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viernes, 1 de agosto de 2014

IBARRECHEA: CUENTO CINCO "CÚTER"

V
- No existía ése tal Cúter, como apodo o sobrenombre o apellido, no señor, Cúter era una marca, era un estilo –apoya el vaso con ginebra en la mesa, pasa la lengua por sus labios, tose y enciende un cigarrillo de tabaco negro el señor Ricardo Muñoz-. Nos dijeron que era nuestra responsabilidad ubicarlo y detenerlo, no matarlo. Y no había que perseguir a los cientos de Cipriano Tavares que viven desde el Imbuté hasta el Ferroso. En cuatro mil kilómetros de norte a sur, y mil doscientos de este a oeste. Habíamos encontrado cientos de hombres llamados Cipriano Tavares, petisos, gordos, indocumentados, delincuentes, vendedores de terrenos, poetas, artistas, flacos, altos, y hasta uno rubio de pelo largo, artesano trabajador del cuero y sordomudo. Detuvimos a un montón de ellos, la Policía Nacional detenía a todo aquel que se llamaba Cipriano Tavares –hace una pausa, bebe otro trago se pasa la mano por la cara el señor Muñoz-. Cuatro Cipriano Tavares en la comisaría de la Comuna Mandisolá presos porque era el cumpleaños de un ex Peremerimbino, un tal Florencio De León y con fiesta custodiada porque era cuñado del alcalde y el tipo se fue a orinar y lo encontraron muerto atravesado con un estilete en la garganta sentado en el inodoro. 

Me causa gracia la desesperación posterior de mis colegas, yo aquí tenía presos dos Cipriano más ¿y? 

- No sabía esa historia señor Muñoz. 

