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viernes, 21 de junio de 2013

EL AMOR ES UNA COSA PASAJERA, HASTA QUE LLEGA...

No quería dejarte ir. 
Pero subiste al ómnibus y te asomaste por la ventanilla, decidida.  Y cuando salías de la dársena, sacaste el brazo y me saludaste. Los adioses duelen, Etelvina .

Te conocí porque vos me enseñarías matemáticas en horas de la siesta y harías que deje de ser un burro con esas cosas de álgebra que trata de establecer en darle valores a letras y otros  símbolos si mal no recuerdo y que todavía no se para qué sirven y  que al final yo puse mi mayor entusiasmo para ocultar mis miedos y mi vergüenza y esa otra cosa que de repente sentí como un cosquilleo en la panza, cuando por primera vez en mi vida estaba solo en una casa con una mujer diez años mayor que yo  y que me acariciaba la cabeza en vez de retarme por mis errores en las cuentas y todas esas cosas de la trigonomeacuerdo que estudiaba las relaciones numéricas entre lados y ángulos, y que fui entendiendo lentamente porque estaba algo confundido, especialmente cuando te miraba cruzar las piernas, o cuando te levantabas y caminabas para la cocina y el pantalón te ajustaba mucho y cuando festejamos juntos mi primera buena nota bajo tu tutela  y que vos usabas una blusa muy escotada y tu perfume inundaba todo aquel lugar de tu casa.  
Los adioses duelen Etelvina.

Y recuerdo una tarde que me dijiste que pasara y que te esperara un momento y entraste al baño a ducharte y saliste toda mojada, secándote mientras caminabas a la habitación para vestirte y que yo te miraba, sorprendido, porque me había quedado sin hablar, sin pestañear, sin respirar, sin movimientos y que de repente, no se porqué de repente, me encontré parado en la puerta mirándote y fue todo tan de repente que me dijiste que no me quedara ahí parado como un tonto y que te tocara si tenía ganas de hacerlo y entonces mis dedos debutaron y mis manos debutaron y mis labios debutaron y las cosquillas de la panza se hicieron un tropel de animales salvajes como en las películas de Tarzán, que me desnudaron y te repito que de repente, estábamos los dos acostados y recuerdo que tu me enseñabas algo que yo todavía no sabía pero que el instinto y la profesora de Biología se empeñaban en que todo el curso aprendiese y allí estábamos los dos desnudos, todo sucedió de repente.
Finalmente y mirando hacia el techo, mientras vos fumabas, me aclarabas que nunca, pero nunca debía contar esto que nos había pasado de repente. 
Y yo cumplí hasta hoy. 
Porque convengamos querida Etelvina, que de esto ya pasaron cuarenta y cinco años. Y yo no supe más nada de tu vida y creo que a vos ni te interesó de la mía.
Los adioses duelen Etelvina.

Y tu sabías de eso, porque a tu novio cuando le dijiste que querías formalizar de una vez por todas y que no querías verlo más a escondidas y que tus padres tenían dudas ciertas sobre él, te enteraste que era casado y que su mujer vino a armarte un escándalo y vos te largaste a llorar, y las familias se envolvieron en un manto de habladurías pueblerinas y todos te miraban a vos que fuiste mi maestra, y mi primer amante.

Inolvidable Etelvina desnuda, que  me besabas.

Inolvidable Etelvina desnuda, que me hablabas.
Inolvidable Etelvina desnuda que llorabas. 

El ómnibus paraba sobre la ruta treinta y ocho. Tu familia te ayudó a guardar el equipaje y  te  saludaban, te besaban, te abrazaban, parecían darte consejos, te deseaban buen viaje, y yo, yo me acercaba cada vez más, para guardar en mi corazón tu voz, el roce de tu piel, tu perfume y para decirte cosas que por zonzo nunca antes te dije.

Te asomaste por la ventanilla, sacaste tu mano para saludarme y te marchaste.
Yo corrí por detrás del colectivo hasta que este se perdió en la distancia. 
Hasta que mis pies me dolieron demasiado. 
Hasta que el cansancio me ganó. 
Hasta que anocheció.

Inolvidable Etelvina desnuda, que escribías cartas de amor.
En una pusiste que... "El amor es una cosa pasajera, hasta que llega."

José A. Ibarrechea
diceelwalter@gmail.com
Copyright 2013

2 comentarios:

  1. Muy bueno José, hay mucho en este texto que me hace recordar otras imágenes otros tiempos. Tal vez porque las circunstancias, los hechos, esa escena de asomarse en la ventanilla, también existió en mi vida.
    Gracias Walter por la publicación y como verás la palabra de "dama" vale más que la de caballero ja ja.

    Lily Chavez

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