos y nietos las cosas mínimas, o porque les perseguían. 

- Yo fui soldado de Cipriano Tavares, recuerdo su nombre, pero no su cara.

-Bien señor Juan Carlos, ahora la gente anda, desparramado por los países vecinos y los lugares de este rincón donde nadie conocía nada, los días más tristes de nuestro pueblo. ¿Me quiere decir para qué?

- Hola Juan Carlos, yo tenía un abuelo que caminaba lento y triste por las calles de mi pueblo, había nacido en Itapara, y él decía que era lancero Itaparense y que supo conocer al comandante Penerguido en los años de guerra, en que se juntaban a programar las defensas de frontera. Él me contaba que las tropas eran los fusileros Mapuyenses, los macheteros de Oriente, los artilleros de Lemos y otros más que no recordaba y que todos eran saludados uno por uno por un hombre grande de casi dos metros de altura de cerca de ciento cincuenta kilos y que tenía la sonrisa de un niño y que a cada uno de los combatientes le decía así "Quiero volver a saludarte después de la batalla" "Quiero volver a saludarte después de la batalla." Gracias hermoso tu programa Juan Carlos.

- La mejor de todas las exposiciones ante el juez fue la del señor Gervasio Moyano, que finalmente se compró un traje con unos ahorritos, cavó su propia tumba al lado de donde estaban enterrados sus padres y se acostó a esperar la muerte. Usted a eso lo sabe señor Juan carlos.

- Este era un pueblo donde llegaban los trenes y todo era alegría,  señor Juan Carlos. Usted y su radio todavía no estaban, a usted y a su radio la instaló el gobierno conservador para entretenernos y hacernos olvidar de todo y como ahora están los milicos usted sale con todo esto. Aquí disfrutábamos hasta de la lluvia, contábamos nuestros perros y nos afligíamos cuando un vecino tenía la "jeta" de espanto que anuncia alguna desgracia. Y si la señora Ofelia se volvió puta, a eso usted no le importa.

- Dentro de todo este puterío ¿Me puede decir el estado del tiempo señor Juan carlos?

- Poné un chamamé argentino y dejen a los muertos en paz ché.

- Hola ¿me puede pasar por conexión privada con el señor Arenas?

- Yo recuerdo que mi padre decía que los perros amarillos eran más de cien.

- Antes de esa noche usted pasaba por las casas y todas tenían las puertas y ventanas abiertas y desde adentro salía un aliento de fritangas y guisos, de ropa lavada a mano y desinfectante para las cucarachas que bajaron de un tren carguero. ¡Qué lindo era mi pueblo! 

- Señor Juan Carlos, ya que su amigo vino a desenterrar muertos le aviso que la tumba de Cipriano Tavares, que el gobierno le mando a pedido de la señora Ofelia, adentro solo tenía piedras.
  
- El famoso tipo ese llamado Cipriano Tavares era un vendedor de terrenos, si ese fue un milico que se encargó de borrar a los Peremerimbinos de la "Turma sem Bandeiras" Entonces, yo soy Mario Lanza. 

- Después de esa noche vivimos las alegrías a medias, ni siquieran vuelven los circos. Juan Carlos, poné música.

-"Andá a ver quién quiere hablar con vos Facundo."
-Me dicen que ya cortó Juan Carlos.
- La puta que lo parió, esto explota.

- Los que vinieron con toda la maldad de instalar en esta ciudad la guerrilla, fueron esos Peremerimbinos que murieron degollados, anoticiado de eso, de que estaban aquí, el gobierno los mandó a liquidar. Por eso señor Juan carlos, desde esa noche las alegrías en este pueblo se fueron muriendo, todos empezamos a desconfiar el uno del otro y hasta de su radio llenas de varieté. Juan carlos.

- Vivir en esta tierra pagana, es pagar el impuesto a la tristeza, señor juan Carlos, dígale eso a su amigo el capitalino, yo el poeta Virgilio Cepeda, hijo de Peremerimbinos.

- Si el diario "Tiempo de Reformas" ya quebró, ¿a qué viene este chaval capitalino?