- Nadie sabe nada -aclara el ex agente detective Daniel Villegas- todos prefirieron callarnos y silenciarnos. El Ejército no colaboró, siempre aclaró que lo dio por desaparecido, nos entregó fotografías de él y nada más. Mire este tipo, mírelo bien –me alcanza una foto vieja se ve claramente la cara con rasgos latinos y bien formados de una persona de aproximadamente treinta años-, mire bien, es igual a cualquier otra persona, pero su fisonomía cambia si le agrega bigotes, si le agrega barba, si se cambia el peinado, si usa sombrero. Es así de maravilloso esto de ser un tipo común y corriente mezclado entre personas comunes y corrientes. Somos todos iguales. Todos hijos del mismo cacique, con distintas huellas digitales. 
- Para usted el muerto de Altos Moncadas ¿Era Cúter? 
- No. Era una trampa más de ese hijo de puta. -dice Muñoz- 
- ¿Quién era entonces? 
- En un pueblo del alto, llamado Mapuyo, se había reportado la desaparición de un jornalero, para mí era él. -dice Villegas- 
- Porqué entonces no… 
- No nada, todo fue muy veloz, cuando nos enteramos de este Mapuyense ya habían pasado ocho meses del juicio y ya estaban muertos los Barragán y los otros dos en la cárcel –bebe otro trago acerca su cara picada de viruela a mi grabador, lo examina y mirándome a los ojos fijamente, me dice-. Siguieron matando a todos los Peremerimbinos de Naranjillos durante estos veinte años posteriores, a lo de Altos Moncadas y a los de Sâo Vicente. A todos de la misma forma, del mismo jeito, descorazonadamente, sin una mínima pizca de piedad. Cúter es una marca. Un estilo de vida. Una corporación. Un ente. 
- A mi me perdonó la vida, la misma noche que mató a Jaime Zurita Copertuno -dice Muñoz-. 
- Ése tal Cipriano Tavares, el famosos vendedor de tierras que alguna vez fueron de los Peremerimbinos, jamás pudo haber sido el asesino de los sobrevivientes de la masacre de Naranjillos, ni tampoco me parece que haya sido el hombre asesinado en Altos Moncadas –agrega Ricardo Muñoz-. 
- Tuvimos tiempo de hablar con Tobías Barragán, uno de los asesinos de ese tal Tavares y él nos contó que quienes le habían contratado le habían dicho por un llamado telefónico que debía esperarlo frente a la casa de la señora Beatriz Pereda, y que el tipo en cuestión andaba vestido así y asá y que debía hacer justicia pues ese era el tipo que había matado a su madre la Cachita Barragán Puebla mientras oficiaba sus servicios de dama solidaria a trabajadores y engrupidos gringos de mierda que pasaban por allí haciéndose los distraídos, mientras el gobierno aplastaba casa por casa en miles de escombros para que se instale allí la petrolera. Eran unos infelices que ni saben a quién mataron y es cierto que fueron bien pagos para decir que el gobierno los mandó a matar a un monstruo que el ejército había adiestrado. Ése tal "Cúter" -agrega el señor Villegas-. 
- ¿Cree usted señor periodista, que durante cuarenta años se haya estado matando gente de la misma manera y a todos los que estuvieron en el mismo lugar así porque sí? Le contesto yo mismo. Crearon un mito. El gobierno nos usó y el ejército siguió "fabricando" tipos como lo fue Cipriano Tavares. Mire, présteme un poco de atención -despliega un expediente sobre la mesa- éste es el verdadero Cipriano Joaquín Tavares. 
"Nació en Cerro Bonito, hijo de Augusto Tavares de oficio ferroviario, maquinista del tren que descarriló en el famoso kilómetro cuarenta y ocho porque un tal Valdivia, señalero en Peremerimbé, hizo el cambio de vías con el tren encima y donde murieron veintitrés personas usted sabe, entre ellas el papá de Cipriano y es hijo de la señora María Candelaria Aristizaga, que al poco tiempo enferma, decide dejarlo en custodia en un hospicio, como se acostumbraba por aquellos lados y en aquel tiempo y finalmente en casi una extrema pobreza ella muere. La cicatriz en la pierna de Cipriano Tavares se debe a que quiso escapar del lugar y salto un muro de casi cuatro metros de altura, y allí se le encaja la pierna en la saliente de un hierro de la construcción. Sigamos, el prefecto lo manda al ejército para su educación y formación, en común acuerdo con su madrina y tutora, la señora María Esmeralda Aristizaga. Egresa a los veinte años como cabo experto en explosivos. No hay fotos de él en todo el ejército Nacional y si las hay están bajo siete llaves. 
Estuvo destinado en distintas unidades de selva y montaña siempre con un legajo con buenas calificaciones y deciden mandarlo al extranjero para su especialización, creo que va a Panamá o a la Argentina. allí no está claro. En su ausencia muere su madrina, y no su madre, como nos hicieron creer, se trata de la señora María Esmeralda, quién le deja su fortuna en campos y propiedades allá en Cerro Bonito." 
- Increíble. 
- Sigamos -dice Villegas-. Siempre de acuerdo a nuestras investigaciones por más de veinte años, el tipo vuelve y lo destinan a una oficina del comando, donde se compra su primer automóvil. 
- Usted me dice que la madre de Cipriano, muere en la pobreza y la hermana y madrina de Cipriano era una mujer rica. 
- Exacto. María Esmeralda se vuelve rica tiempo después, cuando reclama por título terrenos que ocupaban los Peremerimbinos y al ser afiliada al Partido Conservador, el presidente de entonces, Don Benavídez le restituye todo. Y eso no es nada. 
- Cuénteme. 
- Su madrina María Esmeralda muere picada por una o varias serpientes que en la zona eran desconocidas. 
- Me imagino de dónde las trajeron quienes la trajeron. 
- Me gusta su rapidez, su entendimiento joven Arenas. Pero mire esto - me señala más información-. Tavares es destinado a la famosa Compañía del Norte ya con el grado de Sargento y un alto conocimiento de inteligencia militar. 
- Tenía la orden de seleccionar veinte personas entre suboficiales y tropa para aniquilar a la Turma Sem bandeiras, sólo elige a tres y trabaja con tres, desobedece esa orden aduciendo que no quería muertos en las filas, según averiguamos. 
- De allí que nunca lo pudieron atrapar. Usted cree entonces que a ustedes les tiraban pistas falsas y que él seguía vivo. 
- Sí señor. 
- Lo hemos seguido durante veinte años, hasta que el gobierno dijo basta y pusieron esa persona, casi idéntica a él, en la puerta de la casa de la señora Beatriz Pereda. Le hicieron pegar treinta y seis tiros y crearon el mito del justiciero. 
- ¿Está vivo Cipriano Tavares? 
- Mire esta foto. 
La foto muestra un hombre latino, de rasgos comunes, vestido elegantemente. 
- Me he cruzado con decenas de esos hombres por aquí. 
- Entonces usted y nosotros, que lo hemos perseguido por tanto tiempo, que nos jubilaron sin reconocimiento alguno, lo sabemos. 
- Me contaron que seguían juntos, con Jensen y la Paniagua. 
- Nunca más los encontramos, desde la noche de las mariposas negras en que mataron a Zurita Copertuno -dice Muñoz- 
- Y eso, señor periodista fue dos años después de lo de Altos Moncadas -cierran el expediente, me saludan y salen a la vereda-. 
Afuera hay un sol tremendo. 
                                                            
