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miércoles, 18 de enero de 2012

IBARRECHEA: MUSICA Y LUCES

Estos tiempos que corren ahora, menos los años setenta.. a ver, a ver, papel y lápiz.. da cuarenta, o sea cuarenta años.

Señoras y señores hace cuarenta, más ó menos años, que yo tenía la mala costumbre de poner música.
En aquel tiempo nos llamaban disc jóckey.

Pero en realidad, por las callecitas del Barrio San Martín, merodeábamos tres caraduras ofreciendo nuestro servicio.

Que no falte en su fiesta Música y Luces, señor.
Que no falte en su fiesta Música y Luces, señora.

Atilio, era el mayor de los tres, el "ingeniero" en luces y sonido, iba sacudiendo telarañas mientras se trepaba para armar los equipos en los salones y estampaba de un sopapo las moscas y mosquitos molestos, insufribles e infaltables, en algunos galpones.

Walter, lucía una eterna sonrisa, su cabello largo le hacía cosquillas en la cintura, era nuestro caballito de batalla a la hora de conseguir clientes. Pero también, durante la semana, me ayudaba a armar la cinta del grabador Sony. Esa que sólo usábamos cuando se me ocurría salir a bailar también.

No le pidas a Walter que te ayude, el solo tarjeteaba.

Mi tocayo y el "ingeniero" se llevaban bien.
Atilio, era más celoso con los equipos, pero nunca, nunca, nos faltó bebida, ni comida, ni chicas, gracias al pelilargo Walter, que con una sonrisa, agradecía en nombre de Música y Luces.

Hacíamos, siempre bendecidos por el Santito de la Buena Suerte, algo así.

Walterpelilargosonrisaeterna, se paraba en la puerta y daba la bienvenida a los invitados, aún, antes que los quejosos pagadores de la fiesta.

Atilioelingeniero, era el primero en poner música, ajustaba los sonidos de la bandeja doble, la velocidad de cada plato y el volúmen de los auriculares.
Hasta que yo, el De Jota, hacía mi entrada triunfal.

Cómo que qué entrada triunfal.

Sepan, señoras y señores, que entre el primer y segundo plato, recién ahí, entraba yo.
Luego de fumarme dos fasos LM y de pegar un trago de Cubana Sello Verde, alcanzados por mi tocayo en la puerta.
Entonces, entre plato y plato, Atilio bajaba las luces.
Era un maestro.
El tipo iuminaba la puerta principal por dónde debía aparecer mi figura flaca y melancólica.
Yo, entraba con las valijas porta long play y saludaba inclinándo la cabeza en cada mesa, especialmente a la cumpleañera, los nuevos esposos, ó los agasajados del momento.
Mi tocayo era el primero en aplaudir.
Luego todos aplaudían, incluso los quejosos pagadores de  la fiesta.
Atilio me recibía con la música que nos identificaba.

Cómo que cuál música.

La misma que usó Obama treinta y seis años después, para bailar al asumir la Presidencia de los EE. UU.
Tomá vos.

Entonces yo llegaba a las bandejas, Atilio encendía todas las luces y aparecían los mozos con más y más comida.

Todo estaba bien.
El colectivo cientocuarentaysiete, pasaba por la puerta.
La "estanciera" de la policía, merodeaba por la esquina.
Algunos querían colarse sobornando a sonrisaeterna.
Empezaba el baile después de los postres.
Ahí, en ése preciso momento, yo me lucía.
Los quejosos pagadores, aceptaban con un apretón de manos, mis felicitaciones por tan hermosa fiesta y por habernos permitido, con la bendición del Santito de la Buena Suerte, estar en la fiesta.
Vieron que todo estaba bien?

Hasta que la gente empezaba a irse.
La música lenta del final, permitía "chapar" hasta el ultimo compás.
Las luces se apagaban.
Nos despedíamos de todos.
Walterpelilargosonrisaeterna, entregaba tarjetas en la puerta y saludaba efusivamente.
Atilioelingeniero, empezaba a desconectar cables y guardar los elementos prolijamente.
Yo me sentaba, acomodaba mis discos en las valijas porta long play y me iba antes que ellos.

Cómo que adónde me iba.

Afuera, envuelta en su sacón de piel, ella me esperaba con una sonrisa cansada y en el auto, se sacaba las sandalias y estiraba los piés.

 Ibarrechea

1 comentario:

  1. ay, qué recuerdos de los años setenta! Se llamaban asaltos las reuniones bailables.

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