- Los Peremerimbinos fueron cerrando poco a poco, la herida del desarraigo, y usted ha hecho en tres días de su programa, que volvamos a caminar en las calles polvorientas de las añoranzas, nos hierve la sangre a todos y los tres hoteles ya no dan abasto de gente curiosa. Buen negocio el suyo.

- El doctor Bonaventura hizo lo que pudo, había testigos que vertían falsos testimonios en sus declaraciones, señor Juan Carlos.

-Qué programa de mierda, llevamos tres días escuchando lo mismo.

-Necesito hablar por privada con el señor Arenas, por favor.

- Se está vendiendo como pan caliente, un libro de un tal Teófilo Cabanillas de hace cincuenta años atrás editado por la "Editorial Peremerimbina" de aquella época y titulado "Aquellas manos que dijeron adiós." que salga de esa "cobacha" suya el periodista ese y que lo compre y que se vaya, Juan carlos.

- Un saludo para mi comadre María Estela que está escuchando su programa muy entretenida y que quiere escuchar a Tito Castañares y al Bolo Valladares cantando la "Rumba de tu ausencia" de parte de su compadre Dilmer Juipa Soto, dígale eso amigo.

"Las manos que dijeron adiós" era un libro que repartía en las escuelas el abogado, periodista, compositor y médico don Teófilo Cabanillas, muerto por ese tal Cúter en Naranjillos y se creía que toda su obra había sido destruída. Pero por la gentileza de un oyente, me ha llegado una copia de las que andan vendiendo en el centro de nuestra ciudad para su difusión, entonces les voy a leer amigos escuchadores, apenas un párrafo, presten atención, baja la música de fondo por favor.
"A las heridas de la ausencia forzosa, se le formará una cascarita de sangre seca que luego caerá sola, entonces el tajo triste y sereno ya no sangrará más, y el Peremerimbino mirará a sus descendientes crecer en otra tierra, con los ojos llenos de cosas ajenas, con los ojos llenos de un brillo llamado esperanza.
Como la suya, como la de sus padres, como la de sus abuelos.
Quizás en sus secretas esperanzas, a ese brillo, su familia le devuelva la felicidad."

Por aquí Facundo, siéntate ahí hijo, no, ése no, el llamado es por aquel teléfono, el gris levántalo que yo te paso el llamado. 
- Hola, ¿Está ahí, señorita?
-Si.
-Le paso el llamado por privada.
-Gracias, operador.

-Hola, soy Facundo Arenas puede hablar. 
-Hola Facundo ¿Cómo estás "pibe"? Soy yo. Soy Ángela.
- Ángela, Dios mío, qué suerte escucharte después de tanto tiempo...
-Escúchame bien, sigues siendo el mismo de hace ochos años atrás, te escondes, te vas, te encierras en lo tuyo y nadie sabe nada de vos. 
-Angela..
-Van tres días que te llamo y hoy hace diez minutos que espero y tu sabes que las llamadas son carísimas, me estoy quedando sin un peso pero quiero decirte que desde hace tres días que en esa radio están pasando testimonios que van en contra del gobierno inútil que tenemos, y que se van a meter en problemas por tu culpa.
-Ángela
-Nada, escúchame quiero decirte que hace dos días te están buscando de todos los otros medios, que tu diario ha presentado la quiebra, y que, que bueno, que te he extrañado mucho en todo este tiempo, niño tonto.
-Ángela, quién soy yo para quererte como te quiero. 

(Continuará)



                                                                               


Tiene derecho de autor
Copyright 2013
Capítulo correspondiente al libro "CÚTER"
Autor: José Antonio Ibarrechea 
http://diceelwalter.blogspot.com
"PASEN Y VEAN"
diceelwalter@gmail.com
dice.el.walter@aol.com
Walter Ricardo Quinteros

1 comentario:

  1. Éste capítulo es una copia de otro. ¿Es que ya no tiene ideas para continuar? ¡Vamos Ibarrechea!, "no se duerma en los laureles"

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