     Al agua del lavatorio donde se lavó la cara y las manos la arrojó al piso de tierra, cerca de las plantas, se cubrió el cabello con el pañuelo y empezó a preparar la masa para hacer el pan. Siempre tenía la precaución de dejar un tronco grande en llamas para que al amanecer siguiente quedaran algunas brasas y más otras leñas nuevas que agregaba, tenía siempre el horno caliente y algo de agua hirviendo, la señora Eloísa, que tomó mate cocido, sentada en una vieja silla de mimbre, mirando a las gallinas que picoteaban migajas y maíz, debajo de los parrales y las moras. Sabía que debía tener el pan calentito para cuando llegue el tren, más los diez salames que le alcanzó su hermano Ernesto y los quesos cortados en porciones de cuarto de kilo que entraban en una sola canasta. Siempre hacía eso. 
   Ella era una mujer que pensaba que ya estaba vieja para eso de andar ofreciendo mercadería por el andén de la estación. Recordaba que la semana anterior le había dado un dolor punzante cerca de la cintura y que todo el domingo a la tarde estuvo acostada sola, mirando por la ventana como el viento norte sacudía a los álamos, hasta que llegó su vecina, la Juana Arce, a preguntar que, qué es lo que le pasaba porque -le decía- no la había visto en todo el día, aunque sabe que a eso de las doce se va para la estación de trenes a vender el pan, "pero amiga y vecina ñá loisa, usted siempre anda dando vueltas por el patio y como no la vi me inquieté y me dije que seguramente algo malo le pasaba, o que a lo mejor se enteró de lo que dice la gente que dicen sobre su hija." 
     Eloísa espiaba impaciente hacia adentro de su casa humilde. 
   Desde el patio miraba un largo pasillo con cuatro puertas, las dos primeras eran de los dormitorios, el de la izquierda el que ocupaba ella, sola desde su viudez porque al bruto de su marido el Remigio Mamani se le dio por hacerse soldado primero y revolucionario después, en las filas del Comandante Penerguido allá en Peremerimbé, hasta que nadie sabe cómo el bueno del comandante murió adentro de un gallinero, y que después su marido el Remigio, fue haciéndose guerrillero junto al doctor Teófilo Cabanillas y que cayó muerto en la batalla de Naranjillos matado por dos milicos locos, según le contaron y que ella recordaba que una tal Marcela da Silva, una negra linda de dientes bien blancos, y otros tipos le alcanzaron el reloj de su marido el Remigio. "Es lejos para llevarle flores." Recordaba haberles dicho en aquella ocasión, y también recordaba que se llevó el reloj a la oreja para saber si todavía tenía cuerda y que no sabía qué hacer con él. 
      Le dijeron que cuando uno muere, el reloj también deja de funcionar -mire "Ñá Loisa" murió en combate con los milicos a las nueve y cuarenta y dos-. 
La puerta de su derecha era de la pieza de su única hija, la Clementina Pura Mamani, que siempre llegaba tarde en las madrugadas porque tenía su parada en la estación de venta de combustibles y que allí probaba suerte con eso de vender su cuerpo a los camioneros o a la guardia nacional o a quién tenga dinero que siempre viene bien. Para eso la "Cleme" no usaba ropa interior y se ajustaba bien los vestidos sin mangas. 
Las otras dos puertas que se veían más allá eran dos grandes salas comedores, porque en la época en que venían los hombres grises a hacer el dique que cubrió con sus aguas a Peremerimbé, ella les daba de comer por módicos precios un plato de guiso abundante, el de la izquierda era para los obreros, el de la derecha para los capataces, allí las mesas tenían mantel de tela de algodón. y por pocas monedas más les vendía carne asada. 
    Eloísa lavó la taza enlozada, con restos de la infusión, y arrojó el agua al piso de tierra. Empezó a amasar para hacer el pan que debía vender a la llegada del tren. 
Clementina se levantó y pasó para el baño sin saludarla. 
Ella la siguió y le dijo que hacía dos semanas que no dejaba plata para los gastos de la casa, que eso de andar de puta ella lo había aceptado porque pudieron hacer arreglos en la casa y que instalaron el tanque de agua sobre el techo y que también se conectaron a la caja de los fusibles comunitarios de la electricidad de la Compañía de energía, pero que ella, su hija, debía recordar que ella, su madre, no necesitó eso de andar acostándose con otros hombres en su triste viudez, para vestirla y darle de comer y mandarla a la escuela. 
Clementina le puso pasador a la puerta del baño. 
Eloísa levantó la voz. 
    Ya ni siquiera sos una buena puta -le gritaba- porque vino la Juana Arce a decirme que dicen y dicen todos en toda la ciudad, que lo único que haces es encamarte con ése vendedor de terrenos el tal Cipriano Tavares, que no te deja ni un peso y que te pone de rodillas abajo de la mesa mientras él juega a los naipes con otros tipos. ¡Qué clase de puta eres! 
Eloísa golpea con sus puños la puerta del baño que tiene pasador. 
Y hasta dicen todos que parece que fue uno de los milicos que mató a tu padre en Naranjillos ¡Magrinha de mierda! Y que te ven hacer las cochinadas porque a él le gusta dormir con la ventana abierta, y que ya te dijeron que nunca más nadie te va a dar un peso por tus favores cuando él se vaya y que ya hay otras mujeres que ocuparon tu lugar -está agitada ñá loisa, toma aire y sigue gritando con fuerzas-. ¡Con la falta de putas que hay en estos tiempos de gobiernos conservadores hijos de una..! 
      Eloísa maldice porque debe poner el pan en el horno y sigue protestando. 
Yo voy y vengo con la canasta de aquí a la estación, de la estación de trenes para aquí, y la señorita Cleme, -hace un gesto cómico- "Ahí va la Cleme, hola Cleme, tás linda Cleme" puta de mierda. Ves que tu madre se está matando haciendo pan y ni siquiera en dos semanas ayudas con dinero, por estar "enamorada, dicen que la Cleme tá namorando, ñá loisa." 
Eloísa vuelve a pegarle a la puerta del baño que da hacia la galería, después de la cocina. 
¡Salí de ahí y deja de pintarrajear tu cara! Y si no te gusta, mándate a mudar de aquí. ¡Déjame sola, que yo me las arreglaré sin las habladurías de toda la gentuza de este Imbuté de mierda! 
Hay un silencio inquieto en el patio. 
Eloísa cierra la tapa del horno. 
Clementina abre la puerta del baño. 
Clementina pasa para su habitación. 
El perro de la casa se acerca y mueve la cola mirando a la mujer. 
Clementina sale con un bolso con ropas y va hasta la puerta, desde allá le grita: 
- ¡Vas a ser abuela vieja loca, vas a ser abuela! 
Eloísa se sienta abatida en la silla de mimbre, que ahora el sol ilumina furioso. 
A lo lejos se siente el silbato del tren. 
¡Ñá loisa, ñá loisa, qué son esos gritos, dígame ñá loisa! -dice la vecina, doña Juana Arce-.

