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viernes, 15 de agosto de 2014

IBARRECHEA: FOTOGRAFÍA

A ver amigos:
Miremos esta fotografía.
Pero la miremos de atrás hacia adelante, dejemos el primer plano para el final.
Como acostumbramos a recordar.
Como si estuviésemos memorizando, con un dejo de nostalgias rumorosas.


Esta fotografía, como pueden ver, es de color sepia y les pido que presten atención a los detalles que podamos observar.
La pared del fondo, por ejemplo.
Es de color crema claro y el cielorraso se ve más claro aún pues es de color blanco.
Hay un cuadro grande colgado en la pared. Ese cuadro, les cuento, tenía un marco de madera que contenía una lámina imitación con un hermoso dibujo de un florero con girasoles, creo. 
A pesar de la mala calidad, el colorido que tenía, ambientaba muy bien la pared y le daba algo así como un toque de buen gusto.
Luego se ve una puerta. Por ella se podía salir hacia las otras dependencias de la casa y más hacia la izquierda, hay una ventana sin cortinas.


Ahora venimos nosotros, las personas que estábamos allí. y que no dejamos ver los otros muebles.


Pero de nosotros hablaremos después.


Prestemos atención a la mesa.
En la mesa que rodeamos entre todos, hay un montón de cosas, como verán la misma es ovalada. Está cubierta con un grueso mantel bordado con hilos, a la usanza de aquel momento, y que yo no sé bien como describirlos.
Probablemente, si ustedes le preguntasen, ella sabría contarles mejor, pues a eso, ella le prestaba más atención que a otras cosas.
Pero miren, hay varias botellas de vino fino y de champán. Hay copas de cristal y algunos platos con resto de comida.
El menú fue variado en esa cena, recuerdo con claridad.
Comprendía desde fiambres, quesos, pizzetas, pollo, carne, helados y masas finas.
Todo abundante para una simple reunión de amigos.


Entonces a alguien se le ocurrió lo de esta fotografía.


Ahora, pensándolo bien, creo que no era el momento para tomarla, pues como verán, todos estaban absortos mirándola a ella, que se había puesto de pié para hablarnos y que al final, lanzaría aquella frase inesperada, cargada de una relevante insensatez, que nos fue llevando a un desconcierto casi inocente de la situación planteada.


No habíamos puesto música como para amenizar la velada.
Nos parecía que era mejor así y conseguimos con eso, prestarnos una mayor atención, sin incurrir en suficientes distracciones.


Ahora, como pueden ver, los que estamos alrededor de la mesa, somos siete.
Para presentarlos, voy a iniciar un recorrido anti horario, de derecha hacia la izquierda.


Este, el primero, es Gabriel.
Antes de la foto habló pormenorizadamente de la situación política del país, dando su particular punto de vista del gobierno nacional y populista, como se hacía llamar.
Cuando ella acertó a pararse para hablar, Gabriel dejó la copa de champán en la mesa, como pueden ver. La mira fijamente, como buscando en las frases que ella pronuncia, algún indicio.


Mateo es el que sigue.
Apreciamos que acaba de dejar, por la posición de las manos, una botella en la mesa.
Casi toda la cena, Mateo habló de fútbol y se mostró muy interesado en la política y en mis cuentos de "Peremerimbé", insistiéndome también en que quería saber algo más sobre "Cúter" mi personaje que obraba de asesino serial.
Igual que los demás, sale en la fotografía mirándola atentamente, como procurando en las palabras de ella, alguna señal.


Ahora vemos una silla vacía.
Allí estaba Magdalena, que se levantó a tomar la foto, lo hizo segundos antes que ella se pusiese de pié, y me siguió con la mirada, como toda la noche. 
Quizás Magdalena recordaba nuestro pasado de peleas y de reconciliaciones asombrosas.
Habló poco, se reía nerviosa y afirmaba siempre con la cabeza, las otras conversaciones.


La que sigue es Mónica.
La dueña de la casa, vemos que tiene una taza de te entre sus manos y parece mirarla de reojo a ella, en una actitud examinadora, como buscando en cada manifestación, interponer su opinión. Pero permaneció callada, sin esgrimir conceptos y con una clara candidez en su rostro, registrando aquel discurso, buscando algún signo.


A su lado está Perla.
Perla y ella fueron las más locuaces de la noche, ayudaron siempre a Mónica con la comida, cambiaron los platos, intercambiaron comentarios de sus vidas y de la actualidad, rozando temas alegres y riéndose por todo. Ahora sostengo que Perla algo sabía del asunto.
Porque si se fijan bien, aparece en la foto adoptando una posición expectante, como para precisar sus sospechas. Con los brazos cruzados.


Semi tapada por ella está Berenice.
Berenice se había alegrado al verme. No sabía que ella estaba conmigo y su presencia esa noche debió sorprenderla, quizás porque pensaba que la visita perturbadora de Magadalena y mi inscontancia en esos asuntos, marcaría algún reinicio en la relación antigua, frustrada tantas veces por nuestras idas y venidas.
Berenice había permanecido esa noche registrando cada detalle y ahora, mientras ella hablaba, aparece en la foto como exasperada, escudriñándola.


Segundos antes que Magdalena se ofreciera a tomar la fotografía, ella se puso de pié. Estaba vestida con esmero y prolijidad.


Ella es la que sigue ahora.
Y ahora hablaré de ella.

Cuando comenzó a hablar, todos hicimos silencio para escucharla.
Ensayó un gesto tierno y conmovedor que aún hoy recuerdo.
Apoyó su mano derecha en mi hombro.
Como puede verse, y con la izquierda entrelazó los dedos de mi mano derecha, que yo cruzo como bandolera sobre mi pecho.
¿Lo ven?
Y así, ella habló con claridad, aún con algunos momentos de su tartamudez nerviosa, casi sin gesticular.


Un segundo antes del disparo, yo bajo la cabeza buscando los dibujos de las baldosas.


Entonces, éste soy yo.
En primer plano.
Tengo un traje de saco cruzado y pantalón de corte italiano color tabaco, medias claras y zapatos de cuero color marrón. Mi mano izquierda está apoyada en la mesa, mi mano derecha toma una de las suyas, mis ojos están cerrados, había cruzado mis piernas, y si se fijan bien, si observan con detenimiento en mi cara, que está algo inclinada hacia abajo, notarán que hay un detalle.


Un pequeño detalle que la mismísima Magdalena toma, al apretar el disparador de la cámara.
¡Clic!


El flash impertinente muestra un punto luminoso en mi mejilla.
¿Ven?
Observen con atención.
¡Aquí, miren!
Es una lágrima.
¿Vieron?
Ese brillo genial es una lágrima. 
Una lágrima solitaria y triste.
Apenas eso.


Tema musical: "Fotografía" 
de Tom Jobim
Canta Elis Regina




















Copyright 2012 Ibarrechea

diceelwalter@gmail.com
Música gentileza YouTube

4 comentarios:

  1. ESTE BLOG SE HA VUELTO UNA PÁGINA DE RELATOS REPUBLICADOS Y DE COSAS DE FAMOSOS QUE NO SABEN QUE ACÁ SE PUBLICAN? ENTRE OTRAS COSAS INTRASCENTENTES. QUE PASA, PORQUE REPUBLICAS TANTO, ESPERABA ANSIOSO LA CONTINUACIÓN DE CUTER Y ME DOY CON QUE REPITES Y REPITES. GRACIAS. G.P.

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  2. Noté eso , pero no me atreví a exponerlo. Gracias por interpretarnos G.P.
    Porque repetir ? Se acabó la inspiración o le dió el viejazo a Ibarrechea? =) B.W.

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