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viernes, 23 de agosto de 2013

FRÍO, VIENTO Y OTRAS TEMPESTADES

Lunes
Papá subía al tren que lo llevaba a hacer un curso sobre material rodante a Buenos Aires, cosas de ferroviarios, de los de antes. Yo me quedaba mirando desde el resguardo del andén, como el tren humeante que llevaba a mi padre se hacía chiquitito así. Junten los dedos índice y pulgar, ¿vieron? Chiquitito así.

A los pibes de antes no se les permitía esa cosa de andar por los andenes de la estación  mariconeando,  mostrando algunas lagrimitas. Había que hacer como si el viento te hubiese salpicado los ojos con arenilla, y que el frío te llenaba de mocos la nariz.
Eso estaba mejor.
Y “volverse pa’ las casas” pateando tarritos.

Eso ocurría los domingos a la noche.
Adivinen cuáles son las horas más tristes de la semana.
Acertaron, las tardes noches de los domingos, y encima te recuerdan a cada rato que “mañana es lunes, y tienes que ir a la escuela”

Después del domingo los días de la semana tienen por costumbre llamarse lunes.

Los lunes a la mañana temprano, las señoritas maestras tenían por costumbre pedirles a los alumnos que saquen una hoja en blanco, tintero y lapicera pluma, para la temible prueba escrita.

Mamá, eh mami ¿porqué existen los malditos lunes?


Agosto
Mamá me despertaba y me decía que me cambie para ir a la escuela, aunque a eso yo ya lo sabía, pensaba que mi madre me lo recordaba para ver mi cara de fastidio. La vestimenta para salir a la cancha y  enfrentar al temible agosto de Deán Funes, consistía en camiseta, camisa, pullover,  pantalón corto, medias tres cuartos y zapatos lustrados, un buen desayuno en un tazón grande de café con leche y pan casero con miel. Después repasaba mi peinado con raya al costado y jopo. El jopo estaba de moda. Me ayudaba con el guardapolvo, después me vestía con el sobretodo y finalmente la bufanda, que me daba tres vueltas y me tapaba las orejas.
La escarcha era algo así como cientos de espejitos desparramados camino a la escuela, y el viento frío, otra vez el viento, sacudiendo mi portafolios de cuero marrón, que con gran esfuerzo sujetaba con mis manos enguantadas.

Niño que llega a la escuela: uno.
Frio de agosto: cero

Mamá me decía antes mis quejas por el viento que sopla en agosto, que todavía faltaba esperar la tormenta de Santa Rosa.
Para hacer las compras, me subía a mi bicicleta y ponía la bolsa en la parrilla. Pedaleaba hasta el almacén donde ella me decía que las cosas estaban más baratas. El viento se ensañaba con las personas que salían a hacer las compras después de dormir la siesta, o de comer, como yo, pororó mientras leía una y otra vez, las aventuras del "Quijote de la Mancha." 
El viento te esperaba en las esquinas para sacudirte un poco más fuerte. Hasta que te entraba tierra en los ojos.

 
Niño que va a hacer compras: cero
Viento de Santa Rosa: uno

Creo que no me llevaba bien con el viento que había adoptado a mi querida ciudad, para quedarse a vivir. Pero con el paso del tiempo, lo recuerdo con cariño.


Tempestades
La doctora Susana me mira y sus pestañas suben y bajan, se separan y se vuelven a juntar doce veces por minuto. Apoya los codos en la mesa, cruza los dedos y encaja su cara sobre ellos.

- Veamos, apoya una mano sobre tu pecho Ibarrechea, un poco más a la izquierda, ahí. Ahora cuéntame que sientes.

A saber:
Amores desencajados / Intentos temerarios / Amantes nihilistas / Pasiones desanimadas / 
Cariños insulsos / Promesas prescindidas / Ausencias definitivas / Instigaciones fraudulentas / Sueños truncos / Entendimiento incompleto / Manifestaciones espirituales / Olvidos veloces / 
Preceptos determinados / Conceptos estancos / Celos ardientes / Fracasos violentos / Obstáculos insuperables / Alegrías efímeras / Sensibilidad estoica / Dignidad latente / Engaños astutos / Temblores conmovedores / Dudas acertadas / Desgracias dispuestas / 
Lealtad irreverente / Errores sensoriales / Actos ilegales / Estigmas escarmentadores / 
Abandonos inmorales / Torpezas nobles / Miedos profundos / Pérdidas irreparables / Orgullo herido / Culpas desechadas / Ideas vulnerables / Atisbos pendencieros / Tristezas latentes / Simpatía extraviada / Amistades sospechadas / Traiciones cognitivas / Odio efervescente / Estímulos contradictorios / Ignorancia fingida / Alertas presentes / Caridad ingeniosa / Calmas fugaces / Separaciones traumáticas / Encuentros esperanzados / Silencios sonoros / Licencias poéticas…

Ya basta, no sigas. Sé que no hay muros que detengan tus sueños, pero tu corazón Ibarrechea, a esta edad, es como un barco demasiado frágil para soportar semejante cantidad de tempestades, por este mar que atraviesas.  
Me dice la doctora Susana, después de apoyar su mano derecha sobre mi boca para que me calle.

A ver vos, que te quedaste pensando, tócate el pecho, eso es, un poco más a la izquierda, ahí.


Ahora cuéntame que sientes, dale.











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imagen de Google dibujo: LeKibutedeveraeiken

2 comentarios:

  1. Ganas de conocerlo y hablar sobre sus relatos. Cristina.

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  2. Mis saludos y gracias, amigos por por regalarnos este entretenido texto, así como también por su comentario y visita en mi espacio. Que tengan muy felices días.

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