    Me encontré con la señora Clementina Mamani en su casa  de Altos Moncadas, ella me decía que siempre supo algo de su madre por la vecina de ella, doña Juana Arce, me dijo además, que era verdad que ella estaba embarazada, pero que no tenía certezas que haya sido Cipriano Tavares el padre de su bebé. 
- Tu sabes cómo es esta vida pendejo. Atiendes tres o cuatro hombres por noche. Te enamoras, te desenamoras. Aquí todas éramos putas, pero su preferida era la Guadalupe que no era tan puta como nosotras porque tenía un oficio. Cocina como una diosa esa mujer y por eso siempre tenía trabajo, ahora es una abuela.
       Yo me había enamorado de él, de su prestancia, de su elegancia, sus modos. Tenía un trato muy especial, con nosotras. Y hubo un tiempo en que solo me dediqué a él. Después se fue, estuvo ausente como dos años y volvió para que lo mataran en esa forma tan cobarde, para que lo acribillaran por la espalda.
- Cuénteme de la señora Beatriz Pereda.
- Ná que ver. Ella no era como nosotras. Ella era de las que iban a la Iglesia, de las "mujeres santulonas" que andan dando vuelta por las casas de caridad. Se dijeron muchas cosas, yo siempre creí lo que decían que ella dijo. Que no lo conocía.
Mira, él fue el amor de mi vida.
No tengo más nada que decirte.

     Dos días después encontré a la señora Guadalupe aquella mujer que decían era la amante de los matadores. 
- Yo les dije que hacía cuatro noches que estaban bebiendo y de parranda. Abrazados a mujeres extrañas y de malas costumbres. Ellos se reían nerviosamente como si nada les importara, habían cobrado una buena plata por adelantado para cometer aquel crimen y estaban como locos mostrando las armas que tenían. Les dije a los cuatro que se fueran a beber a otra casa, que la mía era sagrada y que no quería ver esas porquerías que solo traían desgracias. Pero a mi no me hacían caso. Les dije que iba a buscar al policía y fue entonces que Tobías me pegó una fuerte cachetada y me tomó del cuello y me dijo que me callara y así me llevó a la cama, casi sin respirar. Entonces sus amigos se levantaron y entre todos me desnudaron y me violaron.
     No escuchaban mis súplicas. Tobías se sentó a tomar vino de la botella mientras miraba como sus amigos hacían lo que querían conmigo y yo sentí rabia. Mucha rabia ¿Sabe? – hace una pausa, los recuerdos parecen dolerle. Pero suspira y sigue –. 
Y lloraba, lloré hasta que él dijo basta y entonces se levantaron dejándome toda maltrecha, humillada, golpeada, mojada, y llorando. Se fueron entre risas – Enciende un cigarrillo –.
- Si no quiere contarme más, estará bien así, señora. 
- Yo ya había dejado de ser puta –continúa su relato mientras fuma-. Cipriano Tavares me dijo una noche que me buscara un buen hombre que me ayude con mis crianzas, porque él decía que era buena en la cama, pero que también era buena en la cocina y que sabía leer, y que se escribir y se hacer todas las otras tareas de las mujeres casadas –parece sonreir-. Con el tiempo conocí al flaco Tobías que era un Peremerimbino y que me usó, me traicionó y disparó sobre ese hombre.
- ¿Por qué cree que Tobías se acercó a usted, señora Guadalupe?
- Creo que fue porque tenían datos que, de vez en cuando Cúter me visitaba. Siempre lo esperaron a él. Nunca pensé que fuese por amor, pero al principio me ayudó con dinero, bastante dinero para que yo me instale solamente a atenderlo a él.
-¿Y después que pasó cuando se fueron?
- El maldito arrojó sobre la mesa unos pesos, acomodó la pistola en su sobaco se puso el sombrero negro y salió sin cerrar la puerta. De tanto llorar y maldecir me quedé dormida, cansada y sucia. Los niños de los vecinos entraron, me vieron desnuda, se llevaron el dinero y las botellas de vino y me robaron algunas cosas más. Cuando me desperté uno de ellos salía corriendo con ropa que luego vi que la usaba su hermana los domingos a la tarde. Por eso me fui del pueblo. Aquí todos me señalaban como la puta de Tobías, el asesino de Cipriano Tavares, decían.
-¿Para quién trabajaba Tobías y sus amigos?
-Mire señor, ellos decían que el Gobierno les pagaba muy bien para limpiar de una vez por todas a un tipo. En realidad a mi no me importaba las cosas que ellos hablaban. Los otros tres ocupaban el cuarto del fondo y me pagaban el alquiler.
-¿Alguna vez vio a Cúter armado?
- No, nunca le vi un arma, ni oí que hablase mal de otros. Nada de nada. Él era cariñoso, se había enamorado, me lo dijo una noche en que le ofrecí sexo gratis si quería, porque me hacía sentir una dama, y hasta me ayudaba en el cuidado de la higiene. Un caballero, eso era. A mi, señor, me quedaron dudas que fuese el muerto. –Apaga el cigarrillo en el cenicero de metal que tiene en la mesa y se mira las manos –. Yo me encontré con un cuerpo destrozado a balazos y sangriento, ni siquiera pude verle el rostro. El recuerdo de aquel cuerpo todo ensangrentado y con la ropa puesta, dificultaba todo. Yo fui la única mujer que vio aquello en la camilla de la autopsia, y fue por orden del juez. Y el mismo juez me dijo que firmara un documento donde certificaba que era el famoso Cúter. Si yo no lo hacía los policías tendrían sexo gratis conmigo allí mismo y firmé –golpea la mesa con rabia-. Firmé con bronca no se bien que es lo que firmé, pero después me enteré que mi declaración decía que él había estado toda la noche conmigo y que me había contado que saldría a robar por algunas casas –ríe resignada como deseando que hubiese sido cierto-. Todo era mentira. Todo fue una farsa. 
- ¿Cuénteme de Cúter, cuánto tiempo vivió en Altos Moncadas?
- No recuerdo bien, él solo iba y venía. Me contaba que hacía viajes representando a una empresa que ya no estaba más en el pueblo que compraba y vendía terrenos. Se alojaba en lugares distintos, en el hotel o en casas de mujeres que no estaban con los días sangrantes. Hasta en eso nos conocía. Pero ahora recuerdo que cuando se fue, la última vez, me dijo que era porque se había enamorado y fue ésa la vez en que me pidió que me desnudara despacito, muy despacito, apenas iluminada por una vela, lo más sensual posible, me decía que lo hiciera despacito, bien despacito, qué loco era -sonreía, con cierta nostalgia-.
Y anote que él era un ángel, era un caballero, no me llamó por mi nombre esa noche, me dijo señora y mientras yo me desnudaba, él escribía, escribía cartas creo. Y mientras me sentaba desnuda en la mesa esperando algo más de él, agarró sus cosas y las guardó en su maleta, después tuvimos un buen sexo y se fue. Me dio un beso y se fue.
- ¿Cuánto tiempo antes que lo mataran fue aquello?
- Dos años, creo –enciende otro cigarrillo- después en el juicio, me llamaron había muchos testigos y yo señalé a Tobías como el matador. A Carlos como el de la escopeta recortada, a Norberto, que tenía la ametralladora y a Luis, un cagón que dijo que solo manejaría el auto y que lloró durante todo el juicio. Me daban asco, no paré de sonreír y de mirarlos. 
- ¿Los hermanos Barragán eran Tobías y?
- Tobías y Norberto eran hermanos. Eran los hermanos Barragán, que habían llegado desde donde era Naranjillos. Todos esos no llegaban a atarle los cordones de los zapatos a Cúter.
- Me llama la atención, eso de que era el Gobierno quien les pagaba, ¿es verdad?
- Si, ellos dijeron que el Gobierno les pagó para matarlo, lo dijeron en el juicio pero creo que era para pedir protección o algun tipo de estrategia del abogado, la cuestión es que terminaron muertos en la celda. Bien hecho.
- ¿Y qué me puede contar de la señora Beatriz?
- ¿La señora Beatriz? No, yo no creo que ella fuese la dueña de aquel corazón maravilloso. Me parece un disparate. Un invento. Aunque uno nunca acaba por conocer los caminos del amor, no sabemos de dónde carajo vienen ni adónde nos llevan. Yo misma, sofocada en desgracias creí enamorarme del hijo de puta de Tobías Barragán.
- Cúter, a su entender, ¿era un tipo que la gente quería, respetaba?
- Si, es cierto, aquí en el pueblo todas amábamos a Cúter, pero creo que todos los hombres lo odiaban. Había que conocerlo, cuándo pedía auxilio, cuando pedía amor, cuando pedía su tiempo, su espacio, ¿vio? Su mirada hablaba, su silencio hablaba y de eso una verdadera mujer enamorada lo sabe y renuncia a todo para satisfacer al hombre, y ése hombre mutilado a tiros tenía otra aura, digamos –juega con la caja de fósforos, la golpetea sobre la mesa –. El cadáver que yo miré no tenía rostro y no tenía la cicatriz en su pierna izquierda. De haber visto sus partes íntimas le aseguro que podría no haber dudado, ¿no le parece jovencito?
- ¿Puede describirme a Cúter, cómo era?
- Él era de estatura mediana, bien parecido, de ojos marrones de mirada dura y una sonrisa constante, parecía de esos tipos que nunca se encuentran por ahí, cansados. Un trigueño lindo, de cabello oscuro con marcadas ondulaciones, de un andar elegante de voz suave, pero firme, era cuidadoso en los detalles, no tengo ninguna fotografía de él. No hay ninguna fotografía de él.
- ¿Qué edad le calculaba usted o cree que tenía cuando murió?
- Yo, tenía treinta y ocho años y él cuarenta y ocho, la última vez que me hizo el amor, sobre la mesa.

La señora Guadalupe Enriquez, se mostró calma al final de aquella entrevista, y agregó algo interesante, me dijo que a veces lo sueña, lo sueña tranquilo, alejado de todo, cuidando una granja llena de animales. Me dijo que siempre lo sueña así.

(Continuará)



Tiene derecho de autor
Copyright 2013
Capítulo correspondiente al libro "CÚTER"
Autor: José Antonio Ibarrechea 
http://diceelwalter.blogspot.com
"PASEN Y VEAN"
diceelwalter@gmail.com
Walter Ricardo Quinteros

1 comentario:

  1. Mil historias distintas que se desarrollan alrededor de un personaje. Es para conjeturar sobre el final. Un acierto. H.N.

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